<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897</id><updated>2011-07-28T20:31:49.076+02:00</updated><category term='eliseo'/><category term='gato'/><category term='annabi'/><category term='Morán'/><category term='heiko'/><category term='tano'/><title type='text'>sainete tedesco</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>44</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-2167009236362730866</id><published>2008-03-27T12:00:00.000+01:00</published><updated>2008-03-27T12:44:34.633+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>ZWISCHENAKT</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-uH2z_68nI/AAAAAAAAAs8/ACMbB4WZC5c/s1600-h/oso+bautista.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-uH2z_68nI/AAAAAAAAAs8/ACMbB4WZC5c/s320/oso+bautista.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182385171960885874" /&gt;&lt;/a&gt;Mientras tanto Morán se muere de otra cosa. Se muere, como suele suceder, de un tijeretazo de la Parca, es decir, corte clásico: la solución final a la discontinuidad de lo sucesivo. &lt;br /&gt;Un fin menos heroico, desde el punto de vista cinematográfico, pero más acorde a su condición y a su historia. &lt;br /&gt;Si en el marco de un congreso reunido para hurgar en la existencia de nuestro héroe fuéramos convidados a exponer nuestro punto de vista acerca de su deceso, sin perder el estilo congresal que consiste básicamente en embellecer lo que se ignora y en ocultar un poco lo que los demás creen que sabemos, diríamos que Morán muere a la manera de Holofernes o de Juan El Bautista; que Morán palma peso mosca, ignorado y tristón como cualquier poeta menor de la Osa. &lt;br /&gt;Se me dirá que no hay poetas menores así como no existen grandes hombres o pequeños, que la talla media del macho ronda el metro setenta. La pregunta queda picando: ¿esta medida estadística incluye la cabeza? &lt;br /&gt;«Judith me quiere bien» –hubiera dicho Holofernes si algún amigo le hubiera preguntado acerca del estado de su corazón– «tanto como Salomé quiere al Bautista». &lt;br /&gt;Es claro que Morán no es un ni un guerrero ni un profeta. No sabemos si es un mediocre, un tarambana o bien otro muchacho sin atributos. En cualquier caso no es precisamente un genio.&lt;br /&gt;Se me hace que el genio destinado a Morán estalló entre las manos de Kurt Wilkens o pereció de asfixia entre las magníficas tetas quinceañeras de Laurita. Destinado a cabeza de turco de si mismo, se inmoló en la llanura, bonzo entre cortaderas, y el Morán que llega a Berlín no es más que un muñeco como los que anima el Gordo Heiko, locutado a distancia por el misterio, que deambula entre el desayuno magro de la Sophienstraße y la muerte en la Alexanderplatz con una amarga resignación, como la víctima de un secuestro cuya familia no acepta pagar ni dos guitas por el rescate.&lt;br /&gt;La historia ha desvirtuado la figura del genio. No hay inocencia en ello. No se molesten en mostrarme la carita de viejo piola de don Albert sacando la lengua. Los genios molestan, aterrorizan, violan. Los genios no son locos lindos. Más bien son como Neurus, petizos perversos que quieren dominar el mundo. En una palabra: los genios son genios del mal. Están ligados al concepto de máquina y la máquina es hija del tiempo (el genio tiene una relación con el tiempo que se me escapa pero que en la próxima entrega no voy a tratar de esclarecer). &lt;br /&gt;Por último sería importante señalar, sobretodo en el caso de que a alguna compañía trashumante se le ocurriese  llevar el Sainete a escena, que tal cual como sucede en la vida misma, las leyes más elementales que aprendimos en la escuela, sobretodo las concernientes al espacio y al tiempo, no se cumplen o bien se violan constante, simultáneamente. Consideramos de suma importancia cuidar estos detalles. &lt;br /&gt;Lamentamos que esto –al igual que otras particularidades escénicas– por falencias narrativas, no se haya apreciado bien (por ejemplo en el último acto, penúltimo cuadro: la gente baja los brazos pero sostiene sus carteles).&lt;br /&gt;Por el momento concluyamos, que se hace tarde: como decía Weißichwer, la literatura, de alguna manera, es responsable de la revolución industrial. Sin linealidad, sin sucesión, no hay cuento, no hay genio. &lt;em&gt;Por eso perdéis la cabeza en manos de la hembra&lt;/em&gt;. Por que la mujer es la enemiga visceral de lo sucesivo. Es la bestia simultánea por excelencia. Es la simultaneidad misma. De ahí, repito, la suerte de Morán-Bautista-Holofernes, el corte final servido en bandeja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Ilustra: »El Oso Bautista«, (metamorfosis del logo de la cerveza Berliner Pilsner) Sergio Gobi 2008)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-2167009236362730866?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/2167009236362730866/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=2167009236362730866&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/2167009236362730866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/2167009236362730866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2008/03/zwischenakt.html' title='ZWISCHENAKT'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-uH2z_68nI/AAAAAAAAAs8/ACMbB4WZC5c/s72-c/oso+bautista.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-8477717179079913112</id><published>2008-03-26T11:33:00.002+01:00</published><updated>2008-03-27T11:17:50.980+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>ZANK</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-os5D_68hI/AAAAAAAAAsM/H7CfKqQaxC4/s1600-h/berni.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-os5D_68hI/AAAAAAAAAsM/H7CfKqQaxC4/s320/berni.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5182003680080753170" /&gt;&lt;/a&gt;Llegado este momento, mitad del cuarto acto, el espectador atento ya sabe que Morán y Jenny son los puntos MJ que forman el lado opuesto al ángulo C (Clara). El lado MJ es una cuerda que alcanza ahora el punto óptimo de tensión. Si el Ángel de la Historia la pulsara escucharíamos un perfecto LA natural.&lt;br /&gt;Ya se sabe que M, si bien podría ser el padre de J, es su amante. De la misma manera que C, quien da perfectamente el &lt;em&gt;fisic du rol&lt;/em&gt; de madre de J es, desde hace mucho más tiempo, su novia. Asimismo, en el transcurso del tercer acto, ha quedado bien claro cómo C y M podrían ser perfectamente el papá y la mamá, es decir, una pareja como tantas, pero son más que eso, son hermanos de espíritu.&lt;br /&gt;Digamos resumiendo que Clara, Jenny y Morán constituyen una familia. Una familia libertaria amable, amorosa y amante; una familia de la autogestión y la revolución permanente. Una familia donde cada uno tiene un rol distintivo, primordial e irreductible tal que el producto de la interacción de esos roles es, para cada uno de los miembros del triángulo, proveedor -casi total- de sus necesidades cósmicas.&lt;br /&gt;Como ya se vio en el tercer acto, la cosa se fue dando... Y funciona de puta madre, por lo menos, hasta que Morán muere. Porque, digámoslo de una vez: Morán se nos muere pronto. &lt;br /&gt;A propósito compuse una especie de milongón-chôrinho que habría de llamarse “Al Final se Muere” (lo cual es una verdad de la puta que lo parió) pero, justamente, al final no lo voy a usar. &lt;br /&gt;Es que, las historias... viste cómo es, siempre siguen. &lt;br /&gt;Sólo gracias al abuso de solidaridad con sus personajes las historias terminan casi con –o cerca de– su final. El héroe muere y a lo sumo se dejan ver un par de hilachas que se atan entre sí para que el caso, más o menos, cierre.&lt;br /&gt;A mí me gustaría que el Sainete siguiera después de la muerte de Morán. No por quitarle protagonismo al Héroe sino por quitárselo a la Muerte. &lt;br /&gt;Vamos a ver. Habría que replantear todo. &lt;br /&gt;Por ejemplo, que todo el cuarto acto sucediera entre el primero y el segundo. O mejor, que muriera de entrada y la continuidad de la historia no dependiera ni siquiera del regusto de su paso por la tierra. &lt;br /&gt;El problema es que Morán no es un héroe cualquiera. El Chino Morán es mi viejo... y no sé si me importa mucho lo que pasa después de que él palme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a la escena, Morán y Jenny se van quedando solos en la enorme plaza helada. La nieve afloja. Jenny, como siempre, ríe. Morán está preocupado. Mira hacia arriba. Hacia los costados. Mira hacia atrás. Comprueba que arrastra, como siempre,  una estela melanca. &lt;br /&gt;Dice o piensa: Mierda, se nos viene la noche...  &lt;br /&gt;Se escuchan los primeros acordes del “Vals de la Gravedad” que Jenny va a cantar y Morán secundará  (haciendo una segunda en los estribillos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;cae la nieve&lt;br /&gt;dos por tres llueve&lt;br /&gt;sapos soretes qué más da&lt;br /&gt;caen las acciones&lt;br /&gt;hojas  aviones&lt;br /&gt;del suelo nadie va a pasar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;caen los velos&lt;br /&gt;chapas y pelos&lt;br /&gt;aquel que se harta de volar&lt;br /&gt;lo más seguro&lt;br /&gt;imperios muros&lt;br /&gt;sólo la gracia ha de flotar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;a todo cabe esta verdad&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;no es tan grave la gravedad&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para que el cuadro resulte más forexport podrían bailar el instrumental entre las partes. Claro que conseguir cantantes que además de actuar bailen, te la regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;cae la noche&lt;br /&gt;la mar en coche&lt;br /&gt;cae quien quiere descansar&lt;br /&gt;bestias, planetas&lt;br /&gt;mandatos, tetas&lt;br /&gt;lo que es mejor, lo que da igual&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;trampas y sueños&lt;br /&gt;metas y empeños&lt;br /&gt;un superhombre con disfraz&lt;br /&gt;y hasta ese fruto&lt;br /&gt;que embocó a newton&lt;br /&gt;solo la gracia ha de flotar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;cualquiera sabe la verdad&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;no es tan grave&lt;br /&gt;no es tan grave la gravedad &lt;/em&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vals termina y quedan abrazados. &lt;br /&gt;Ahí, cuando las últimas notas hacen mutis por el foso, la parejita inicia un apoteótico franeleo. A lo bestia. Se escuchan besuqueos, refregones, jadeos. Morán la tiene arrinconada contra una columna y le da masa. La piba se le enrosca como una boa. Sus blancas piernas resaltan contra el sobretodo oscuro del galán como tentáculos de mármol. &lt;br /&gt;Podría pensarse que el erotismo desplegado en esta escena viene medio traído de los pelos, que no es más que otro lamentable recurso para vender entradas. &lt;br /&gt;Pero no es así. Es de posta: la gente se quiere. &lt;br /&gt;Además es una pausa, el contraste necesario para preparar lo que se viene después, el siguiente cuadro, que es la interrupción-irrupción violentísima de un patota de la &lt;em&gt;HJ&lt;/em&gt; con sus típicos uniformes pardos, sus lustrosas botas negras, sus gamados brazaletes de sangre: diez o doce muchachos entre los que se destacan el hermano y el ex novio de Jenny. Estos deportivos y rubios jóvenes lo cazan a Morán de la negra melena y le arrebatan a la piba. &lt;br /&gt;Mientras tres o cuatro se la llevan –entre gritos, llantos y pataleos– los otros siete se van pasando a nuestro morocho bonaerense a trompadas, rodillazos, patadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coreografía: los golpes se suceden al compás de los acordes de un cuarteto de bandoneones y contrabajo. &lt;br /&gt;La obra es atonal, percusiva y agreta. Doce compases que se repiten en loop hasta el tope, el golpe, la caída final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando notan que el cuerpo ya ni siquiera puede tenerse en pie, lo sepultan a patadas en la nieve. &lt;br /&gt;El silencio es tremendo. &lt;br /&gt;Los siete dorados gorilas se escapan corriendo hacia distintos puntos de la plaza. La nieve recrudece. &lt;br /&gt;Importante: el plano del escenario se rebate quince grados. &lt;br /&gt;El cuerpo de Morán, tapado por la caspa tenaz del invierno del ‘31/’32, es apenas un bulto blanco en medio de un blanco mar en calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuarteto de bandoneones inicia el »Requiem para un Anarquista« (que no es más que una versión agiornada del »Requiem para un Monto« que escribí en el ’80).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;. . . . . FINAL. . . . .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Ilustra: »Manifestación« -detalle- Antonio Berni, 1934)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-8477717179079913112?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/8477717179079913112/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=8477717179079913112&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/8477717179079913112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/8477717179079913112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2008/03/zank.html' title='ZANK'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-os5D_68hI/AAAAAAAAAsM/H7CfKqQaxC4/s72-c/berni.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-8011828676121882929</id><published>2008-03-25T12:07:00.006+01:00</published><updated>2008-03-25T12:41:19.093+01:00</updated><title type='text'>X-BELIEBIGE</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-jjej_68dI/AAAAAAAAArs/BprGP1OUHyM/s1600-h/bill+jacklin04.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-jjej_68dI/AAAAAAAAArs/BprGP1OUHyM/s320/bill+jacklin04.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5181641485488681426" /&gt;&lt;/a&gt;El cuarto acto abre con la escena de la manifes-tación en la Alexan-derplatz. En el panel de fondo, pintados por la mano de un imitador de Raoul Dufy (acuarela de París para turistas), se reconocen los edificios de la Casa Roja del Rathaus, el extinto Berliner Schloß, la Nikolai y Ia Marienkirche. &lt;br /&gt;El escenario está copado por la masa laburante: adelante los bailarines, alrededor el Coro –entre los que destacan Jenny y Morán– y detrás de todos, pueblo, los trescientos extras (en esa época, finales de los veinte, los anarcos llenaban).&lt;br /&gt;A la izquierda, en primer plano, aparece Clara, de perfil, elevada sobre una tribuna improvisada en la caja de una camioneta.&lt;br /&gt;Desde el foso se escuchan los primeros acordes de la Típica. Atacan con la Intro en el mismo momento que se larga a nevar. La multitud sostiene sus carteles. Circulan bolsitas con tabaco y botellas de Schnaps.&lt;br /&gt;Invisible y ciego, el Ángel de la Historia, encarnado por un muñeco mecánico o una marioneta –un ángel piróscafo a dos hélices y coraza de acero– sobrevuela la escena avanzando hacia atrás, de espaldas –como el &lt;em&gt;Angelus Novus&lt;/em&gt; de Klee-Benjamin–: tañe una concertina blanca (o quizás el inmaculado organito de Manzi) mientras canta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;quién sabe de qué océano ha salido&lt;br /&gt;tal arca de promesas sin abrir&lt;br /&gt;repleta de profetas no nacidos&lt;br /&gt;carne de eterno anhelo sin cumplir&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Los versos que canta el Ángel no son escuchados por los manifestantes. Tampoco son comprendidos por el público ya que suenan al revés, como una cinta dada vuelta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;rilpmuc nis olehna onrete ed enrac&lt;br /&gt;sodican on sateforp ed ateper&lt;br /&gt;rirba nis sasemorp ed acra lat&lt;br /&gt;odilas ah onaéco éuq ed ebas néiuq&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música –bautizada, en un arrebato de originalidad, «El Angel de la Historia»– que hasta ese momento es una suerte de milonga lenta, entra de golpe a yumbear. &lt;br /&gt;Clara recita, casi cantando, a lo Rinaldi: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;–en cualquier rincón del desierto cabe el tiempo...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Coro: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–¡todo!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Clara: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–en cualquier rincón del desierto hay un vórtice &lt;br /&gt;donde el tiempo hace agua. &lt;br /&gt;donde el tiempo se cae...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Coro: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–¡todo el tiempo!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Clara: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–¿a qué otro desierto o a qué playas ardientes &lt;br /&gt;a qué islas de la hespérides da esa lluvia de arena? &lt;br /&gt;o es que ese culo, ese agujero, ese hueco, &lt;br /&gt;ese pozo por donde el tiempo cae, &lt;br /&gt;da a la misma sed siempre...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Coro: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–¡a la sed toda!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Clara: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–la arena no registra tus marcas.&lt;br /&gt;el viento borra toda huella.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La milonga yumbeada se acandomba. El Coro comienza a cantar, rapeando (mientras los bailarines le sacan viruta al piso):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;a europa toda se la curte un toro&lt;br /&gt;un toro blanco que eyacula oro&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara sigue, arenga: &lt;br /&gt;&lt;em&gt;–nuestro tiempo no cuenta: &lt;br /&gt;ni gotas ni granos ni monedas. &lt;br /&gt;el magma de un cuerpo no late hacia adelante &lt;br /&gt;ni cae contando. &lt;br /&gt;no da saltos isócronos. &lt;br /&gt;no ansía progresión ni beneficio. &lt;br /&gt;no hay sucesión. &lt;br /&gt;el pulso late en gracia y en concierto.&lt;/em&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Típica recrudece el contrapunto hasta la bizarrés. El Coro insiste:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;a europa toda se la curte un toro&lt;br /&gt;un toro blanco que eyacula oro&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo de bailarines. &lt;br /&gt;Y, ya en el postre, cierra el Coro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;a la pobre europa ya la parte en dos&lt;br /&gt;un toro blanco que se cree dios&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia el final de este estribillo la Típica abusa del ralentando y lo reduce a los cancinos acordes de una balada cuyos aires recuerdan los peores momentos del neolorquismo uruguayo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clara canta:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;nuestro tiempo no es pasto &lt;br /&gt;de relojes exactos&lt;br /&gt;que cuentan como guita &lt;br /&gt;los minutos las horas&lt;br /&gt;nuestro tiempo es espacio &lt;br /&gt;de solidarios actos&lt;br /&gt;lo que cuenta es el pulso &lt;br /&gt;del corazón que aflora&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;nuestro tiempo no es oro &lt;br /&gt;ni se cambia por sal&lt;br /&gt;se derrocha en caricias &lt;br /&gt;como la piel o el beso&lt;br /&gt;se mide en luz y en sombra &lt;br /&gt;no busca el bien o el mal&lt;br /&gt;no se pierde o se gana &lt;br /&gt;nuestro tiempo no es eso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nuestro tiempo no es eso&lt;br /&gt;¡liberá las arenas de la sed&lt;br /&gt;bebete toda el agua de una vez&lt;br /&gt;y secá la clepsidra!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el instrumental viene una coreografía minimalista (acerca de la cual todavía no se me ocurre nada).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;nuestro tiempo no pasa &lt;br /&gt;como si fuera un tren&lt;br /&gt;ay un tren nos recorre &lt;br /&gt;por dentro sin medida&lt;br /&gt;muere allí donde nace&lt;br /&gt;es su propio rehén&lt;br /&gt;no hay espera ni pérdida: &lt;br /&gt;la llegada es partida&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nuestro tiempo no es sabio&lt;br /&gt;no acepta ningún canje&lt;br /&gt;y no dirá jamás &lt;br /&gt;lo que no dice ahora&lt;br /&gt;ahora: así se llama &lt;br /&gt;el viejo y nuevo Angel&lt;br /&gt;en su cielo de gozo &lt;br /&gt;no hay antes ni demora&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no hay antes ni demora&lt;br /&gt;¡liberá las arenas de la sed&lt;br /&gt;bebete toda el agua de una vez&lt;br /&gt;y secá la clepsidra!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos compases puede ser que se incorpore el Coro. &lt;br /&gt;Ahí la concentración se empieza lentamente a despejar y viene la escena más vendedora, que es cuando Jenny y Morán se quedan solos en el centro del cuadro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Ilustración: detalle de un cuadro de Bill Jacklin)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-8011828676121882929?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/8011828676121882929/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=8011828676121882929&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/8011828676121882929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/8011828676121882929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2008/03/x-beliebige.html' title='X-BELIEBIGE'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/R-jjej_68dI/AAAAAAAAArs/BprGP1OUHyM/s72-c/bill+jacklin04.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-6790528483955521155</id><published>2007-10-30T20:38:00.000+01:00</published><updated>2007-10-30T20:52:28.019+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>MUßESTUNDEN</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyeIk6x_SaI/AAAAAAAAAkM/rZj8R-XUaig/s1600-h/la+garbo+y+el+pato.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyeIk6x_SaI/AAAAAAAAAkM/rZj8R-XUaig/s320/la+garbo+y+el+pato.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5127216868620192162" /&gt;&lt;/a&gt;La noticia de los sucesos patagónicos rebota en la fría penumbra del bulín de la Sophienstraße como langostas mecánicas, como esquirlas salidas del balero del héroe. &lt;br /&gt;Morán se resiste a creer lo que oye. Rebulle en su mirada una cocción paranoica. Empieza a desconfiar de todo y de todos, empezando por él mismo. &lt;br /&gt;Mira la pared de siempre y ve epopeyas. Los actos heroicos de los otros: su mejor amigo, sus compañeros de lucha, su hermana atravesada por las flechas lechosas de su propio deseo. &lt;br /&gt;Clara pregunta por El Cerrito, por el Cañadón de la Yegua Quemada.&lt;br /&gt;Morán calla y empuja otra cañita. &lt;br /&gt;-Un solo puño erguido más que vea y vomito- &lt;br /&gt;La cabeza le pesa toneladas. Quisiera dejarla caer entre los hombros para siempre. Pero le molestan las luces. Mira a su izquierda. Cuántas veces se ha dicho, cuántas veces ha escuchado decir que no debe mirar hacia el público… pero está vez, cansado de esperar o de sufrir las proyecciones histórico-didácticas de las paredes se queda mirando la formas penumbrosas a contra luz: una marea de cabezas negras casi quietas. &lt;br /&gt;¿Sombras que son o se hacen? Es decir, ¿es ése oleaje inerte un público? Es éste el público que hoy asiste a mi vida o son apenas extras que actúan de  público. &lt;br /&gt;Este pensamiento de golpe le agrada. Detrás duerme algo entrañable. Es un recuerdo antiguo… Suena en todo caso como un recuerdo antiguo: el mundo haciendo de mundo; superpuesto al mundo verdadero otro mundo idéntico pero levemente afectado, tan sutilmente afectado que es casi imposible reconocerlo. &lt;br /&gt;Morán no recuerda haberlo sentido antes pero ahora que lo descubre algo le dice que es un residuo paleolítico, tal vez de la etapa en que el Chinito Morán, algunos años antes de que naciera Laura, entendía que el mundo giraba alrededor del Chinito Morán. &lt;br /&gt;Pero el mundo que gira alrededor de Morán es el escenario de su aventura, de sus tribulaciones, de su desdicha, y por alguna razón que no comprende aún, que posiblemente no comprenda nunca, este mundo está siendo llevado a escena paralelamente. &lt;br /&gt;¿Paralelamente a qué? está a punto de preguntarse. &lt;br /&gt;Pero es otra voz la que pregunta. Clara pregunta por El Cerrito, por el Cañadón de la Yegua Quemada, por los hechos concretos de la Patagonia. &lt;br /&gt;Moran dice que prefiere no hablar. &lt;br /&gt;Que hable ella, a ver, que tanto sabe, ya que tanto sabe que hable, que hable ella, a ver, si sabe tanto. Soy todo oídos…&lt;br /&gt;Y ella que no entiende o no conoce la típica de microironía meridional le hace caso. &lt;br /&gt;Pero ni bien Clara empieza a hablar de lo que sabe, de lo que han publicado los pasquines libertarios, Morán la emprende esta vez a los gritos, alza su vozarrón como un puño erecto, ladra al tun tun para no oír a nadie, ni adentro ni afuera, ni a Clara ni al público. Pirotecnia barata. Puros cuetes. Bravuconadas a la bartola. &lt;br /&gt;–Que me calmen las cañas– y vuelve a servirse. &lt;br /&gt;–Es &lt;em&gt;Schnaps&lt;/em&gt; de durazno– aclara Clara. &lt;br /&gt;Móran no la escucha. Vuelve la mirada a su derecha, pasa y repasa las paredes como buscando una falla, con una desconfianza rayana con el pánico. De vez en cuando ladra una sentencia automática, cadáver exquisito en miniatura, consigna subnormal autorizada por el surrealismo en decadencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumiendo: por fin Clara logra contarle lo que sabe, lo que ya circula en todos los medios anarcosindicalistas, la patriada de Wilkens: que el Alemán se cargó al Teniente Coronel Héctor Benigno Varela, milico máximo, responsable de los fusilamientos patagónicos. &lt;br /&gt;Morán parece no reaccionar. La vista fija en el muro. Es cierto que ha bebido bastante. Pero no es el alcohol lo que le entorpece tanto el entendimiento sino el producto de un inmenso esfuerzo de producción: las paredes empiezan a abrirse al compás de una música que, al principio –igual que el movimiento de los paneles– es casi imperceptible.&lt;br /&gt;Pronto, por efecto también de las luces, la perspectiva se dilata en una lejanía que se posa súbitamente en el punto de fuga de un empedrado: es la calle Fitz Roi, en el barrio de Palermo, ciudad de Buenos Aires (“la pucha, mirá que bien logrado el efeto, si se nota a la legua…” comenta en susurros la platea).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ritmo de una milonga candombeada in crecento, amanece. &lt;br /&gt;De un lado y otro de la escena aparecen las parejas de bailarines vestidos de obreros metalúrgicos algunos, otros de campesinos patagónicos, otros de paseantes urbanos (década del 20).&lt;br /&gt;A la orquesta Típica se le incorporan tambores, como en los candombes de Alberto Castillo. Clara canta «La Candonga del Alemán»:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;calá juná  la Huesuda&lt;br /&gt;por calles tan elegantes&lt;br /&gt;calá como va que suda&lt;br /&gt;la que sólo va al convoy&lt;br /&gt;¿habrá cambiado de ruta?&lt;br /&gt;va por la calle Fitz Roi&lt;br /&gt;(si va pa´lo de Varela&lt;br /&gt;ese no pasa de hoy)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El coro, que solo había cantado al unísono el quinto verso, ahora encara el estribillo con cierto aire de tablón, de hinchada de fútbol (los componentes del coro no son otros que los bailarines y Morán):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;vos que hiciste sonar tanto&lt;br /&gt;los huesos en los potreros&lt;br /&gt;que metiste bala y sable&lt;br /&gt;a miles de jornaleros:&lt;br /&gt;¡juná Coronel Varela&lt;br /&gt;como se muere sin juez!&lt;br /&gt;siempre hay un pobre que vela&lt;br /&gt;y hace justicia al revés&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el breve instrumental uno de los bailarines representa al Alemán, camina sigilosamente y se aposta en una de las puertas y espía hacia el fondo (Morán lo campanea embobado.&lt;br /&gt;Otra vez Clara, solista:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;juná ese de mameluco&lt;br /&gt;que llaman El Alemán&lt;br /&gt;¿que hará en barrio tan pituco?&lt;br /&gt;¿será que viene a cobrar?&lt;br /&gt;¿qué está esperando ahí al lado&lt;br /&gt;agazapao en un  zaguán?&lt;br /&gt;¡juna que lleva en la mano!&lt;br /&gt;¡es un bufoso y un pan!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos (con tutti):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;vos que hiciste sonar tanto&lt;br /&gt;los huesos en los potreros&lt;br /&gt;que metiste bala y sable&lt;br /&gt;a miles de jornaleros:&lt;br /&gt;juná Coronel Varela&lt;br /&gt;como se muere sin juez!&lt;br /&gt;siempre hay un pobre que vela&lt;br /&gt;y hace justicia al revés&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ritmo de milonga se vierte definitivamente en el candombe furioso. Los tamboriles doblan la apuesta. &lt;br /&gt;Todos cantan y bailan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya sos boleta Varela&lt;br /&gt;los cuetes todavía se oyen&lt;br /&gt;la Patagonia sonríe&lt;br /&gt;tal vez te llore Irigoyen&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cuchá cuchá como crece&lt;br /&gt;el mito del Alemán&lt;br /&gt;la Patagonia agradece&lt;br /&gt;y esta candonga se vá&lt;br /&gt;la Patagonia agradece&lt;br /&gt;y esta candonga…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TELON&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ilustración:&lt;br /&gt;(»Garbo y Patu«, Clementina Doppelkopf 2005)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-6790528483955521155?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/6790528483955521155/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=6790528483955521155&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/6790528483955521155'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/6790528483955521155'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/muestunden.html' title='MUßESTUNDEN'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyeIk6x_SaI/AAAAAAAAAkM/rZj8R-XUaig/s72-c/la+garbo+y+el+pato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-5693501720135791070</id><published>2007-10-29T13:25:00.000+01:00</published><updated>2007-10-29T20:30:34.155+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliseo'/><title type='text'>ELISEO (V)</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXSjax_SWI/AAAAAAAAAjo/av_zpasHJNE/s1600-h/walda+y+eliseo+en+el+agua.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXSjax_SWI/AAAAAAAAAjo/av_zpasHJNE/s320/walda+y+eliseo+en+el+agua.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5126735256757422434" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;»Vámonos aún más allá, al último extremo del Báltico; más lejos aun de la vida, si es posible; instalémonos en el Polo. Allí el sol no roza más que oblicuamente la tierra, y las lentas alternativas de la luz y la obscuridad suprimen la variación y aumentan la monotonía, que es la mitad de la nada. Allí podremos tomar largos baños de tinieblas, en tanto que, para divertirnos, las auroras boreales nos envíen de tiempo en tiempo sus haces sonrosados, como reflejos de un fuego artificial del infierno«. Charles Baudelaire&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Juntos recorrieron el gran estuario y remontaron el Huld de color remolacha hasta la tundra. Se bañaron en cada uno de los lagos del Delta del Unke. Walda no se cansaba nunca de nadar. Pasando los Montes Pardos, en el piélago oscuro del Mar Moor, buceando entre los sargazos, encontraron un viejísimo remo petrificado con la palabra «Argos» tallada en la pala.&lt;br /&gt;El comienzo del verano los sorprendió en las islas de paja que flotan en las aguas del Noch. Eliseo tenía prisa por llegar más al norte. Demasiado calor. Walda empezaba a desdibujarse. Su hermoso cuerpo de leche era cada día más transparente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde de julio, contemplándola desde la costa mientras caminaba a orillas del lago, a Eliseo le pareció que el oro verde de los ojos de Walda podía verse a través de su pelo. Se incorporó y lentamente se fue acercando.&lt;br /&gt;Sí, mientras ella se adentraba en el lago él pudo verle los ojos, desde atrás, pudo en su espalda entrever los rosados pezones y aún el rojo atardecer cruzándole el vientre.&lt;br /&gt;Aquel día no durmieron. Hablaron durante horas.&lt;br /&gt;–No entiendo que no entiendas– le dijo por fin Walda, después de escuchar el desesperado monólogo de su amigo.&lt;br /&gt;–Pensé que esto duraría, no sé, siempre.&lt;br /&gt;–Por supuesto que sí. ¿Quién dice otra cosa? –agregó ella, sonriendo–Lo que no duran mucho son los colores –y Eliseo vio de golpe en su mente las postales que ella le mostraba sin palabras: Albas, Estaciones, Flores, Hojas, Mariposas, Cataratas, Atardeceres…&lt;br /&gt;–Igual no entiendo. Será que soy del sur –aventuró, como si eso explicara algo– Lo que me pregunto es qué ñunque vamos a hacer ahora.&lt;br /&gt;–Yo creo que llegó la hora de hacer un fuego.&lt;br /&gt;Entonces Eliseo tuvo otra vez la sensación de que los ojos que miraba en el rostro de su amiga eran también los suyos y que la voz de Walda, esa brisa entre ramas de abedules, le llegaba desde adentro, igual que las postales.&lt;br /&gt;Juntos buscaron leña y encendieron una fogata.&lt;br /&gt;Walda se sentó en su regazo. Se acurrucó, risueña, mimosa, entre sus brazos.&lt;br /&gt;Y Eliseo, lenta y silenciosamente, la fue bebiendo a sorbos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ilustración: »Walda y Eliseo sumergidos«, fragmento, Sergio Gobi, 2002)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-5693501720135791070?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/5693501720135791070/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=5693501720135791070&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/5693501720135791070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/5693501720135791070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/eliseo-5-parte.html' title='ELISEO (V)'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXSjax_SWI/AAAAAAAAAjo/av_zpasHJNE/s72-c/walda+y+eliseo+en+el+agua.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1093704289748467021</id><published>2007-10-29T13:10:00.000+01:00</published><updated>2007-10-29T20:30:34.155+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliseo'/><title type='text'>ELISEO (III)</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXOG6x_STI/AAAAAAAAAjQ/yTqe6UZqJCQ/s1600-h/eliseoywalda.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXOG6x_STI/AAAAAAAAAjQ/yTqe6UZqJCQ/s320/eliseoywalda.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5126730369084639538" /&gt;&lt;/a&gt;Montado en Argolabio, su bici de bronce y vinilo, Eliseo atravesó la blanda tierra bermeja del litoral y los pantanos grises del Matojondo. Bordeó durante meses la selva espesa del Tupí, cruzando inmensos ríos blancos de furia o zainos de calma. Más allá, el desierto de sal y las marismas. Después las mesetas de cobre y la cerrazón ciega de los abismos de piedra pomez.&lt;br /&gt;Perdió la cuenta de los ríos y los días. Se detenía en los pueblos a cantar. Ponía a funcionar la vitrola y su voz despertadora de añoranzas le dispensaba siempre algo que llevarse a la boca.&lt;br /&gt;Más tarde bordeó las aguas vírgenes del trópico. Durante meses atravesó un desierto de tunas florecidas. Llegó a tierras del norte. Creyó estar en el sur, hasta que conoció la nieve.&lt;br /&gt;Cuando la helada endureció el océano, lo cruzó, asombrado todavía de encontrar, aquí o allá, una belleza indecible y siempre nueva pero poco o nada de las historias que había escuchado en boca de Catriel o de Grakus o leído en los libros. Pensó entonces que el mundo es una serie infinita de paisajes mudando sin pausa y que todo lo que uno ve es irrepetible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando alguien le preguntaba adónde iba, no sabía muy bien qué decir. Percibió la desconfianza que esto producía en la gente. Un día oyó a un campesino del llano del Turquí decir que «las plantas sin dirección se vuelven maleza y que en la maleza ¿quién distingue fruto de cizaña?».&lt;br /&gt;Entonces se inventó una certeza, un destino que, seguramente, pensó con acierto, tranquilizaría a todo el mundo.&lt;br /&gt;«Soy un Buscador de Tigres Blancos», les decía, en plural y con mayúscula. Así a todos les resultaba más fácil tratarlo, e incluso guiarlo hacia alguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Ilustración: Walda y Eliseo, Sergio Gobi 2002)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1093704289748467021?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1093704289748467021/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1093704289748467021&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1093704289748467021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1093704289748467021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/eliseo-3-parte_29.html' title='ELISEO (III)'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXOG6x_STI/AAAAAAAAAjQ/yTqe6UZqJCQ/s72-c/eliseoywalda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-769602505492675159</id><published>2007-10-26T14:02:00.000+02:00</published><updated>2007-10-26T14:14:07.295+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tano'/><title type='text'>PLEONASMUS</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyHZFqx_SQI/AAAAAAAAAi4/uTbuDb9VDZw/s1600-h/vuelos+sansone.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyHZFqx_SQI/AAAAAAAAAi4/uTbuDb9VDZw/s320/vuelos+sansone.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5125616542330865922" /&gt;&lt;/a&gt;Me pregunto cuándo vas a volver. Yo volví hace unos años. Casi sin querer. Los genes del cromosoma X pueden ser recesivos o dominantes, y su expresión en las mujeres y en los hombres no es la misma debido a que los genes del cromosoma Y no van apareados exactamente con los genes del X. Vine a enterrar a la vieja. Y me fui quedando. Cuando me quise acordar... A Ferrari le da lo mismo acá o allá. Él va y viene. El ADN mitocondrial se hereda de madre a hijo. Es compartido por dos sujetos si estos son hermanos. Dardo cumplió tres años en mayo. Siempre le hablo de vos. Como si supiera: Que vos sos un tipo persiguiendo un ideal, una verdad. Una tan solo. Habiendo tantas. El sexo masculino viene determinado por la combinación de un cromosoma X más un cromosoma Y, mientras que el sexo femenino está determinado por la presencia de dos cromosomas X. Las verdades suelen reproducirse por partenogénesis. Se puede perseguir un ratón pero no a diez. Tal vez por eso vos no viste sino una, aún cuando tu propia idea de la verdad ya era cien. Para comparar los genes de un padre y de un hijo no sirve el ADN mitocondrial. Hace falta llegar al cromosoma Y contenido en el núcleo de la célula. Hay que pulverizar muchos huesos para aumentar las probabilidades de las trazas de ADN. Yo nunca pude entender tu verdad, como nadie puede entender verdad alguna. Pero a vos sí. Por lo menos en algún momento, como quien saca una foto, te entendí. No sé. Las personas son más fáciles de entender que sus verdades. Los genes recesivos ligados al cromosoma X se expresan en las mujeres únicamente si existen dos copias del gen. Sin embargo, en los varones sólo debe haber una copia de un gen recesivo ligado al cromosoma X para que el rasgo o el trastorno se exprese. Qué sonsa seré que no me di cuenta que te seguía esperando. Hay que llegar al hueso para hallar la palabra. Y acá la tierra es puro hueso. Abrís la tierra, hendís los terrones, y es todo asuntos, sucedidos, nombres. Demasiados como para que uno se acuerde de algo o de alguien. Arriba el aire. Y más arriba el cielo. Entre el aire y el cielo el viento Norte, arenoso, mudo, caliente. Por ejemplo, una mujer puede ser portadora de un gen recesivo en uno de sus cromosomas X sin saberlo y transmitírselo a su hijo, que expresará el rasgo o el trastorno. Todo el día ese silencio denso que sopla y sopla. No te habrás olvidado. Recién a la noche, cuando se calma el viento, me dan ganas de hablar. Pero me vence el sueño. Después Ferrari anda diciendo que hablo dormida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Ilustración: »Vuelos«, &lt;a href="http://www.hernansansone.blogspot.com"&gt;Hernán Sansone&lt;/a&gt;, 2007)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-769602505492675159?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/769602505492675159/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=769602505492675159&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/769602505492675159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/769602505492675159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/pleonasmus.html' title='PLEONASMUS'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyHZFqx_SQI/AAAAAAAAAi4/uTbuDb9VDZw/s72-c/vuelos+sansone.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-8430548986906570069</id><published>2007-10-26T13:06:00.000+02:00</published><updated>2007-10-29T20:29:48.387+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliseo'/><title type='text'>ELISEO (IV)</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyHKuax_SPI/AAAAAAAAAiw/ci_FK1EYWvM/s1600-h/walda.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyHKuax_SPI/AAAAAAAAAiw/ci_FK1EYWvM/s320/walda.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5125600749736118514" /&gt;&lt;/a&gt;Una noche intermina-ble lo envolvió en los fiordos boreales. Era una rara oscuridad, visitada por una luz líquida proveniente del suelo helado. Envuelto en corambres de marta, que había recibido a cambio de canciones, recorrió esa costa. En una abrupta península vislumbró una figura al borde del mar y se acercó. Era una muchacha de cristal sentada sobre un blanco acantilado, señalando con su brazo extendido hacia el este, hacia un grupo de rocas que salían del mar, unos quinientos metros más allá.&lt;br /&gt;Se la quedó mirando extasiado. Llegaron a su memoria unos versos que no recordaba haber leído: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No hay hermosura así&lt;br /&gt;sino tallada en brisa&lt;br /&gt;brazos de sauce luminoso&lt;br /&gt;dedos de noche lanceolada&lt;br /&gt;señalando mi alma&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Sintió que se le nublaba la vista. Debe ser el viento, se dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;div align="left"&gt;–¿Cómo te llamás?&lt;br /&gt;Ella no contestó. No se movió siquiera. Sus ojos color ámbar verdoso eran una luz intermitente apuntando a los acantilados lejanos, desnudando de oscuridad rocas y espuma.&lt;br /&gt;Eliseo se quedó a su lado esperando respuesta. Al rato preparó su vitrola y se puso a cantar. Pero no pudo. Se sentía fuera de sí, no podía entrar, llegar al centro de su canto, lo que escuchaba salir de su propia boca le pareció afectado.&lt;br /&gt;Por primera vez esperaba algo de su voz y se sintió inseguro.&lt;br /&gt;«Esto debe ser la tristeza» convino. «Esa palabra que tanto me atraía ahora me duele»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No puedo quedarme con vos –le dijo, medio apurado por el desasosiego– tengo mucho que andar.&lt;br /&gt;Ella no contestaba. Su propia voz le sonaba irreal. Meditó largamente, sin dejar de mirarla. «Quien sabe si no es una Esfinge como la de Tebas. Pero la Esfinge de Tebas hablaba. ¿No será una sirena?» Y se quedó pensando sin dejar de mirar las piedras encendidas de sus ojos. «Está desnuda. Seguramente el frío no la deja cantar ni moverse. Quizá haya que esperar la primavera. Si es una sirena quizá me enseñe canto». En ese punto se dio cuenta de que la nieve le llegaba a la cintura.&lt;br /&gt;Hizo un pozo profundo a los pies de la muchacha, a su amparo. Colocó sus discos como paravientos alrededor de la guarida.&lt;br /&gt;Se entretuvo el resto del invierno mirando el cielo y su reflejo en la espalda y el cabello acerados de la sirena-esfinge. Calculó con el sextante las distancias entre las diferentes zonas de su cuerpo, recitó poemas a su quietud, le contó historias a su silencio.&lt;br /&gt;La primera mañana de primavera lo despertó un beso húmedo y fresco como un brote, y una voz:&lt;br /&gt;–Buen Día, Eliseo. Me llamo Walda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eliseo no podía creerlo. Una muchacha de cristal de roca, cabellos de cuarzo y enormes ojos de ambar verde le servía un desayuno de luz y palabras tibias como caricias. Podía sentir la brisa fresca de su aliento. Su voz le recordó el sonido de las ramas de abedul agitadas por el viento.&lt;br /&gt;–¡Hey… Hola! ¿Te sientes bien? Tal vez tomaste demasiado frío…&lt;br /&gt;–Si, no, capaz –reaccionó por fin –estoy jo, me… sí, bien. Mi…&lt;br /&gt;–¿Mi?&lt;br /&gt;–Mi no… Mi nombre es Eliii…&lt;br /&gt;–…seo, lo sé. ¿De dónde vienes?&lt;br /&gt;–Vevengo de lejos. De las orillas del Marrón.&lt;br /&gt;–¡Eso queda muy lejos! Más allá de las selvas y los pantanos del Sur; más allá del Tupí!&lt;br /&gt;–¿Y vos cómo sabés?&lt;br /&gt;–¡Mi padre me ha contado tanto sobre el sur! Se sabe de memoria el mundo entero…&lt;br /&gt;–¿Quién es tu padre?&lt;br /&gt;–Se llama Boreas, Señor del Viento Norte. También me habló de ti…&lt;br /&gt;–¿De mí?&lt;br /&gt;–Mi padre sopla en mis oídos todo lo que sucede.&lt;br /&gt;–¿Hace mucho que estás… que vivís aquí?&lt;br /&gt;–No sé ya cuánto tiempo. Siempre he vivido aquí. Mi padre, cada tanto, talla a sus hijas en el hielo de los fiordos. En la larga noche del invierno alumbramos los arrecifes para orientar a los marinos o anunciar el peligro.&lt;br /&gt;–¡Las Ninfas! Tata Catriel me habló una vez de las Ninfas de Boreas… Y yo que pensaba que no era más que otra de sus historias…&lt;br /&gt;–¿Qué haces tan lejos de casa?&lt;br /&gt;–Soy un Busca… un… algo así como un…&lt;br /&gt;–¿Un…?&lt;br /&gt;–Nada, solo viajo. Quería apenas recorrer, conocer. No lo sé muy bien.&lt;br /&gt;–El Tigre Blanco es la excusa perfecta. Vive tan lejos que casi está fuera del mundo. Siempre más y más hacia el este. Mi padre dice que vive más allá de la estepa y la tundra. ¿De qué te ríes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo sabía. A esta altura a Eliseo el asombro le daba risa.&lt;br /&gt;Disfrazadas de estrellas fugaces fueron pasando las horas. Como la noche ahora no llegaba nunca, acaso pasaron días y días de luz inmarcesible. Charlas condimentadas de sustanciosos silencios demorados en los ojos: elocuentes miradas alimentadas de monosílabos rumorosos.&lt;br /&gt;En algún momento de aquella eternidad transparente Walda le contó a Eliseo una historia de tempestades y naufragios mientras él repasaba los petalos de la vitrola y acomodaba sus discos. Entonces, concluida la historia, la miró a los ojos y le dijo:&lt;br /&gt;–¿No te gustaría venir conmigo? – y viendo un sí rotundo dibujado en la sonrisa diamantina– ¿Te parece que tu padre nos dejaría?&lt;br /&gt;Walda miró de una punta a la otra la costa que, exultante de brillos bajo el sol, parecía un diamante facetado inmensurable.&lt;br /&gt;–La dirección ha cambiado. Mi padre está camino al sur, de vacaciones… no volverá hasta muy entrado el otoño. Me gustaría mucho irme contigo, mostrarte mi norte, intercambiar nuestras historias, nuestros nombres.&lt;br /&gt;–¿Nuestros nombres?&lt;br /&gt;–Sobretodo me gustaría demorar contigo la llegada de mayo.&lt;br /&gt;Se quedaron así, un largo rato, las miradas y las manos entrelazadas. Eliseo sintió que los ojos de Walda eran también los suyos. Eso fue lo que sintió. No hubiera podido explicarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Ilustración: Walda, detalle, Sergio Gobi 2002)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-8430548986906570069?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/8430548986906570069/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=8430548986906570069&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/8430548986906570069'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/8430548986906570069'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/eliseo-3-parte.html' title='ELISEO (IV)'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyHKuax_SPI/AAAAAAAAAiw/ci_FK1EYWvM/s72-c/walda.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-5720240274404017678</id><published>2007-10-24T12:48:00.000+02:00</published><updated>2007-10-25T12:11:01.516+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliseo'/><title type='text'>VORTRAGSKÜNSTLER</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rx8kth5Kq-I/AAAAAAAAAgg/Ti_lQz3QORw/s1600-h/eliseoenviaje.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rx8kth5Kq-I/AAAAAAAAAgg/Ti_lQz3QORw/s320/eliseoenviaje.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5124855265581771746" /&gt;&lt;/a&gt;Embutido en su armadura como en un traje de buzo ninja Eliseo salió del estado gaseoso en que se hallaba y calibró el cardumen de sus miembros tragando saliva y espuma. &lt;br /&gt;La feria de Riga se extiende sobre la vera mar casi hasta el faro. Los jóvenes de ambos sexos vienen aquí a ofrecer sus encantos así como los veteranos a vender sus medallas de guerra. Los puestos de comida alternan con los kioscos de armamento, literas con adivinos y pitonisas, kurdos vendedores de alfombras, molinos surtidores de jugo de caña y sandalias herméticas. &lt;br /&gt;No había un contrato escrito pero se suponía que Eliseo debía quedarse quieto como un maniquí, como el estuche de un arma futura, cantando desde adentro del casco una canción de pocos versos que describía la longevidad del producto en oferta: una armadura milenaria de carey, una armadura de esas para cazar monstruos marinos.&lt;br /&gt;Pero avanzada la mañana lo tórrido del día precipitó las cosas. &lt;br /&gt;El arpón lanceolado se empezó a derretir, la viga maestra del conjunto ya era un chorro de soda y el peso del sudor licuado con el arma blanca torció los ejes de rotación del disfraz y evacuó por las botas. &lt;br /&gt;Primero fueron sólo unos pasos cortos como de quien pierde el equilibrio y se acomoda, dos o tres espásticos milímetros a la redonda. &lt;br /&gt;Después comenzó una marcha sostenida, más y más acelerada, casi tan lujosa como elegante. &lt;br /&gt;Eliseo comprendió entonces que toda esa cáscara que hacía días que llevaba puesta encima emitía de pronto su propio vacío lumínico, ya no lo necesitaba. &lt;br /&gt;Todas las partes del ensamblaje, como animadas unas por otras, autogestionadas y apoyadas cada una en el mismo molde secreto, deslizábanse por la quintaesencia del camino, en el mero lecho del viaje.  &lt;br /&gt;Aprovechando los vaivenes de la marcha Eliseo logró salir fluyendo por las grietas  y la armadura, fantoche puro entonces, cuyas partes llevaban ya milenios juntas, siguió sola en comparsa de miembros, con el auspicio de la brisa marina, hacia las dunas, hacia la zona del desierto, tortugas decapitadas pero doctas en revoluciones, tartamudeo de vibráfono, lluvia inversa vacía y a tempo.&lt;br /&gt;Eliseo quedó desparramado en una zanja y hubiera allí tal vez permanecido si no lo recogía una de esas chicas que cambian sexo por corales, una morena que lo reconoció aún derramado –o que lo confundió con una estampita sumergida–, flotando en la marea de la alcantarilla como un archipiélago. &lt;br /&gt;Una morena de Claromecó que lamentablemente no podremos describir hasta que Eliseo mismo no la vea. Porque fue recién al final que la vio, cuando ella terminó de vertirlo, gota a gota, en un envase de gaseosa.&lt;br /&gt;Una diadema de peces vivos le decoraba la garganta y enmarcaba, por así decirlo, un rostro de una humildad fastuosa. &lt;br /&gt;Como ya recordaba haber visto en otras hijas de la Diosa, Eliseo percibió que el pecho de la virgen no terminaba nunca. De tal modo que los peces, algunos serios y estirados como anguilas, estaban a sus anchas. Combinados con las palpitaciones de sus tetitas almidonadas el escote parecía un acuario de morsas. De hecho ocupaba un espacio mínimo en la tarde en comparación con la profundidad infinita que prometía. &lt;br /&gt;La visión le devolvió sustancia y sombra y lo espabiló por completo. &lt;br /&gt;Y fue así que la suerte ordenó que se mezclaran un instante, que le dieran espacio a ese instante, que lo hicieran durar horas o años, que lo cultivaran todo lo posible, al menos hasta el próximo capítulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ilustración: »Eliseo en Viaje«, Sergio Gobi 2002&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-5720240274404017678?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/5720240274404017678/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=5720240274404017678&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/5720240274404017678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/5720240274404017678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/vortragsknstler.html' title='VORTRAGSKÜNSTLER'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rx8kth5Kq-I/AAAAAAAAAgg/Ti_lQz3QORw/s72-c/eliseoenviaje.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-3694427119934875184</id><published>2007-10-11T17:02:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:20:45.923+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>LÜGENDETEKTOR</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RxdGfR5Kq9I/AAAAAAAAAgY/vzAV7t_Mh8I/s1600-h/l%C3%BCgendetektor.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RxdGfR5Kq9I/AAAAAAAAAgY/vzAV7t_Mh8I/s320/l%C3%BCgendetektor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5122640604350294994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;Luego del intervalo y una vez apagadas las luces el telón se irá abriendo lentamente. Igual que en los actos anteriores. Igual que en los actos anteriores, antes de escucharse una sola nota, se escuchará una voz. No la misma sino otra. De tal manera que al escucharla no será reconocida. Pero al oírla, cada espectador le dará resonancia. &lt;br /&gt;Cada espectador notará que, a pesar de utilizar todas las virtudes acústicas de la sala, la voz no parece vibrar sino en el pecho, dentro mismo del espectador. Como esos pensamientos que se ponen la pilcha de la voz de un recuerdo impreciso, casi reconocible. &lt;br /&gt;Si la voz, en medio de la oscuridad –se supone que es de noche en el espectador– lograra mantenerse en simpatía con el fueye del vientre, si no precipitara en jadeos insinceros o en excesivos silencios adormecedores su obertura, si dejara apenas vagar sin rumbo fijo su deseo de ser oída para nada (para contar algo que ni ella misma sabe), entonces el siguiente acto...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Hubiéramos deseado una bohardilla tipo Boheme, con altas ventanas &lt;em&gt;trimetiere&lt;/em&gt; en cuarenta y cinco grados que introdujeran, en la fría y melancólica semipenumbra, una melancólica luz cenital entre melancólicas plumas de cigüeña. &lt;br /&gt;Pero el departamento de la Sophienstraße es un monoambiente en el tercer piso visitado por un vago recuerdo de sol, bastante grande, bastante feo, con una enorme estufa a carbón, de mayólicas amarillo maíz, ubicada casi contra la pared del fondo, entre las dos ventanas. &lt;br /&gt;Clara y Morán están solos. Lo que no quita que en un rincón, el Viejo Ciego Harapiento, dormite apoyado en el teclado de su acordeón de utilería. &lt;br /&gt;Acaba de oscurecer. Nuestro héroe, que insiste en probar el &lt;em&gt;Schnaps&lt;/em&gt; (aguardiente) sin conseguir que lo convenza, ya está medio en pedo. Como suele sucederle aún estando fresco, preferiría no tener que hablar: liar y fumarse un negro, pensar sus cosas, los dos o tres tópicos de siempre, roer pacientemente la cuerda de su propia resistencia y dormirse por fin sin pena ni gloria ni sueños. &lt;br /&gt;Pero Clara pregunta y pregunta. Habla un cocoliche con acento prusiano que tiene mucho de &lt;em&gt;jiddische mamele &lt;/em&gt;y un algo de &lt;em&gt;madonna&lt;/em&gt; italiana. A Morán le fascina, le encanta. Toda Clara le encanta. Sus maneras suaves y a la vez firmes. Lo mismo puede decirse de su voz de contralto, transparente, de ricas coloraturas, como si en el mismo registro convivieran el metal y la madera detrás de una dulce veladura. &lt;br /&gt;El tema de sus inquisiciones es casi lo único que tienen en común: el amigo que conocemos como El Alemán y que la historia conoce como Kurt Willkens. &lt;br /&gt;Ante los murmullos displicentes de Morán las preguntas de Clara corren el riesgo de agotarse como una palabra que se repite y se repite hasta quedar desnuda de sentido. Si esto, o algo peor, no ha sucedido todavía, es por el sabio espacio dejado entre una y otra pregunta. Son frases cortas y simples. Las ha venido sembrando al boleo sin prisa ni pausa. Con constancia de gotera: &lt;br /&gt;Que qué te dijo. Que si te dio algo para mí. Que si te habló de mí. Que cómo está. &lt;br /&gt;Pero Morán no está para preguntas, está en otra. La constancia de Clara no lo ha dejado cabecear su gol definitivo en el sueño. No es que se haga el sordo. Está un poco borracho y quiere hacerse el pensador, el importante. Trata de pensar realmente algo &lt;em&gt;importante&lt;/em&gt; para no sentirse deshonesto. Quién sabe no esté celoso. &lt;br /&gt;Influido por la suave y poderosa voz de Clara se pregunta a sí mismo: &lt;br /&gt;¿Clara es tan linda o soy yo que extraño? ¿Faltará mucho para irme? ¿O para sentirme acá como Pancho por su casa? ¿De qué vamos a hablar cuando se entere que soy un otario? &lt;br /&gt;Hay un momento en que Clara se rinde. Se queda mirando por la ventana. Vaya uno a saber qué. La ventana es un rectángulo negro de vidrio helado que ni siquiera permite ver las bambalinas. &lt;br /&gt;A Morán los vericuetos de su alcoholizada memoria lo regresan por fin al guión que nos importa. Desde el fondo de la escena apenas si llegan los acordes de un tango medio húngaro. &lt;br /&gt;Ahora que la muchacha ya no insiste nuestro héroe habla:&lt;br /&gt;–La noche anterior al embarque llegué de mi pueblo y al rato ya estábamos hasta el caracú. Bueno, el Polaco y yo. El Alemán no chupa. Que yo recuerde no dijo nada. Al otro día temprano salía el barco... &lt;br /&gt;–¿Y...? &lt;br /&gt;–¿Y qué? &lt;br /&gt;–¿Y al otro día? &lt;br /&gt;–El Alemán no dijo nada en todo el viaje. El Polaco consiguió prestado un coche... &lt;br /&gt;Morán habla demasiado lento. Arrastrando penosamente las frases hasta dañarlas. Como si se hubiera olvidado la letra y le costara escuchar la voz del apuntador. Esto no crea tensión alguna sino más bien un tedio interminable de película rusa. &lt;br /&gt;Ayudémoslo. &lt;br /&gt;El Polaco consiguió prestado un coche para llevar a Morán al puerto. En el puerto no hubo tiempo de nada. Cuando se estrecharon con el Polaco las palmadas en la espalda sonaron a hueco, como el abrazo de dos tísicos. El Alemán, nada, fumaba un Fontanares. &lt;br /&gt;–Me pescó justo en el arrugue, fichando el barco. Me dio medio cagazo. Me pareció tan grande... &lt;br /&gt;–Kurt... &lt;br /&gt;–El barco. &lt;br /&gt;Tranquilo Chino, susurró al abrazarlo. &lt;br /&gt;–Y acordate: Yo se dice Nosotros”, me dijo, con ese acento tremendo... Habla en criollo peor que vos: »io-se-disse-noshotoros«... &lt;br /&gt;–¿Y eso? &lt;br /&gt;–No sé, siempre nos dice eso. Es como su muletilla. Después dijo que había que prepararse, que hacerse fuertes, que vienen tiempos muy duros. Esas cosas... &lt;br /&gt;En la ventana del fondo, casi invisible detrás del humo de los cigarrillos, se proyecta la imagen del Alemán arengando en el puerto de Buenos Aires a una cuadrilla de Moranes desarrapados. Detrás de los quedos acordes del acordeón del ciego casi ni se oye la cascada voz del líder. Nos llegan frases como »jamás una caricia impulsó un cambio« o bien »la simulación lleva puesto el rostro de la historia... Y así nos va« y otras por el estilo. &lt;br /&gt;–...Y así nos va. &lt;br /&gt;Repite Clara. &lt;br /&gt;–Y así nos vamos, digo yo, digo, nosotros... &lt;br /&gt;–¿...? &lt;br /&gt;–...nos vamos a la mierda. &lt;br /&gt;En la ventana la noche de cartón pintado ha vuelto a sellar la perspectiva. Moran sostiene firme ante sus ojos el vasito de &lt;em&gt;Schnaps&lt;/em&gt;, como si espiara un pez mínimo o un gusanito. &lt;br /&gt;Pero los ojos de Moran no miran ni la mano, ni el líquido incoloro ni el vidrio tosco del vaso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-3694427119934875184?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/3694427119934875184/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=3694427119934875184&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/3694427119934875184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/3694427119934875184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/10/lgendetektor.html' title='LÜGENDETEKTOR'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RxdGfR5Kq9I/AAAAAAAAAgY/vzAV7t_Mh8I/s72-c/l%C3%BCgendetektor.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-5616647506967173940</id><published>2007-09-12T16:12:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:21:09.464+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>SAMMELSURIUM</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rufz4GeL7gI/AAAAAAAAAPo/5wppsgCw5Wk/s1600-h/humboldt01.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rufz4GeL7gI/AAAAAAAAAPo/5wppsgCw5Wk/s320/humboldt01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5109320447410564610" /&gt;&lt;/a&gt;Si Morán oyera otra cosa que voces apagadas. &lt;br /&gt;Si Morán oyera otra cosa que el susurro crepitante de los pasos de los viandantes apurados –de los suyos lentos, entumecidos– sobre la nieve nueva, yendo y viniendo por la plaza que antecede a la Universidad Humboldt y la presenta morosamente sobre la avenida Unter den Linden.&lt;br /&gt;Si Morán oyera el chirrido del &lt;em&gt;tramway&lt;/em&gt;; el grito de grajas y cornejas; el monólogo o el diálogo monocorde de los monumentos.&lt;br /&gt;Si Morán, si cualquier personaje de sainete, digamos, soñado o preexistente, oyera otra cosa que lo que casi todas las orejas ateridas o cubiertas de lana o pieles reconocen oir a estas horas de la tarde cuando la mayoría ya lleva tras de sí un largo día de yugo, cuando la poca luz declina hacia la noche y las lámparas gaseosas de la avenida desnudan aún más los negros esqueletos de los tilos.&lt;br /&gt;Si Morán oyera.&lt;br /&gt;O será que Morán, que lleva atada una bufanda sobre la cabeza precisamente con la intención de protegerse las orejas del frío, no escucha otra cosa que sus propios monólogos interiores que nosotros –dios nos guarde- no vamos a reproducir.&lt;br /&gt;Morán, sordo a casi todo, inclinado ahora contra la base de una de las estatuas erigidas a la memoria de los hermanos Humboldt, hace una pausa en su tarea de repartir panfletos anarcosindicalistas. Levanta una pierna y la deja flexionada a la altura de la rodilla, la suela del zapato pegada al muro. &lt;br /&gt;Arma con pericia un cigarrillo. Lo enciende. &lt;br /&gt;Desde el monumento Alejandro von Humboldt no lo ve. Mira hacia la Unter den Linden. Tiene una vista privilegiada de la avenida que íntimamente agradece y disfruta. No sabría decir porqué le gusta tanto esa calle tan diferente y a la vez tan parecida a la que él transitara en sus años mozos. &lt;br /&gt;En los primeros tiempos del emplazamiento de ambas estatuas, y ante las quejas de su hermano, pensaba que hubiera preferido otro lugar para el homenaje, bajo otros árboles, en un bosque frente a un lago o frente al mar… al menos frente al Spree. En todo caso una eternidad con vista a la madre de todas las cosas.&lt;br /&gt;No tardó en comprender que de alguna manera la calle bajo los tilos es también un río. Cauce de devenir, gárgola de transcurso, narración en perpetuo presente. &lt;br /&gt;Ahora mismo piensa en Psamenito, aquel rey de los egipcios derrotado por Cambises. Y como una cosa trae la otra, Psamenito le trae a Herodoto.&lt;br /&gt;Pero entonces siente sobre su cabeza y sus hombros, como cada día, cagar a las palomas. Y al ver aterrizar muy cerca una corneja trata de acordarse del nombre vulgar de la &lt;em&gt;Limosa lapponica baueri&lt;/em&gt;, el pájaro que realiza los vuelos migratorios ininterrumpidos más largos. &lt;br /&gt;Recuerda en voz alta que él mismo descubrió y estudió la subespecie y una vez llegó a observar un ejemplar de las »colipintas« que alcanzó a sumar 11.500 kilómetros volando sin parar entre Alaska y Nueva Zelanda. &lt;br /&gt;Su memoria caprichosa e invicta le muestra una de las tapas del Libro de la Historia. Herodoto fue el primero en hablar de Psamenito, el primero de una serie reducida de queridos e inefables maestros. Según Herodoto Cambises se propuso humillar al egipcio: dio orden de colocar a Psamenito en la calle por donde debía pasar la marcha triunfal de los persas. Además dispuso que el prisionero viera a su hija pasar como criada, con el cántaro, camino de la fuente. Mientras todos los egipcios se dolían y lamentaban ante tal espectáculo, Psamenito se mantuvo aislado, callado e inmóvil, los ojos dirigidos al suelo.&lt;br /&gt;En esto nunca van a ponerse de acuerdo con Guillermo. Uno mantiene la vista al río, al río que es otro y es el mismo. El otro mira las páginas pétreas de una enciclopedia.&lt;br /&gt;De hecho, trescientos años después, Berlín ya es una ciudad encapsulada, un shopping burocrático tan parecido a tantos otros centros de Europa que hay que bucear en sus reliquias, desenterrar sus hitos de postal para reconocerla. &lt;br /&gt;Sin embargo ahí siguen los dos, sentados a pocos metros de distancia, el uno meditando con un libro enorme sobre las piernas, el otro contemplando muy serio peces, aves, paseantes. &lt;br /&gt;Le viene a la memoria un largo pico y se acuerda: ¡Aguja!, pájaro aguja le llamaban en Alaska. A diferencia de otras aves migratorias, que se detienen para comer y descansar durante sus largos viajes, la aguja no deja de volar hasta que llega a su destino. &lt;br /&gt;A un par de metros más allá Guillermo von Humboldt, algo díscolo, acaso sin resignarse del todo a la piedra, guarda en cambio hacia la gran avenida una especie de acritud rencorosa, de desprecio. En todo caso una actitud más crítica. Suele pensar que fue la nociva influencia de los Hugonotes sumada a la guapeza advenediza de Napoleón lo que la trazó tan voluble, tan tilinga, en fin, tan afrancesada (aunque en el fondo sospeche que no es cierto, que es apenas el eco de un mal recuerdo, de una esquina demasiado cercana y su malsana sombra lo que le agria el panorama). Sin tratar de disimular su mal genio en este mismo momento le recuerda a su hermano que Psamenito tampoco se inmutó al ver pasar a su hijo con el desfile que lo llevaba a su ejecución. Recién cuando reconoció entre los prisioneros a uno de sus criados, un hombre viejo y empobrecido que apenas conocía, sólo entonces comenzó a golpearse la cabeza con los puños y a mostrar todos los signos de la más profunda pena. &lt;br /&gt;Pero Alejandro lo interrumpe: nos llevó años (entonces no teníamos satélites sino tan sólo nuestros lápices afilados y un par de buenos cristales ópticos). Juntos hicimos ese arduo trabajo de medir el vuelo migratotorio de la &lt;em&gt;Limosa lapponica&lt;/em&gt;. Vos la dibujaste me acuerdo en tu cuaderno. Yo registré su primer récord de camino al norte, cuando voló sin escalas 10.200 kilómetros hasta Yalu Jiang, en China. Después se desplazó otros 5.000 kilómetros hasta Alaska, que es el lugar que estas aves eligen para ir a reproducirse. &lt;br /&gt;La historia, las historias, éstas o cualesquiera, permiten recapitular sobre la condición de la verdadera narración. La información cobra su recompensa exclusivamente en el instante en que es nueva. Sólo vive en ese instante, debe entregarse totalmente a él, y en él manifestarse. &lt;br /&gt;En cambio la narración no se agota. Mantiene sus fuerzas acumuladas, y es capaz de desplegarse pasado mucho tiempo.&lt;br /&gt;Mirá que bonita se la ve iluminada!&lt;br /&gt;La verdad es que Guille von Humboldt no soporta esta callecita ampulosa y decadente. Alex la ama. No se aburre de junar el paisaje. El hormigueante homenaje de sus hijos y nietos. Su mirada (siempre tuvo muy buena vista) barre como una lenta bola de gozo voyerista desde la Opera, enfrente, pasando por incontables edificios hasta hacer &lt;em&gt;streik&lt;/em&gt; en las recias columnas de la Puerta de Brandemburgo. &lt;br /&gt;Hermano: esta es la calle de Psamenito, la vía de César y la ruta de la seda. El río completamente otro es siempre el mismo. El pájaro voló durante siete días sin interrupciones hasta recorrer los 11.500 kilómetros que separan las dos regiones, situadas en diferentes hemisferios. &lt;br /&gt;Aunque a pesar de los esfuerzos realizados –la valiosa colaboración de las autoridades civiles y militares- hacia finales del siglo XXIII sin ir más lejos, no fue posible encontrar un solo descendiente de los personajes, centrales o secundarios, de nuestro Sainete. &lt;br /&gt;Sólo los monumentos están en pie. &lt;br /&gt;Y es así que Montaigne, que nunca camino por estas calles, volvió a la historia del rey egipcio, preguntándose: ¿Por qué sólo comienza a lamentarse al divisar al criado? Y el mismo Montaigne responde: «Porque estando tan saturado de pena, sólo requería el más mínimo agregado, para derribar las presas que la contenía.» &lt;br /&gt;Eso según Montaigne. Pero asimismo podría decirse: «No es el destino de los personajes de la realeza lo que conmueve al rey, por ser el suyo propio». &lt;br /&gt;0 bien: «Mucho de lo que nos conmueve en el escenario no nos conmueve en la vida; para el rey este criado no es más que un actor.» &lt;br /&gt;0 aún: «El gran dolor se acumula y sólo irrumpe al relajarnos. La visión de ese criado significó la relajación.» &lt;br /&gt;Herodoto no explica nada, piensa Alex y se le dibuja una leve sonrisa cuando llega la primavera y los tilos retoñan otra vez. &lt;br /&gt;Se dice a sí mismo “todo permanece explotando en su caótico fluir” y un grato cosquilleo le sube hasta la nuca calcárea. &lt;br /&gt;Hasta los cambios de las modas, cada una de las novedades que aportan los transeúntes o esos carruajes que prescinden de la tracción a sangre: apenas impulsados por el prometeico hálito del talento humano, ¡esas berlinas de coloridos y pulidos lomos con sus maravillosas tosesitas humeantes.&lt;br /&gt;Guille, en cambio, echa de menos el trote herrado de los caballos, observarlos pasar con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;Alejandro insiste (Guillermo, olfateando el humo del cigarro de Morán, ya no lo oye): ya de por sí nos sorprendió muchísimo cuando voló 10.200 kilómetros hasta China pero el hecho de que pudiera volar 11.500 kilómetros sin parar fue algo que 200 años atrás hubiera sido impensable. Entonces creíamos que un vuelo de 6.000 kilómetros era extremadamente largo.&lt;br /&gt;En ese mismo momento, a sus pies, Morán, tan sordo como siempre, silbando “El Ciruja”, reparte volantes libertarios a la muchachada que entra, sale, pasa o simplemente espera por allí, por los jardines blancos de la Humboldt Universität. &lt;br /&gt;De golpe el tiempo pasa. &lt;br /&gt;Se va haciendo tarde. &lt;br /&gt;Son pocos los estudiantes que se demoran todavía. &lt;br /&gt;Como si esperara algo o a alguien Morán sigue ahí, casi confundido con la nieve. Dejemoslo por ahora. &lt;br /&gt;Es tardísimo. &lt;br /&gt;En fin, ojalá estemos aún en condiciones de provocar sorpresa y reflexión. &lt;br /&gt;Ojalá este Sainete se asemeje a las semillas de grano que, encerradas en las milenarias cámaras impermeables al aire de las pirámides, conservaron su capacidad germinativa hasta nuestros días. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nuestro agradecimiento, entre otros, a Walter Benjamin y a ELPAIS.com edición del 12/09/2007)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-5616647506967173940?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/5616647506967173940/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=5616647506967173940&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/5616647506967173940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/5616647506967173940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/09/sammelsurium.html' title='SAMMELSURIUM'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rufz4GeL7gI/AAAAAAAAAPo/5wppsgCw5Wk/s72-c/humboldt01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-985000567671760835</id><published>2007-09-12T12:10:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:22:13.747+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>NACHTANGRIFF</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rue7SmeL7fI/AAAAAAAAAPg/XVWCNKi8FpU/s1600-h/mapa03.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rue7SmeL7fI/AAAAAAAAAPg/XVWCNKi8FpU/s320/mapa03.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5109258230514314738" /&gt;&lt;/a&gt;Después del mercado, sin cambiarse la pilcha ahumada de fritanga, Morán se perdió en la fiesta. El pueblo todo era la fiesta. El epicentro: la cancha del Club Empleados Comercio. Terminada la doma, la gente se apilaba junto al tinglado que hacía de escenario o al quincho que expendía bebidas y choripanes. &lt;br /&gt;La Típica Gancedo de Bahía Blanca, con cantor y todo, alternaba con Los Hermanos Díaz, un trío autóctono –acordeón y guitarras– que hacía rancheras, chamarritas y pasodobles.&lt;br /&gt;Morán bailó y bebió todo la noche. Reencontró una novia en los brazos de quien otrora se perfilara como su mejor amigo, el Tate, que en realidad era, en su recuerdo, el silencioso compañero de banco, desde primero inferior hasta mitad de sexto, cuando Morán dejó la escuela.&lt;br /&gt;Hubo patéticas escenas, inspiradas por las musas mistongas de los vinos berretas: reproches, juramentos de amistad y amor eternos, celos fingidos, envidias solapadas, miradas lascivas de coté.&lt;br /&gt;El grupo se fue agrandando hasta formar un corro molesto, un coro ebrio de ojos extraviados, comisuras espumosas, respiraciones cortas y silbantes, escotes y axilas sudorosas.&lt;br /&gt;Morán los abandonó sorpresivamente –con el viejo truco: ya vengo voy al baño– más o menos a la hora que comprendió que el haber vuelto de la capital después de tanto tiempo, sumado al hecho de irse del país en dos días, le otorgaba una suerte de poder sobre los otros que lo llenaba de desagrado, vergüenza, tristeza.&lt;br /&gt;Caminó sin dirección por el pueblo vacío. En alguna de esas vueltas llegó al arroyo. Sintió una incómoda tensión en el puño izquierdo. Descubrió que sujetaba una botella de vino. Supo que tenía miedo de volver a casa de su madre.&lt;br /&gt;Hacía demasiado calor. &lt;br /&gt;Bebió. El vino estaba tibio. &lt;br /&gt;Hubiera querido componer sus ideas, su torpeza alcohólica, ahuyentar demonios, enfrentar ese miedo estúpido por el que estaba a punto de agenciarse un lugar fresco a la intemperie donde pasar la noche. &lt;br /&gt;Hubiera querido no pensar, o pensar en otra cosa, en cualquier cosa menos en su hermana.&lt;br /&gt;Cerró los ojos. &lt;br /&gt;Pasaron algunos segundos vacíos, tal vez no fueran muchos sino los mismos varias veces, dos o tres instantes escupidos por un vórtice invisible que los absorbía voluptuosamente para luego volverlos a escupir. &lt;br /&gt;Abrió los ojos. Algo volvió a cerrarlos. &lt;br /&gt;Ahora el mundo daba violentos giros. Se preguntó si en esa oscuridad prenatal también su madre debía haberse licuado ¡cuántas veces! en ese mismo paroxismo.&lt;br /&gt;Miró el agua: la corriente parecía aquietarlo todo. Ese icono perfecto del transcurso, de la sucesión, del movimiento perpetuo, transmitía una sensación de quietud tranquilizadora. &lt;br /&gt;De esa contemplación lo distrajo una voz que repetía una frase: “a varios metros bajo el nivel del mar, estamos a varios metros bajo el nivel del mar, a más de quince metros bajo el nivel del mar”. La voz parecía llegar desde la otra orilla. &lt;br /&gt;De golpe la reconoció. Era la suya. &lt;br /&gt;Le dio miedo. Tenía frente a sí esa corriente clara y sin embargo el mundo se le antojaba muerto. &lt;br /&gt;Lo único que tengo frente a mí es la corriente clara, este caudal insomne, da igual llamarlo Océano Atlántico o Arroyo Vayimanca. Estoy como veinte metros más abajo... ¿Cómo voy a hacer para cruzar el charco?  &lt;br /&gt;El aire quemaba. Se balanceó. Corrigió su desequilibrio con la ayuda de un árbol. Le pareció que desde muy lejos le llegaba una sensación desagradable. Era un mensaje. Un mensaje táctil que provenía de su mano. La corteza. La corteza del árbol era de tergopor. &lt;br /&gt;De pronto todo le resultó de una torpeza, de una falsedad demasiado evidente. Quiso agacharse, tocar el agua, denunciar la escenografía berreta de todo; comprobar, demostrar en la evidencia del cauce trucho la falsedad del mundo. &lt;br /&gt;Entonces se golpeó la cabeza. Lo que tenía delante no era el río sino la puerta de la casa de su madre.&lt;br /&gt;Porfió con el picaporte. Pensó en la llave bajo la maceta pero le pareció que ya no podría volver a agacharse. &lt;br /&gt;Chorreaba. Tuvo que golpear. Le abrieron.&lt;br /&gt;Estaba recostado ya en el catre, vestido. &lt;br /&gt;El catre no acababa de aterrizar. La alfombra voladora.&lt;br /&gt;–Ni bien claree te hago unos mates y te despierto. El tren sale a las siete...&lt;br /&gt;El silencio de la pequeña casa había puesto en funcionamiento su primitivo mecanismo de ruedas dentadas bajo cuya acción trituradora acababan de caer las palabras de Doña Celina.&lt;br /&gt;La voz de la vieja ciega nacía muda. Parecía sonar en la imaginación del cuarto. La gula del silencio lo devastaba todo desde el límite mismo de su señorío, arrancando de cuajo la más leve respiración, el más leve suspiro, con lo cual, el ambiente se volvió irrespirable. &lt;br /&gt;Doña Celina venció todos y cada uno de los obstáculos. Empezó con un surtido de largos suspiros y cortas quejas en contrapunto. De a poco llegaron las primeras palabras, nombres, fechas. Hasta que por fin inició su habitual monologo de recuerdos, cacareos, consejos. Algunos eran recortes de la misma grabación de siempre, otros acababan de salir, producto mutante de diferentes sucedidos mutilados pegados con el moco eficiente del delirio.&lt;br /&gt;–Las cosas siempre estuvieron más o menos así, o pior, no te vas a creer. Ya no me acuerdo bien... Y que conste que a mi me criaron en los ranchos. Pero mi gente era de a desierto. Por eso el finado tu padre que en paz descanse cuando quería hacerse el malo o para jatarse jetoneando con los del clú me llamaba Vatiuca. Decía q´era una cautiva al revés, al verre decía, eso decía... Una vieja Vatiuca, decía.   &lt;br /&gt;Morán no escuchaba. Tampoco dormía. Tieso como un paquete de pastillas Renomé. No podía cerrar los ojos sin que el estómago se le trepara a la cabeza y los intestinos se le mezclaran al triperío del cráneo.&lt;br /&gt;–La finada tu abuela esa sí que era bruja, buena era, si vieras como quería enseñarme de chiquita. Pero yo ya de chiquita nomás ya no veía y se me fue el tiempo, se me pasó el tiempo aprendiendo a mirar con las manos. Reconocer los yuyos buenos, curar el empacho, eso sí, el mal de ojo y la verruga... De ahí no pasé. En el fondo le perdí la creencia cuando quedó bien claro que no me iba a poder curar lo de los ojos. &lt;br /&gt;Olvidado completamente del chapuzón en el arroyo, sentía que su excesivo sudor era la despedida definitiva de millones de partículas imprescindibles sin las cuales sería inútil seguir viviendo. Podía sentir y seguir el derrotero de cada uno de los múltiples recorridos de ese desagote final vagando por su cuerpo. &lt;br /&gt;En qué momento ese sudor se convirtió en cosquillas y las cosquillas en caricias no lo supo.&lt;br /&gt;Con virtuosa lentitud de caracol y dedos de libélula del cine mudo –un manoseo torpe, tímido, tembloroso, más tarde firme e implorante–, Laurita lo fue amasando y desnudando como si lo deshojara. &lt;br /&gt;Amarrándose firmemente de su pija, como si asegurara de un lanzazo a tierra el equilibrio cósmico o la llave pringosa de la máquina del silencio, montó la alfombra voladora.&lt;br /&gt;Mientras tanto la voz de la madre siguió poblando el cuarto de fantasmas y olores de extintos pucheros: habló de un hijo perdido al nacer, de un marido perdido al morir, de un overo rosado de largas patas de ñandú...&lt;br /&gt;–Lo único que tuvimos y que al final ni tuvimos... si hasta me parece estar oyéndolo ahora mismo galopar y galopar y galopar desenfrenado alrededor del rancho, tratando de entrar a que le den su grano, haciendo temblar el piso, las tablas, los cacharros...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-985000567671760835?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/985000567671760835/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=985000567671760835&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/985000567671760835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/985000567671760835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/09/nachtangriff.html' title='NACHTANGRIFF'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rue7SmeL7fI/AAAAAAAAAPg/XVWCNKi8FpU/s72-c/mapa03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1762044092141082301</id><published>2007-08-30T13:41:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:22:13.747+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>MÄDCHENHAFTIGKEIT</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtatxaM21LI/AAAAAAAAAPY/5P0MHwEwK0I/s1600-h/m%C3%A4dtchen.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtatxaM21LI/AAAAAAAAAPY/5P0MHwEwK0I/s320/m%C3%A4dtchen.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5104458292029478066" /&gt;&lt;/a&gt;Tengo pocos recuerdos de cuando Laura era chiquita. La enorme diferencia de edad, supongo. Me fui de casa con veintitantos, cuando ella tenía siete u ocho. Mis recuerdos del pueblo casi no la incluyen. Para cuando ella llegó yo casi ya no estaba; no atesoraba nada, las cosas pasaban alrededor sin echar sombra. Quiero decir, Laura nació cuando lo único que yo hacía lo hacía para irme (y así todo mirá que me llevó años). &lt;br /&gt;¿Laurita qué tendría? ¿Cinco? Volvíamos de lo de Calunga. El tren pasaba más cerca de su chacra que del pueblo, así que usábamos su galpón como depósito de los materiales que llegaban de Bahía o Buenos Aires. Yo disponía casi siempre de la chata. Esa tarde la traía cargada de vidrios. Vidrios para la iglesia, enormes, que habíamos trabado desde atrás y pasaban por arriba del pescante, por arriba de nuestras cabezas. Laurita vino todo el camino vigilando el cielo a través de los vidrios. Era uno de esos días típicos de octubre, esos días en que el sol va y viene entre nubarrones. &lt;br /&gt;Por´ai va y me dice : –ya se larga. &lt;br /&gt;Recuerdo que miré yo también para arriba. Eran dos o tres gotas nomás. Pero gruesas, como de chubasco de verano. Habían estallado contra el vidrio, encima de su frente, con una certidumbre suicida. &lt;br /&gt;–Esas no son gotas, le dije, por joder, –son cagadas de pájaro. &lt;br /&gt;No dijo nada, se quedó mirando la marca de las gotas en el vidrio con la boquita abierta. Yo me quedé viéndola mirar, mirándole los ojos mirar las gotas. No sé si era el traqueteo de la chata lo que hacía que su boca temblara levemente. Me pareció oírla imaginar un pájaro que pudiera cagar así, tan transparente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1762044092141082301?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1762044092141082301/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1762044092141082301&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1762044092141082301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1762044092141082301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/08/mdchenhaftigkeit.html' title='MÄDCHENHAFTIGKEIT'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtatxaM21LI/AAAAAAAAAPY/5P0MHwEwK0I/s72-c/m%C3%A4dtchen.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-170444767093654679</id><published>2007-08-29T12:49:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:22:13.747+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>LAUSBUBENSTREICH</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtVPgKM21KI/AAAAAAAAAPQ/pjVXMjPhGkQ/s1600-h/lausbubenstreich.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtVPgKM21KI/AAAAAAAAAPQ/pjVXMjPhGkQ/s320/lausbubenstreich.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5104073166607013026" /&gt;&lt;/a&gt;Desde que te fuiste el aire acá se ha puesto irrespirable. Al principio me dije: en cuanto mamá se muera me voy para la capital. Pero mamá no está tan vieja como ella quisiera y aparte de que le chifla, está más sana que vos y yo juntos. &lt;em&gt;Lampyris noctiluca&lt;/em&gt;. También llamado cocuyo. Está cada día más insoportable. Este insecto esta dotado de unos órganos especiales que le permiten emitir luz. Asunción dice que nos va a enterrar a todos. Te juro que a mí no. Es un coleóptero de tegumento blando que se alimenta solamente en estado larvático. Una luciérnaga adulta no come. No sé que le ha dado últimamente. Me apaga las luces, hasta la lámpara de la máquina de coser mientras trabajo. Dice que hay que ahorrar. La &lt;em&gt;Elateridae&lt;/em&gt; o saltapericos posee en el lomo del protorax unas manchas ovaladas de color blanco amarillento verdoso que emiten por las noches dos luces de color verde. Ella dice que ve el resplandor y le molesta. Pero el doctor Mariani nos ha dicho mil veces que es mentira, que la ceguera de mamá no distingue el día de la noche. La &lt;em&gt;Lampridae&lt;/em&gt;, por ejemplo, cuyos faros están localizados en los dos penúltimos segmentos ventrales. Hace algún tiempo que ando con un muchacho del Bragado que vive en la Capital. Es viajante. No es muy joven que digamos pero es un buen hombre. En cambio en el &lt;em&gt;Fengodidae&lt;/em&gt; –o isondu en guaraní– los órganos luminosos están dispuestos en cada segmento del cuerpo, un par en cada segmento, todos irradiando luz verde, menos el primero y el ultimo, que emiten luz roja. Me dice que me quiere mucho. Que me puede ayudar si me decido. Pero esta luz es fría, sin calor y es producida por una sustancia llamada luciferina, según unos y por bacterias luminosas, según otros entomólogos. Que no me quiere presionar pero que no me va a esperar toda la vida. Ay, Chino, yo se que vos me has de entender. La hembra se asemeja a un gusano –por carecer de alas y élitros– tiene patas cortas y el abdomen muy prolongado formado por anillos negruscos de borde amarillo que despiden una luz fosforescente. No hago más que pensar y pensar desde hace meses. Te extraño tanto... Me consuelo pensando que si estuvieras aquí todo sería peor, al menos para mí. Sólo los machos vuelan. No voy a esperar a estar segura porque ese día no va a llegar nunca. El brillo de las hembras no se puede explicar solamente como un medio de comunicación sexual. Me voy Chino. No te preocupés. La vieja va a poder sola con el puesto. Las larvas también brillan. Todo el mundo la conoce y la quiere. No me odies. De hecho se ha comprobado que las luciérnagas viejas brillan para parecer más atractivas. No me escribas acá porque me fui. En cuanto tenga una dirección en la Capital te la mando. No me olvides. &lt;br /&gt;Te quiere, siempre. &lt;br /&gt;Tu &lt;em&gt;Laura&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-170444767093654679?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/170444767093654679/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=170444767093654679&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/170444767093654679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/170444767093654679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/08/lausbubenstreich.html' title='LAUSBUBENSTREICH'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtVPgKM21KI/AAAAAAAAAPQ/pjVXMjPhGkQ/s72-c/lausbubenstreich.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-9096213167093948794</id><published>2007-08-28T12:59:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:22:13.748+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>KURTIEMBRE</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtQAYqM21JI/AAAAAAAAAPI/MKrm5YFi2AY/s1600-h/kurt.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtQAYqM21JI/AAAAAAAAAPI/MKrm5YFi2AY/s320/kurt.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5103704701362689170" /&gt;&lt;/a&gt;El anarcosindicalista alemán Kurt Gustav Wilckens jamás había empuñado un arma. Era tolstiano y como tal, vegetariano y pacifista. Desertor de la Gran Guerra, emigró a los Estados Unidos. Algunas versiones sostienen que en 1919 andaba por Chicago, trabajando en una enlatadora de pescado de la que fue despedido -y más tarde deportado- por encabezar un boicot junto a otros operarios. &lt;br /&gt;Hasta aquí las fuentes derrapan en la incerteza y se contradicen. &lt;br /&gt;Lo cierto es que en el 21 llega a Buenos Aires. &lt;br /&gt;El 25 de enero de 1923, en el barrio de Palermo, asesina al Coronel Varela, principal responsable de la matanza de más de mil trabajadores en las huelgas patagónicas de 1921.&lt;br /&gt;Venganza clasista criminal para algunos, heroico arrojo justiciero para otros, estas acciones individuales eran ya tradición entre los libertarios. Similar al caso Radowinsky de unos diez años antes: un militante se ofrece secretamente como victimario o instrumento de un acto simbólico colectivo que los anarquistas denominan Justicia Proletaria.&lt;br /&gt;El atentado fue fría y solitariamente preparado por Wilckens. Para evitar comprometer a sus dos compañeros de vivienda y militancia les ocultó su plan. Aprovechando la gran influencia que ejercía sobre ambos, los convenció de emprender un viaje. El Polaco se fue a España. A Morán, criollo de cepas bonaerenses, lo mandó a Alemania. Haciendo uso de sus contactos con el movimiento libertario alemán –era corresponsal de dos diarios anarquistas, uno de Hamburgo y otro de Berlín– consigue ubicar a Morán en la capital de la República de Weimar.&lt;br /&gt;Es en Berlín donde Morán se entera del atentado justiciero pergeñado por su amigo y meses después, de su asesinato en la cárcel, en manos de un miembro de la Liga Patriótica.&lt;br /&gt;Difícil entender cómo se siente. Lo suponemos a los manotazos en medio de un paroxismo de contradicciones: tan orgulloso como triste, tan traicionado como agradecido, tan inútil como usado. Es decir, se siente un pelotudo. Comprende recién ahora el verdadero motivo de su viaje. &lt;br /&gt;Ahora bien: nos escribe Feliciano Salazar desde algún rincón del caribe formoseño y nos dice: »Sería interesante saber algo más del pasado sudaca de Morán. Un párrafo al menos«.&lt;br /&gt;Estamos a punto de cumplir con su pedido, querido Feliciano, cuando, mirando en perspectiva el mapa existencial de nuestro héroe, advertimos un inexplicable salto cronológico. &lt;br /&gt;Es decir: los números no cierran: Morán salió de Buenos Aires en octubre del ´22, no ha cumplido todavía dos años en Berlín y ya estamos en 1929. &lt;br /&gt;Cosa e´mandinga. &lt;br /&gt;(Uno a veces se mira las manos, la palma de las manos y no encuentra ni la línea sentenciosa y reparadora de lo sucesivo ni el rayo revelador de lo simultáneo y comprende que a ciegas pero ágil, rápidamente, debe tomar ciertas medidas, subrepticias, de una parcialidad tan pasmosa que han de quedar impunes). &lt;br /&gt;Queridos lectores: aquí y ahora nos ponemos de pie y decimos: Es llegada la hora de aclarar ciertas cosas con la firmeza y la vertiginosa seguridad de los fundamentalistas y de los manifiestos de vanguardia: Éste y otros misterios jamás serán aclarados. &lt;br /&gt;Ojo: aquí no se le pide al lector ningún acto de arrojo. Tampoco se nos acuse de falta de generosidad o de maltrato o de conminar a la complicidad o al cohecho. &lt;br /&gt;Se trata apenas de arrojar al fuego varios almanaques y, tal cual el lector salteado, pasar ese centenar de páginas en blanco y asomarse al aquí y ahora que proponemos, es decir, ver qué pasa en el Berlín del ´29. &lt;br /&gt;Por el momento anotamos lo más obvio: primera gran crisis del capitalismo. Las consecuencias de la Depresión y la incompetencia de la coalición serán desastrosas para la República de Weimar. El Nacionalsocialismo crece y se fortalece al calor de la estupidez de los democristianos, la izquierda y la socialdemocracia. Aparece Berlín-Alexanderplatz de Alfred Döblin. Se cumplen diez años del asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht.&lt;br /&gt;Y en medio del cambalache claroscurista nuestro andrajoso muñeco.&lt;br /&gt;Si. Como ya se dijo más arriba, Morán está forfai. Atormentado por ideas y sentimientos que no entiende, lleva un par de años en la capital alemana sin saber bien cómo ni porqué. Trabaja como un burro en una fábrica y milita incansablemente junto a su amiga Clara.&lt;br /&gt;A propósito, puede ser que más de un dato sea históricamente falso. A veces por desconocimiento, por distracción, por negligencia. Otras, las menos, por necesidad narrativa. Esperamos que a nadie le importe mucho. &lt;br /&gt;En una proporción similar, algunas de las cosas que se cuentan son ciertas y otras no.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-9096213167093948794?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/9096213167093948794/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=9096213167093948794&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/9096213167093948794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/9096213167093948794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/08/kurtiembre.html' title='KURTIEMBRE'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RtQAYqM21JI/AAAAAAAAAPI/MKrm5YFi2AY/s72-c/kurt.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1508276024139933476</id><published>2007-08-16T12:00:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:22:13.748+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>GEBURTSTDATEI</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RsQg_KM21GI/AAAAAAAAAOs/wUS-ZRxwyCI/s1600-h/moran.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RsQg_KM21GI/AAAAAAAAAOs/wUS-ZRxwyCI/s320/moran.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5099236947532371042" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando Morán nació no pasó nada. Ni mucho ni poco. Nada de nada. De una manera excepcional: una especie de coincidencia cósmica, o de error, por lo demás absolutamente improbable. Un brevísimo instante universal de nada. &lt;br /&gt;Quien observe su carta natal encontrará indecisiones astrales que apuntan más y más hacia la sospecha de un error momentáneo en el movimiento perpetuo del sistema. &lt;br /&gt;Allí está, no hay más que verlo, trazado en signos consagrados por la geometría, la exactitud axiomática del acto y la sombra de las probabilidades: en el instante exacto en que Morán vio la luz, debieron de suceder una cantidad de hechos que por varias razones concatenadas –azar, error de cálculo, desidia, azar, imprevisión, azar, incompetencia del obstetra, cansancio cósmico– tuvieron lugar un segundo antes o un segundo después. &lt;br /&gt;Por supuesto que esto influyó de manera definitiva en el destino de nuestro héroe. Él murió sin saberlo. &lt;br /&gt;No es raro. Lo excepcional de su nacimiento no fue advertido por nadie (es también por este motivo que la serie de coincidencias negativas –negativas en su condición de no-sucesos– que no tuvieron espacio ni tiempo en el instante de su llegada al mundo, aunque sean tan intrascendentes son a todas luces verosímiles. &lt;br /&gt;Por un lado debido a la novedad. Nada más verosímil que una novedad. La mentira más guasa, si se oye por primera vez, se cree. &lt;br /&gt;Por otro lado la innegable futilidad del no-suceso. Quién no creería en algo tan inocentemente inútil. Cualquiera está dispuesto a creer en la inocencia y más aún cuando ésta se confunde con la estupidez. Porque haciendo las cuentas pertinentes y sopesando radiaciones e influencias se comprueba la hipótesis: astrológicamente la singularidad de su nacimiento no le dio ventajas. Podría afirmarse incluso que tampoco lo perjudicó. A la hora de ayudarlo o de joderle la vida los Dioses titubearon o se hicieron los giles. En el mejor de los casos, no se pusieron de acuerdo. Frente a tal o cual Casa; frente a este o aquel probable hito de su existencia: ¿A qué jurisdicción le corresponde darle o quitarle algo a este hombre? ¿Dónde Marte debería haberle atizado su beligerancia o Saturno insuflado su caótica sabiduría? &lt;br /&gt;No hubo caso. Morán estuvo siempre entre dos o más fuegos. Y si al fin una bala perdida llevaba estampado su nombre se debió más a su propia ansiedad fatalista –a su inconfesable berretín de no ser– que a un acto previsto en la abigarrada agenda del Olimpo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1508276024139933476?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1508276024139933476/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1508276024139933476&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1508276024139933476'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1508276024139933476'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/08/geburtstdatei.html' title='GEBURTSTDATEI'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RsQg_KM21GI/AAAAAAAAAOs/wUS-ZRxwyCI/s72-c/moran.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1371852265783888469</id><published>2007-07-13T18:27:00.000+02:00</published><updated>2007-10-24T14:22:30.071+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>ONKELBRIEF</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rpeqe2y52fI/AAAAAAAAAMs/OX_K9frbffw/s1600-h/san+osvaldo.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rpeqe2y52fI/AAAAAAAAAMs/OX_K9frbffw/s320/san+osvaldo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086721751220083186" /&gt;&lt;/a&gt;APUNTES DESDE EL DESTINO&lt;br /&gt;(carta del Tío del Gato) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente esto no fue así pero hoy se nos antoja que en las interminables discuciones de las tertulias habituales de la calle Bolivar se barajaban todas las cartas y se ponían boca arriba, develándose, al menos para los pendejos hinchapelotas que eramos entonces, alguna que otra hilacha del misterio. &lt;br /&gt;Aquellos personajes que poblaron las sobremesas de nuestra infancia eran portadores fervorosos de verdades disímiles y enfrentadas, y como rara vez concedían al otro la razon, a casi todos ellos su vehemencia los había provisto de irascibles vozarrones dispuestos a sonar un decibelio más arriba que su equivocado contrincante.&lt;br /&gt;Un paneo más o menos fiel de esas tardes podría iniciarse con la voz aristocrática y cascada de Tío Jorge sosteniendo, con pruebas orales según él irrefutables aportadas por ilustres amigos, que el Tango nació en el barrio de Palermo –su barrio– en los burdeles del arroyo Maldonado –y en otros algo más elegantes, cerca de los Portones–, “allá por la década del 80”, y que “la gente honrada” no lo bailó sino hasta los 20, cuando volvió, triunfal y afrancesado, de París.&lt;br /&gt;Generalmente no lograba terminar su discurso. Su apacible carácter –tan inusual entre nosotros– no le permitía imponerse ante las interrupciones de los presentes.&lt;br /&gt;Don Ezequiel, por caso, hermano de mi abuela, socialista y docente de la escuela Normal, esgrimía, al ritmo amenazador de su dedo índice, todo el calibre de su indignación para afirmar a voz de cuello que “esa falacia (aunque seguramente la palabra por el usada hubiera sido “embeleco”) huele a tilinguería conservadora” y que el Tango, “como cualquier criollo debe saberlo, tiene sus orígenes en los arrabales rurales y proletarios y es hijo legítimo de una guitarra gaucha y un organito alemán pulsado por un italiano”.&lt;br /&gt;A partir de cierto momento las opiniones importaban menos que el filo de las frases y uno podía apreciar el caudal admirable que adquieren las voces mediterráneas cruzadas con el aullido ranquel. &lt;br /&gt;Tarde o temprano se llegaba al caos total. La cosa podía terminar realmente mal. Retruques burlones que disparaban insultos, soterradas facturas que atizaban viejas querellas. Recuerdo algún llanto de mujer y cierto sonoro cachetazo que quedó estampado en bronce en la saga oral de la familia. &lt;br /&gt;Los pocos finales calmos o hasta felices dependían de las salidas desconcertantes de “Tío” Lucio –de cuyo parentesco no estábamos seguros y solo años después vinimos a saber que era el amante de mamá–. Solía mantenerse al margen hasta que la cosa se ponía realmente caliente, para entonces disparar a quemarropa alguna ocurrencia que para casi todos no era más que un disparate pero que surtía el piadoso efecto de despertar sonrisas en el rostro más fiero.&lt;br /&gt;–El Tango, la verdad sea dicha, no nació en Buenos Aires, ni en Montevideo ni en París… el Tango nació cerca de la localidad de Edén, un rato después de la expulsión del Paraíso– le escuchamos decir alguna de esas tardes y se nos quedó a vivir la frase (el fresco de Adán y Eva bailando El Entrerriano en cierto claro del Parque Lezama no me abandona desde entonces).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imágen “pasión-latina” con que esos shows internacionales insisten en engordar el imaginario europeo, cebado a lo largo del tiempo por una serie de pateticos equívocos, conforman el cliché que la propaganda manda, y manda cruel, en el cartel. &lt;br /&gt;Ese cliché todavía recoge aplausos e interesantes ganancias: &lt;br /&gt;a) Compás exacerbado donde juegan al truco la simetría y la síncopa. b) Después de sugerentes jadeos el fueye acaba, desparramándose a un costado y otro de la silla. c) La demasiado maquillada sensualidad de demasiadas piernas cruza una y otra vez el empedrado. d) Salta como un cosaco al centro de la escena el macho silvestre, herecia del gaucho y del cafishio marsellés (que allí, en los grandes escenarios del mundo, exhala el sudado exotismo de gitano trucho). e) Aparece un tenor veterano y lloroso. f) Declama letras que no son sólo la mismisima e irremediable tristeza sino también la espúria duda de haber sido y el resentido dolor de ya no ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es así muchachos, nos guste o no. Esto lo manyamos nosotros hasta el cansancio. Ya sabemos que hay una mayoría de tangos tristes (pura estadística). Los hay melodramáticos como también irónicos, metafísicos, picarescos, burlones, reos, costumbristas, bucólicos, amorosos, hasta los hay felices… &lt;br /&gt;Claro que seguramente de algún lado nos viene la fama: el mote de tristes y la casi exclusividad de la desdicha.&lt;br /&gt;El Tango, creemos, se ha venido confundiendo con los dolores y las heridas de tanta derrota, frustración, traición, matanza, necrofilia. Y otra vez la cantinela de aquello que pudo haber sido y no fué, de aquello que fué y ya no es.&lt;br /&gt;A este hemisferio melanco, borracho de esplín y &lt;em&gt;Weltschmerz&lt;/em&gt; , colaboran con eficiencia ciertas letras del cuarenta y el cincuenta que, por otra parte, es la época donde la comunión de música y letra alcanzan mayor altura.&lt;br /&gt;Pero el tango del que se hablaba en casa era otro. Según las diferentes opiniones vertidas en aquellos claros manteles de sobremesa, el Tango que conocieron las calles porteñas aproximadamente entre 1980 y 1920 era de una alegría dionisíaca, tan contagiosa que se demoraba en los silbidos. &lt;br /&gt;Ese Tango, al menos así decían los viejos, era una afirmación del Ser y una celebración de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora cómo, dónde, porqué y para qué nació el Tango es algo que seguirán discutiendo, en el limbo de una casa chorizo con patio de parras y jazmines, las intransigentes ánimas de nuestros muertos.&lt;br /&gt;Las opiniones que fuimos recogiendo a lo largo del tiempo son más o menos las de aquellas tardes y  convergen en dos grupos: uno sostiene que la cuna del Tango fue el burdel y el otro prefiere por origen los arrabales laburantes.&lt;br /&gt;Los que vindican su origen prostibular afirman que las formas musicales que alimentan el Tango son ajenas a la cultura popular de entonces, en la cual campeaba todavía la zamba, el cielito, la hueya, la vidala, la milonga surera, la copla gauchesca, bajo la monarquía absoluta de la guitarra. &lt;br /&gt;Sostienen que a ese “reptil de lupanar",  a ese “oscuro orillero” recién nacido, lo bailaron las pupilas y clientes de los burdeles que se extendían hacia los linderos de la ciudad, lejos del centro (es decir, también, en los arrabales). Algunos títulos lascivos, otros sospechosos, de doble lectura, certifican y confirman el lugar del parto. De paso comentan que esta nueva música, sobretodo su danza, escandalizaba a más de a uno. Allí están, como prueba, esos versos transparentes de Carriego y esos turbios ladridos de Lugones.&lt;br /&gt;Zonas posibles de alumbramiento: cerca del río, del Riachuelo o del arroyo. Los bordes de Palermo, el Bajo, La Boca, el Puerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los detractores de esa idea del burdel como escenario del &lt;em&gt;Big-Bang&lt;/em&gt; del Tango prefieren, en cambio, la pureza rugosa del origen proletario diurno: los suburbios cansados, los conventillos de emigrantes marca Caminito, las precarias viviendas cercanas al campo. Eligen este (¿otro?) escenario complejo –pero más fácil de fotografiar y de presentar a una madre– producto de los cambios sociales, macerado en la efervescencia sociopolítica del emigrante, la primera industrialización: transa, contagio y metamorfosis de las costumbres. &lt;br /&gt;Zonas: Mataderos, Pompeya, Boedo-Chiclana-Patricios, Saavedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros sospechamos que el Tango –como cualquier otra cultura clásica– tiene tantos cordones umbilicales que soporta todas las especulaciones. El arrabal, la casa de citas, el bar portuario, el almacén, el tano, el franchute, el Ruso, el Gallego, el Yoni, el Gaucho, el Negro, el Indio.&lt;br /&gt;Creemos, como creía Tío Horacio, que en aquellos primeros compases de la Guardia Vieja, en los tejidos melódicos de Ponzio, Villoldo, Arolas, Greco, se palpan los hilos de la Habanera (el Chotis, la Mazurca, el Vals, la Polca) cruzados por los de la tradición folklórica criolla.&lt;br /&gt;El tío Horacio, músico y eterno aspirante a poeta, decía algo parecido: &lt;br /&gt;Que los primeros Tangos se tocaron en piano, flauta o clarinete, violín y guitarra. El bandoneón, un instrumento concebido en Alemania con intenciones litúrgicas, llega después y copa la parada. Decía también que en su lenta difusión hacia la aceptación masiva no hubo radios ni discos sino Organitos. Esa vieja &lt;em&gt;rockola&lt;/em&gt; alemana funcionaba haciendo girar una manijita, un cilindro que venía “grabado” de su lugar de origen con valses y polcas y que fue a Villoldo a quien se le oscurrió: mandar a “copiar” cilindros con sus composiciones... A partir de entonces, pongamos que a principios del 900, los organitos patrullaron la ciudad moliendo Tangos.&lt;br /&gt;La guitarra era, hasta aquel entonces, el instrumento preferido de los arrabales. El instrumento por excelencia. Muchas veces el único. Señoreaba desde siempre en la pampa conquistada y sus fortines, manoseada por los gauchos, cruzada en banderola en las espaldas de los jinetes.&lt;br /&gt;El mismo Don Horacio una vez, guitarra en mano, nos descubrió que en el contrapunto de la milonga está el Tao del Tango. “No se sabe quien es el padre, decía, pero el payador es la madre del Tango”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte no somos ningunos caídos del catre. Somos gente viajada. Hemos viajado y seguimos viajando mucho. Es decir, cada día, cientos de kilómetros. El más pibe de nosotros lleva cuarenta años arriba del taxi (así que calculá). Conocemos la ciudad de punta a punta. Cada calle. Cada esquina.&lt;br /&gt;Los muchachos reunidos en esta mesa (y acá me dicen que también Daniel –el mozo de »El Destino«– y los que hoy no están, incluimos a Lucio y a Tío Horacio –que en paz descansen– todos nosotros, decíamos –y no podría asegurar si las copas consumidas durante la charla no pesan peligrosamente en la certeza– negamos rotundamente que el Tango sea “un sentimiento triste que se baila”. &lt;br /&gt;Ojo. Somos razonables. Alguno de nosotros hasta ha sufrido los dudosos beneficios del sicoanálsis. Somos amplios. Nos da igual que otros discutan si es una bailanta franelera de dudosa procedencia o un lucrativo producto de exportación como el Trigo o la Carne. O si es kitsch o si es grasa.  &lt;br /&gt;Nosotros preferimos afirmar. Aún en la certeza de que no estamos seguros de nada porque no sabemos una mierda (como diría Marechal »Nosotros hacemos algo así como el turismo de la duda«). &lt;br /&gt;No sabemos si el Tango es un Ser. Pero creemos que es una manera de estar. &lt;br /&gt;No en vano, en una de sus habituales respuestas zen, cuando le dispararon la típica “¿qué es para vos el Tango, Lucio?” Lucio dijo: ¡Miauuu!. &lt;br /&gt;(A propósito: muchos años después me lo encontré a “Tío” Lucio. No exactamente a él sino a su voz. Para esa época yo ya estaba arriba del taxi y el tenía un programa de radio de madrugada. No parecía más viejo. Algo más didáctico, cansado tal vez. Aquella noche dijo con voz escabiada: “el Tango es como el agua: es un mal necesario”).&lt;br /&gt;Por eso es que poniendo un sello con la estampita de San Pugliese en el ángulo superior izquierdo y resumiendo, nosotros afirmamos: &lt;br /&gt;Que el Tango nació cerca del Paraíso y es la guapeza de responder de forma rotunda a aquellas viejas preguntas hinchapelotas e incontestables.&lt;br /&gt;Que el Tango nació cerca del Paraíso y es la manera que encontraron los hijos de la tierra arrasada, la inmigración y el mestizaje de tener una estirpe, de afirmarse en la noche oscura del alma blandiendo una tradición épica, heroica, anarca, quijotesca que, ignorando las gestas colectivas que abonan toda noción de nación, sigue la linea Fierro-Moreyra, la línea polvorienta de la desventura del hombre solo frente al orden y frente al caos.&lt;br /&gt;Esta afirmación es un amasijo de metafísica, ética, estética, música, literatura y danza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gervasio Villamil, taxista&lt;br /&gt;(Desde el Bar »El Destino«, &lt;br /&gt;Gallo y Humahuaca, Buenos Aires)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1371852265783888469?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1371852265783888469/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1371852265783888469&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1371852265783888469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1371852265783888469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/07/onkelbrief.html' title='ONKELBRIEF'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rpeqe2y52fI/AAAAAAAAAMs/OX_K9frbffw/s72-c/san+osvaldo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-7420228797845982495</id><published>2007-05-10T15:36:00.000+02:00</published><updated>2007-05-10T16:00:18.846+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>MURREN</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RkMgGvnT5iI/AAAAAAAAABM/p4Y0iiVT0Sg/s1600-h/chasman.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5062925706327221794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RkMgGvnT5iI/AAAAAAAAABM/p4Y0iiVT0Sg/s320/chasman.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hace dos semanas que estoy en Beirut. Tunez no daba para más. Después que se fue Odilie, la &lt;em&gt;Punicque&lt;/em&gt;, o lo que quedó del grupo, me largó en banda. Las excavaciones se cortaron enseguida y el resto del laburo, me hicieron ver, no era para mí.&lt;br /&gt;Los contactos eran todos de ella, arqueólogos y antropólogos franceses amigos de ella y eso se hizo notar ni bien se la llevaron.&lt;br /&gt;La guita entró a escasear mal, me endeudé con gente irascible, en fin, ahora estoy acá, libando en el Líbano, en casa de unos colegas, acompañando a una amiga que trabaja para una ONG.&lt;br /&gt;Los últimos meses fueron un infierno. Odilie fue piroscafiando aceleradamente.&lt;br /&gt;Ya sé que nunca fue muy normal. Parecía siempre a punto de romperse.&lt;br /&gt;Y se rompió. Por ahí no soportó la presión. No sé ni lo voy a saber nunca.&lt;br /&gt;Cada día las cosas dependían más de ella. No tenía treinta años y ya era toda una autoridad &lt;em&gt;mondiel&lt;/em&gt; en necrópolis fenicio cartaginesas.&lt;br /&gt;Empezó con alucinaciones auditivas (como diría el Tano: &lt;em&gt;oía visiones&lt;/em&gt;). Entro a patinar mal con que oía voces, monólogos, conversaciones. Coros a veces. Murmullos siempre. Las escuchaba por todos lados, al principio no era tan grave pero de a poco fue más y más seguido e intenso.&lt;br /&gt;Estábamos en un hotel bastante céntrico, ruidoso, en la &lt;em&gt;Habib Bourguiba&lt;/em&gt;, cerca de la &lt;em&gt;Place de Droits de l´Homme&lt;/em&gt;. Odilie alucinaba que oía determinadas voces detrás del tremendo batifondo del barrio, voces que después había que salir a rastrear –como si siguiéramos cavando pero en el aire– hasta que, tras largo olfatear sonidos imaginarios, le encontraba origen por ejemplo en una mezquita, o en el murmullo de una feria callejera a mil cuadras, o en un determinado viento –aseguraba que era la voz de Bóreas–soplando entre palmeras a diez kilómetros.&lt;br /&gt;Y el tipo, un servidor, llevado de la oreja por su oreja flipada, de acá para allá, siguiendo a la francesa en busca de un sonido que le taponara por un rato el chifle.&lt;br /&gt;El rato, es decir, la pausa, fue siendo cada vez menor porque Odilie iba minándose hasta el sueño. Hasta que un día pidió pista, no ella que nunca pidió nada, sino la situación.&lt;br /&gt;Avisé a su familia.&lt;br /&gt;Cuestión que después de haberme internado durante casi un año en su museo imaginario de audio a la intemperie, la internaron a ella (apareció el hermano de Lyón y se la llevó a casa).&lt;br /&gt;Los últimos días que pasé en Tunez fueron míseros. Tratando desesperadamente de encontrar un mango una noche me di una vuelta por el cabaret &lt;em&gt;La Nuit Rouge&lt;/em&gt; de la &lt;em&gt;Mohamed V&lt;/em&gt; y vi a un tal &lt;em&gt;Giscard et Totô&lt;/em&gt; (un ventrílocuo medio trolo con un muñeco trolísimo) y por una lógica asociación de ideas me acordé de Heiko.&lt;br /&gt;Me acordé de la última vez que nos vimos, hace ya años, de casualidad, en Bizerte. Él estaba de vacaciones y nosotros bajo tierra, como siempre, cavando. Le presenté a Odilie.&lt;br /&gt;Nos vimos un par de veces. Una noche cenamos los tres en el puerto, y en un momento que Odilie se había ido al viorsi le pedí al Gordo que a su regreso le hiciera uno de sus números, le mostrara -sin aviso previo- su talento como ventrílocuo.&lt;br /&gt;Aunque te parezca mentira no funcionó, Odilie ni se tocó, no escuchó ninguna de las voces que el Gordo Heiko sembraba a su alrededor, como si ese murmullo »real« no tuviera para ella sustancia.&lt;br /&gt;Cada cual con sus locuras, ya se sabe. Lo que llama a veces la atención no es la incompatibilidad sino la comprobación de que el puente entre cada uno de nuestros rayes es de indiferencia.&lt;br /&gt;Según lo veo ahora Heiko tenía una locura opuesta y complementaria a la de Odilie. Era una usina de »visiones«, de alucinaciones sonoras.&lt;br /&gt;La técnica de Heiko era impecable. Apenas se le notaba –y sólo quien lo observara con mucha atención– un leve movimiento de labios.&lt;br /&gt;Pero lo verdaderamente impresionante es que el sonido no salía de él, quiero decir, salía del cuerpo del muñeco, no era un truco, andá a saber cómo lo hacía.&lt;br /&gt;No tenía mucho repertorio, es decir, no era un buen imitador. En realidad, a pesar de que creía tener varios personajes, lo que se oía era siempre la misma voz.&lt;br /&gt;Una voz muy baja, mucho más baja que la voz verdadera del Gordo, pero que sonaba totalmente normal, neutra por así decirlo, no caricaturizada.&lt;br /&gt;Lo más inquietante era que sonaba cerca, a uno o dos metros, como si el Gordo tuviera parlantitos satélites locutando desde donde a él se le cantase.&lt;br /&gt;A veces practicaba sin muñeco y sin anestesia y te hacía pegar unos cagazos soberanos.&lt;br /&gt;Ponele que estabas a solas con él en su negocio, el &lt;em&gt;Murr&lt;/em&gt; –nunca vi a nadie entrar a ese antro- y de repente escuchabas a un tercero, que te hablaba de atrás o desde un costado… te hacía pegar cada salto.&lt;br /&gt;Las jodas del Gordo eran muy boludas, inocentes, pero un tanto pesadas a veces. Un día en el subte una mina sentada enfrente nuestro me pegó un cachetazo que todavía me duele.&lt;br /&gt;O aquella vez en el &lt;em&gt;Olympiastadion&lt;/em&gt;, cuando hizo calentar a un par de tipos que casi se matan. El Gordo es fanático del Herta y ese domingo lo acompañé, un partido aburridísimo condenado al cero a cero desde el vamos.&lt;br /&gt;De golpe los tipos que estaban delante nuestro se entraron a provocar. Al rato se iban a las manos, la gente tratando de separarlos, Heiko incluido.&lt;br /&gt;Te juro que no me toqué hasta llegado un momento que lo cacé al Gordo locutando por ellos.&lt;br /&gt;No, el Gordo Heiko hacía sus jodas para él, no las compartía, no te avisaba.&lt;br /&gt;Imaginate. Ves a dos chabones delante que de a poquito se entran a delirar... uno que sin comerla ni beberla escucha un comentario agreta de parte del otro, ¿qué dijiste vos, forro?, ¿pero qué te pasa? no, yo no dije nada, si me tenés que decir algo decímelo en la cara, y así más o menos pero en alemán. Hasta que lógicamente se embocaron… y el Gordo tratando de separar, muchachos &lt;em&gt;bitte sei vernünftig!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Pero la mejor fue aquella noche en el &lt;em&gt;Rixdorf&lt;/em&gt;, capaz que ya te la conté.&lt;br /&gt;Estábamos el Tano, Heiko y yo en una mesa del fondo, al borde de la pista.&lt;br /&gt;Era una noche medio rara, medio triste. El Tano mismo, que nunca iba a las milongas, era de por sí una rareza amarga, instalado en su silla, sosteniendo con el codo su cara de velorio.&lt;br /&gt;La cosa es que ahí estábamos, sin ganas de sacarle el cuero a nadie ni viruta al piso.&lt;br /&gt;A veces pintaba un comentario desganado, levemente irónico o malicioso sobre alguno de los bailarines. Por H o por B ninguno de los tres bailaba esa noche.&lt;br /&gt;Heiko y yo, antes de entrar, nos habíamos hecho un faso tamaño baño que nos tenía chinos y atornillados a las sillas. Heiko se levantaba de vez en cuando para traer más vino.&lt;br /&gt;En una de esas idas y venidas de la mesa a la barra, de la barra al viorsi, el Gordo vuelve con un chabón de negro tragedia, muy elegante. Cruzamos saludos.&lt;br /&gt;El tipo, a pesar de su pinta de sudaca, era alemán. Nos lo presentó entusiasmado dando precisiones acerca de sus talentos, excelente bailarín, decía el Gordo, un profesional que bla-bla-bla, ilustró en alemán mientras yo le traducía al Tano de P a PA y el Tano, que apenas si nos daba cinco de pelota, miraba para otra parte.&lt;br /&gt;La cuestión es que invitamos al tipo a sentarse a la mesa. Cruzamos un par de frases. Pero la verdad es que no le dimos mucha bola hasta que al rato una mina lo vino a sacar a bailar.&lt;br /&gt;Ahí fue que lo vimos al tipo pelar groso. Una elegancia, una postura, una lentitud y una velocidad perfectamente bien complementadas e igualmente graves, bien a tierra… Las piernas hachando el aire con guapeza y dulzura… la punta de los pies como zahoríes de maravillas en transito constante. Pura poesía.&lt;br /&gt;Nos quedamos mirándolo admirados hasta que se perdió en un bosque de gambas, gambetas y figuras. Al rato lo vimos reaparecer por retaguardia, sobreviviente de los ataques de los bajos espíritus de la envidia, bordeando el abismo de las mesas, bordando giros imposibles, llevando en el pecho una estampilla que no era otra que la rubia que nos lo había arrebatado de la mesa, ahora con los ojos a media asta y la sonrisa extasiada, si parecía que la tenía atada a la punta de los timbos...&lt;br /&gt;Qué te cuento que no bien empiezan los valses el tipo va y regresa a nuestra mesa y se sienta.&lt;br /&gt;El Gordo le sirve un vaso de nuestra botella. El quía que le agradece con un gesto pero al vino ni lo toca.&lt;br /&gt;Lindo pibe. Ni muy alto ni muy bajo, morocho, meridional o levantino. Llamaba la atención su porte, su sombría belleza, la euritmia de sus miembros. Parecía un pituco disfrazado de guapo. O bien exactamente lo contrario.&lt;br /&gt;Resulta que nos pusimos a charlar. Lo de siempre. Ponele que me dice que ya nos habíamos visto antes en no se qué festival, que le gustaba mi manera de interpretar –yo todavía cantaba en La Diáspora. Entonces en plan de devolver piropos me puse a alabarlo a él, que su calidad como bailarín, que su gracia sutil, que su elegancia que pin que pan. Le doré la píldora vuelta y vuelta. El tipo muy amable, muy correcto.&lt;br /&gt;Fue cuando me puse a hablar sobre la afectación, me acuerdo, le pregunté que cómo hacía para evitar la usual afectación de todo bailarín, sobretodo cuando se ejecutan, como era su caso, complicadas figuras. Le dije que al verlo bailar resultaban sencillos los pasos más sofisticados…&lt;br /&gt;–ES sencillo… –retrucó acomodándose el jopo, sin arrogancia.&lt;br /&gt;–Soy un muñeco.&lt;br /&gt;Lo dijo con una mirífica sonrisa carente de ironía.&lt;br /&gt;–&lt;em&gt;Ich bin eine Puppe&lt;/em&gt;. Ese es todo el secreto.&lt;br /&gt;Me cayó como si me hubiera volteado el vino encima. Me lo quedé mirando, como quien ve llover mientras está nevando, como esperando una explicación a tamaña enormidad y a la vez esperando una aclaración a la… como llamarla: ¿metáfora? ¿Parábola del baile?&lt;br /&gt;Busqué con la mirada a mis amigos. El Tano, debido a su profundo desconocimiento del idioma, no contaba como testigo. Heiko parecía perdido en la contemplación de una pelirroja de pelito muy cortito colgada del cuello de un percherón rubio.&lt;br /&gt;»La primera ventaja de ser un muñeco –prosiguió el morocho– es casualmente la ausencia de afectación, ya que la afectación aparece cuando el alma se coloca en algún otro punto, en cualquier punto que no sea el centro de gravedad del movimiento.&lt;br /&gt;»En mi caso mis miembros son sólo plomadas, meros péndulos muertos que juegan a obedecer la ley de gravedad. Pura y santa apariencia. Es decir, lo mío es mera ingravidez.&lt;br /&gt;»Apenas si necesito del piso para rozarlo y luego relanzar el ímpetu de los movimientos por medio del obstáculo momentáneo.&lt;br /&gt;»Ésta fricción continua con lo momentáneo me abre paso, digamos, a la pista de la eternidad...«&lt;br /&gt;La sorpresa que había despertado sus primeras palabras ya se convertía en malestar, en vértigo. Me acuerdo que lo seguí mirando como hipnotizado.&lt;br /&gt;»La segunda ventaja es la ausencia de conciencia –agregó mirando la brasa de su cigarrillo de utilería– habrás observado cuántos desordenes y trastornos causa la conciencia en la gracia natural del hombre...«&lt;br /&gt;Mientras hablaba me puse a observar su rostro, el acabado mate de su piel, la mano que sostenía un cigarrillo sin pitar, la ausencia casi total de gesto, la repetición rítmica de un breve, de un mínimo código de expresividad… Todo él como torneado en abeto, pulido y lenificado con cera virgen, el blanco de los ojos como pintado al óleo y ese rubor que ni de albayalde; apenas visibles, las rajas paralelas que sostenían las comisuras de la boca…&lt;br /&gt;Me puse muy nervioso. Miré a mi alrededor. El Tano se había quedado dormido y Heiko leía muy concentrado un pequeño libro que parecía ocultar bajo el mantel, la boca medio torcida en un casi imperceptible movimiento de labios.&lt;br /&gt;Recién ahí caí.&lt;br /&gt;Me quedé unos segundos cavilando y puteándolo por lo bajo.&lt;br /&gt;Luego, ante el largo silencio que flotaba sobre la mesa, me volví hacia el bailarín.&lt;br /&gt;La silla estaba vacía. No había ni tocado el vaso de vino. El cigarrillo, ahora apoyado en el cenicero, seguía humeante y sin consumir.&lt;br /&gt;Actor, Golem o pelele, jamás lo volví a ver.&lt;br /&gt;El Gordo, que jamás muestra su juego, lo negó todo siempre.&lt;br /&gt;Sólo una noche, meses después, también en el Rixdorf, me pareció verlo pasar en medio del inquieto bosque de cuerpos y piernas entrelazados. Pero no estoy seguro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-7420228797845982495?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/7420228797845982495/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=7420228797845982495&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/7420228797845982495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/7420228797845982495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/05/murren.html' title='MURREN'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RkMgGvnT5iI/AAAAAAAAABM/p4Y0iiVT0Sg/s72-c/chasman.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-7291181454714678648</id><published>2007-05-04T11:19:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T11:50:26.244+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>DENKANSTOß</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RjsBjvnT5gI/AAAAAAAAAA8/twWwhr1nCIc/s1600-h/cousine.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5060640319869281794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="389" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RjsBjvnT5gI/AAAAAAAAAA8/twWwhr1nCIc/s320/cousine.jpg" width="180" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Es una pena que Morán no haya seguido el consejo de Doña Eva de ir a ver a su tía antes de dejar el pueblo para siempre, antes de embarcarse para Hamburgo.&lt;br /&gt;Se me dirá: ¡pero cómo Morán, que es un ácrata, un militante anarcosindicalista, un ateo hasta el tuétano, va a ir a visitar a la Flor, una sibila, una vidente!&lt;br /&gt;No va por ahí. En el fondo la señorita Flor, su longevidad matusalénica; su figura delgada y mugrienta de cornisa cagada por las palomas; la casa pequeña y oscura donde habita como en un estuche de adobe; el gallinero silencioso lleno de gatos ponedores… le provocan a Morán, desde la ya lejana infancia, un rechazo irracional que visto desde acá parece más bien cagazo.&lt;br /&gt;Para comprender esto y, junto con esto, de una vez, todo el paisaje, habría que mirar los alrededores. Tratar de entender el horizonte. Auscultar los yuyales, las cortaderas. Subirse al mangrullo, campanear el mentado desierto.&lt;br /&gt;No sé si las cosas habrán cambiado mucho pero a la pampa, en aquellos años, todavía la llamaban desierto.&lt;br /&gt;Macanas, dirán hoy, ma´qué desierto (»más desierto serás vos« según el conocido retruécano de Gobi).&lt;br /&gt;Claro es que no brilla por sus bosques. Recién en los últimos dos siglos, al paso que iban talando tolderías, le fueron bordaron, aquí y allá, algún monte de eucaliptos, sauces y álamos en las zonas húmedas, jacarandaes, olmos, tilos, cedros y robles.&lt;br /&gt;Pero la pampa tiene el ombú, dice un floreado verso truqueador. Y pucha si es cierto.&lt;br /&gt;Pero ¿podría decirse que el ombú es el árbol autóctono por excelencia de los pampeanos?&lt;br /&gt;Me temo que no.&lt;br /&gt;El ombú –y agarrate– también es inmigrante. Viene del norte, de las zonas calientes, del chaco boreal.&lt;br /&gt;Se sabe que comenzó a ser plantado hacia mediados del siglo xviii, con el objeto de pintar una sombra, un mojón, un hito, una isla en medio del océano de pasto.&lt;br /&gt;Hay quienes afirman –envidiosos biólogos cipayos– que el ombú ni siquiera es un árbol.&lt;br /&gt;Nos consta que no ha sido nunca conchabado para viga maestra ni para andamio ni para mueble, sarcófago, bastón o cajón de manzana, qué digo, ni para escarbadientes.&lt;br /&gt;Aún así, incansablemente, bajo la inagotable brasa de los astros, ha dado, y seguirá dándonos, como su nombre lo indica, su dulce sombra.&lt;br /&gt;Porque el ombú tiene la hoja. Hojas simples, es cierto, alternas, pecioladas, anchamente elípticas, de margen entero y agudo ápice.&lt;br /&gt;Dato que no hay que despreciar ya que una buena reunión de hojas es el congreso indispensable, la multitud necesaria para obtener una buena sombra.&lt;br /&gt;Y porque alguna que otra hoja de su frondosa copa ha sido el ingrediente protagónico de brebajes, gualichos, conjuros, tizanas purgantes y astringentes, jarabes febrífugos, licores eméticos y pastiches vulnerarios de uso externo.&lt;br /&gt;Y ahijuna que el tronco también tiene lo suyo. Mi vieja decía que las cenizas de su madera quemada mezcladas con agua sirven contra excemas y otros problemas de piel.&lt;br /&gt;Sin ir más lejos el jabón que usaban en la época de la colonia estaba hecho de cebo y ombú.&lt;br /&gt;Del guaraní humbí: sombra.&lt;br /&gt;Fitolacácea suculenta.&lt;br /&gt;Las fitolacáceas tienen bajo contenido de lignina, una corteza gruesa y blanda, madera fofa y, lo dicho, copa muy densa. En fin, mejor lo dijo Hudson…&lt;br /&gt;Volviendo a nuestro personaje, Morán, oriundo de un pueblo perdido, encontrado y vuelto a extraviar en algún lugar al sur del Salado –transplantado luego a la capital del virreinato por razones que aún desconocemos– a lo largo y a lo ancho de toda su vida no ha dejado de sentirse como un ombú.&lt;br /&gt;Un lector resentido, o algún crítico de medio pelo, maliciará que a Morán, como personaje de su propio sainete, le falta madera.&lt;br /&gt;Lo cual es, además de gratuito, prematuro.&lt;br /&gt;Pucha, si al menos hubiera ido a ver a su tía la pitonisa.&lt;br /&gt;No queda lejos de su casa natal.&lt;br /&gt;La señorita Flor –La Florcita, como le dicen sus vecinas– vive en la banda, en los caseríos del otro lado del arroyo Yimanca.&lt;br /&gt;Es casi analfabeta, su ciencia no es producto de escuelas, no le fue revelada en enseñanza alguna. Flor es una inspirada.&lt;br /&gt;Ella misma no sabe cómo funciona, pero en el momento de la consulta sabe exactamente qué decir: lo ve. No es que lo lea: lo ve.&lt;br /&gt;Y ver, según ella, es saber.&lt;br /&gt;Le pide al consultante que escriba su nombre en un papel y de solo mirar esas palabras se le proyecta en la frente un &lt;em&gt;deja-vú&lt;/em&gt;, una epifanía.&lt;br /&gt;Entonces es solo describir.&lt;br /&gt;Los resultados son siempre asombrosos. No pifia nunca en sus visiones del pasado y del presente. Te hace una instantánea de cómo sos, qué hacés, que si tus viejos, que si tu novia esto, que si el laburo, que si la jubilación aquello.&lt;br /&gt;En las predicciones puede dar en el clavo, acertarla bastante o errarle muy fiero.&lt;br /&gt;Ella es la primera en reconocerlo.&lt;br /&gt;Dice que las cosas saben ser así y luego obrar asá.&lt;br /&gt;Con lo que quiere señalar que existen tendencias, aficiones, empatías más o menos generales de las moléculas que tienden a agruparse en este o en aquel grupo de suertes o desgracias.&lt;br /&gt;Ojo, lo de La Flor no es un chisme del tipo dime con quien andas sino más bien un vas a andar en X si seguís insistiendo en que sos Z.&lt;br /&gt;La señorita Flor se mueve como yegua madrina en ese campo inculto de la potencia y su tintineo suele seducir a jugadores de quiniela, enamorados sin suerte y otras almas desesperadas en su lucha tenaz con lo imposible.&lt;br /&gt;El límite entre potencia y acto es el borde de una taba cósmica: es ese filo el que chaira La Florcita.&lt;br /&gt;(A propósito de lo posible y lo probable: no es indispensable pero sería interesante señalar la profunda analogía entre el arte de Flor y el arte de narrar.&lt;br /&gt;La diferencia entre decir y predecir no se conoce sino a la postre, está en función de su eficacia. La eficacia, en este caso, radica en su capacidad ontológicamente encarnadora. Ya sea por la vía más fácil: adivinar, o por la otra, la más difícil, la que requiere, cómo decirlo, una mezcla de inspiración genitiva y de ovarios: hacer que las palabras, en una misteriosa militancia golémica, armen la realidad, seduzcan el capricho de las moléculas y éstas decidan representar –decidan ser– ese y no otro sainete).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-7291181454714678648?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/7291181454714678648/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=7291181454714678648&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/7291181454714678648'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/7291181454714678648'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/05/denkansto.html' title='DENKANSTOß'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RjsBjvnT5gI/AAAAAAAAAA8/twWwhr1nCIc/s72-c/cousine.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1357235367423840073</id><published>2007-05-03T12:13:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:14:23.980+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>CLARA</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rjm2FPnT5eI/AAAAAAAAAAs/faJY3cK1bbA/s1600-h/Clara+02.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5060275857534477794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rjm2FPnT5eI/AAAAAAAAAAs/faJY3cK1bbA/s320/Clara+02.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Esta mañana me di otra vuelta por la estación del Zoo. Me fui directo a las oficinas de la Deutsche Bahn. Quería ver otra vez esa foto de archivo de la que te hablé: perspectiva cenital de la estación, años veinte.&lt;br /&gt;Va a ser jodido, por no decir imposible. Hasta la estructura de hierro es otra. Conclusión: nada de la actual estación nos va a servir para la escena de la llegada de Morán a Berlín. Me cago en las bombas.&lt;br /&gt;Tomé algunas notas. Habrá que reproducir todo en estudio.&lt;br /&gt;Ya sé. Va a costar una bocha. Pero no te preocupes, si se vende la casa de mi vieja en Rosario estamos salvados. Además la Vasca tiene unos mangos encanutados en el banco.&lt;br /&gt;En fin. Lo positivo es que una vez montado el tinglado, se lo puede usar para otras escenas. O hacer varias versiones de la misma en plan jardín de videos que se bifurcan. Eso sí, cada »sendero« rematado con un pequeño musical imprevisto (total los bailarines van a porcentaje).&lt;br /&gt;Por ejemplo: barajemos la posibilidad de que Morán y Clara no se encuentren al toque. Suponete que Morán llega, por ejemplo, por acá, camina hacia allá, enciende un cigarrillo… espera, murmura (¡la puta, cómo llueve!)&lt;br /&gt;Al otro lado de la escena, en otro andén ponele, Clara.&lt;br /&gt;Ahí te mando una foto para que la vigiles. Tenés razón. Se parece sospechosamente a Simone Weil. Pura coincidencia. En realidad se trata de la hermana de Benjamin. Le interesa el proyecto y, lo más importante, va a laburar gratis (los Benjamin no tienen precisamente problemas económicos).&lt;br /&gt;Durante los primeros instantes del acto están casi solos. A medida que la música crece, el escenario se va poblando. Más y más gente (necesitamos por lo menos 300 extras, sin contar los bailarines).&lt;br /&gt;La música (por ahora): ruidos urbanos sobre un &lt;em&gt;loop&lt;/em&gt; maquinal, totalmente artificioso, medio secuestro, como paridos en un laboratorio de sonidos casero (ojo, la fritanga de fondo, como de disco viejo, es lluvia de posta).&lt;br /&gt;De vez en cuando se escuchan en los altavoces los siempre incomprensibles anuncios de arribos y partidas (a la manera de Jacques Tatí).&lt;br /&gt;El paneo circular ametralla rápidamente a los paseantes para volver a Clara. La acaricia, la describe:&lt;br /&gt;Clara morena: En tu pálido rostro sopla la brisa tibia que pulió las aristas de las cansadas tribus de Israel. La miro y no sé porque pienso: qué bien le hubiera quedado el siglo XVIII...&lt;br /&gt;¿Es demasiado precipitado presentarla ya como heroína?&lt;br /&gt;Mejor no, mejor guardarse un par de cartas en la manga. Hay tiempo.&lt;br /&gt;Digamos por ahora que, como antigua novia de Kurt Willkens, Clara es el contacto de Morán en la Capital de la República de Weimar.&lt;br /&gt;¿No es claro? Volvé a leer »BERLIN«.&lt;br /&gt;Vamos de Nuevo:&lt;br /&gt;Clara es obrera y delegada anarquista: Mira con cierta ansiedad hacia un lado y otro del andén: Su cara denota decisión y fatiga: De vez en cuando observa detenidamente el cartel que sostiene, el cartón donde su propia mano escribiera MORAN bien grande: lo observa como si comprobara que las letras siguen ahí, o como si quisiera retener ese extraño nombre de una vez.&lt;br /&gt;Kurt Willkens (¿su gran amor?) apenas si le escribe. Hace un par de años que no se ven, desde que se despidieron en Hamburgo, antes de que su amigo se embarcara para Buenos Aires.&lt;br /&gt;Está nerviosa como si fuera a reencontrarse con él.&lt;br /&gt;Poco sabe sobre el hombre cuyo nombre sostienen sus manos. Apenas que este tal Morán es amigo y camarada de Kurt; que compartían casa y militancia; que trabajaban en la misma fábrica.&lt;br /&gt;No termina de entender a qué viene este tipo a Berlín. Sólo sabe que Kurt mismo lo manda y que ella tiene que ubicarlo.&lt;br /&gt;La lente avanza ahora rápidamente desde el exterior (como si fuese un tren), esquiva pasajeros, gambetea bultos, la busca entre los cuerpos que se le cruzan a izquierda y derecha:&lt;br /&gt;Ahí la tenemos otra vez: mientras el plano nos acerca su rostro, subitamente, sobre la extraña música mecánica, empiezan a sonar tres guitarras y un acordeón. El cuarteto borda una introducción de vals criollo levemente litoraleño, rancheroso.&lt;br /&gt;Se trata de la obertura del Vals del Silencio.&lt;br /&gt;Clara, abrazándose candorosamente al cartelito, canta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;no cuentan las palabras&lt;br /&gt;cualquier palabra sobra&lt;br /&gt;sólo el que calla logra &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;decir sin redundar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yo te nombro en silencio&lt;br /&gt;el silencio no miente&lt;br /&gt;y es el más elocuente &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;para decir: no estás&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la voz repite el eco&lt;br /&gt;de los huecos del pecho&lt;br /&gt;mejor mirar el techo &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;y oír llover un vals&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;para qué la memoria&lt;br /&gt;de algo ya impronunciable&lt;br /&gt;mejor dejar que hable&lt;br /&gt;la ausencia sin tallar&lt;br /&gt;la pura ausencia bruta&lt;br /&gt;la ausencia sin poesía&lt;br /&gt;mejor la melodía&lt;br /&gt;ni una palabra más&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En el instrumental se suma la Típica desde el foso. Los violines contracantan la melodía del acordeón. El &lt;em&gt;tempo&lt;/em&gt; se intensifica y con él los movimientos coreográficos de los paseantes (los bailarines, indecisos, marcan unos cuantos pasos al azar… todavía no saben bien qué hacer. No se hagan drama, muchachos, estamos ensayando).&lt;br /&gt;Morán, mientras tanto, fuma y fuma como el ciego de Carriero. Campanea desde un costado del escenario, sin demasiado interés, como matando el tiempo mientras lo vienen a buscar, mientras llega su contacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;a qué nombrar tus cosas&lt;br /&gt;lo que inventó tu sombra&lt;br /&gt;cualquier cosa te nombra &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;para qué enumerar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el amor trashumante&lt;br /&gt;que encendiste en mi copa&lt;br /&gt;hoy me cerró la boca &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;y ya no digo más&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;prefiero oír el lento&lt;br /&gt;rebotar de las gotas&lt;br /&gt;como pálidas notas &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;de un desteñido vals&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;para qué la memoria&lt;br /&gt;de algo ya impronunciable&lt;br /&gt;mejor dejar que hable&lt;br /&gt;la ausencia sin tallar&lt;br /&gt;la pura ausencia bruta&lt;br /&gt;la ausencia sin poesía&lt;br /&gt;mejor la melodía&lt;br /&gt;ni una palabra más &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Recién al final del vals Morán, previa lectura del dichoso cartel, se da cuenta y se acerca a Clara extendiendo una sonrisa mustia y una mano helada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TELON&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1357235367423840073?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1357235367423840073/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1357235367423840073&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1357235367423840073'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1357235367423840073'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/05/clara.html' title='CLARA'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rjm2FPnT5eI/AAAAAAAAAAs/faJY3cK1bbA/s72-c/Clara+02.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1365606450093128618</id><published>2007-04-27T15:48:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:23:02.943+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='heiko'/><title type='text'>MATROSCHKA</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RjH_r_nT5dI/AAAAAAAAAAk/oepS2BgX-0s/s1600-h/matroschka.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5058104987789551058" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 281px; CURSOR: hand; HEIGHT: 228px" height="215" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RjH_r_nT5dI/AAAAAAAAAAk/oepS2BgX-0s/s320/matroschka.jpg" width="299" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Como casi todas estas últimas tardes de sol me siento a leer en la vereda del Murr.&lt;br /&gt;Un hombre en silla de ruedas –pinta de indigente modelo &lt;em&gt;ost&lt;/em&gt;, cara de buen bebedor- me pide una moneda.&lt;br /&gt;Estoy leyendo un articulo del mexicano Sergio Pitol acerca de uno de los sueltos de Borges en El Hogar (1939). Alli el argentino comenta un libro del irlandés Flann O’Brien &lt;em&gt;At Swin-Two Birds&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Borges resume el argumento: »Un estudiante de Dublín escribe una novela sobre un tabernero de Dublín que escribe una novela sobre los parroquianos de su taberna (entre quienes está el estudiante), que a su vez escriben novelas donde figuran el tabernero y el estudiante«.&lt;br /&gt;El mendigo me saluda y entra en el bar de al lado del Murr para lo cual abandona la silla (el bar se inicia con dos escalones molestos).&lt;br /&gt;La silla, sensible a la leve inclinación del terreno, con una mochila cargada de cosas en el espaldar, se desliza hasta la mitad de la vereda y se queda estacionada en diagonal, esperando.&lt;br /&gt;Al rato el tipo sale del bar y se apoya en su vehículo, justo cuando he terminando de leer el artículo y estoy pensando -¡otra vez!- en la posibilidad de abocarme a la aventura de un &lt;em&gt;Blogroman&lt;/em&gt; en donde escribiría como si fuese Dardo Ferrari, el Tano, una novela en la que el Tano escribiría sobre un tal Morán, su tío o su padre, y sobre el Gato Villamil y sus andanzas por estos pagos y a su vez el Gato escribiría sobre el Tano y sobre el Gordo Heiko, es decir, sobre mí.&lt;br /&gt;El mendigo me vuelve a saludar y tengo la breve sensación de que es el mismo primer y único saludo, su eco en la tarde. Pero al corresponderle comprendo que mi respuesta es otra, es nueva. Este pensamiento me impulsa a buscar su mirada y volver a saludarlo con una nueva inclinación de cabeza. Esta vez se me queda mirando, serio.&lt;br /&gt;Con cierta dificultad vuelve a montarse en su silla de ruedas. Extrae un paquete de cigarrillos del bolsillo de su camisa sucia. Me hace un gesto como de convidarme; le devuelvo otro como de no-gracias.&lt;br /&gt;A su espalda, mientras él enciende un rubio, veo venir a dos adolescentes. Al pasar a nuestra altura encaran a mi amigo y le piden cigarrillos. El mendigo vuelve a extraer sonriente su atado y les convida. Los tres se saludan a voces.&lt;br /&gt;Cierro el libro de Pitol y pienso que tanta amabilidad y simpatía nos es usual por aquí. Me digo que sin duda es el sol, tantos días seguidos de sol actúan de esta manera, como una droga de buena honda sobre la gente.&lt;br /&gt;Me quedo pensando en el &lt;em&gt;At Swin-Two Birds&lt;/em&gt; y en la posiblilidad de que tanto la novela como el tal Flann O’Brien no sean más que otra fabulación borgiana.&lt;br /&gt;Me viene de golpe el recuerdo de un sucedido vivido o inventado por el Tano, una anécdota de hace ya unos años, de cuando todavía existía La Típica de la Diáspora y todavía estaba el Gato entre nosotros.&lt;br /&gt;Habían ido a la Bretaña a animar un festival o un &lt;em&gt;workshop&lt;/em&gt; de fin de año. El Tano se había hecho una ilusión bárbara con que se escapaba del crudo invierno berlinés a las costas de Francia y resultó que, obviamente, en la Bretaña el clima estaba igual o peor.&lt;br /&gt;Los habían alojado en unas barracas individuales, una pegada a la otra, como vagones de tren. El Tano contó que la penúltima mañana, la primera del nuevo año, tuvo la sensación de que los cuartos no estaban enganchados en suceción, sino uno dentro del otro.&lt;br /&gt;Trato de imaginarme ese día. Al Tano encerrado como siempre en un cuarto, en su &lt;em&gt;matroschka&lt;/em&gt; de motel, tal vez practicando con su fueye o leyendo o quejándose silenciosamente de todo.&lt;br /&gt;Obedezco el impulso y abro otra vez el libro de Pitol, esta vez para buscar en las últimas páginas un par páginas en blanco. Escribo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el cuarto de al lado me llegan las voces y los suspiros del fueye. Florian está estudiando, como cada mañana a esta hora.&lt;br /&gt;Se escucha también el golpe del metrónomo. La melodía de El último organito pespunteada por el paso monótono del tiempo.&lt;br /&gt;Hace un frío del Orco. La comida no está mal pero la calefacción es insuficiente. El agua de la canilla tiene un gusto raro, hace que el mate sepa a viejo, o a ajeno.&lt;br /&gt;Yo también debería “estrenarme” un poco como decía el Ruso (“vos estrenate siempre si querés estar en dedos”, decía). Al menos la variación de Café Domínguez que siempre nos sale para el culo y entonces se me quedan mirando como si sospecharan o más bien verificaran que es mi culpa.&lt;br /&gt;Pero, ¿cómo se puede tocar con este frío? Mate y venga.&lt;br /&gt;En un rato es la prueba de sonido para la última milonga. Para colmo estos franceses que al final entienden menos todavía que los alemanes.&lt;br /&gt;Ahora llueve afuera. A diferencia de lo que me suele mostrar mi ventana en Berlín, ésta reproduce un triste paisaje impresionista titulado &lt;em&gt;Il Pleut sur l´Bretagne&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Hablando de llover anoche fue una lágrima. La pareja más joven de bailarines va para bisabuela. Aplauden con un desánimo patético, como si tuvieran llagas en las palmas de las manos.&lt;br /&gt;A las pocas horas, por contraste de ausencia –síndrome de abstinencia de la belleza-, te quedás mirando una madama de sesenta y pico y pensás, no está tan mal la veterana.&lt;br /&gt;La viejas que andan solas esperan oferentes en las sillas mostrando sus piernas enguantadas en carísimas medias de seda: envoltorios de pendejas disfrazando momias.&lt;br /&gt;¡Lo q´és tener billete! Otro lujo del &lt;em&gt;premiermonde&lt;/em&gt;: la inmortalidad en cuotas.&lt;br /&gt;Uno de los maestros argentos, un pibe como de veinticinco pirulos, viene y me dice que al lado de tanto jubilado él se siente un nene de jardín. Me lo quedo mirando y pienso, mirá vos gurí, al lado de tanto jubilado yo me siento un enanito de jardín, más viejo y más tieso que ellos.&lt;br /&gt;Estamos alojados en celdas individuales que la sobrevaluada elegancia francesa se complace en llamar búngalos. Los compañeros &lt;em&gt;ossis&lt;/em&gt; de la orquesta coinciden en compararlos con los pabellones de los complejos vacacionales socialistas allá en los tiempos de la RDA.&lt;br /&gt;Estas giras me resultan cada vez más difíciles. Extraño cada vez más Berlín. Tal vez no sea Berlín sino mi casa lo que extraño. Tal vez nos sea en sí la casa sino más bien a Amparo. Tal vez la Vasca sea mi casa, mi ciudad, mi mapa, mi provincia, mi tierra.&lt;br /&gt;En todo caso, extraño a Amparo como si la Vasca fuese el único, el último ser humano que tiene algo para decirme.&lt;br /&gt;Un poco para no seguir pensando siempre en lo mismo, manoteo el faber y una hoja pentagramada. Escribo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Gato se despertó con Café Domínguez. El fueye del Tano traspasa las paredes, pensó. Eran unos cuantos compases de la variación que llegado a un punto tropezaban y volvían a empezar.&lt;br /&gt;Había una chica durmiendo a su lado. A pesar de lo estrecho de la cama marinera, verificó al incorporarse mientras la miraba, que había dormido plácida, profundamente. Los cuerpos parecían haberse entendido perfectamente en el encastre, en la repartija del espacio.&lt;br /&gt;Mirándola dormir se fue acordando. La morocha de pelo cortito con la que en algún momento se había puesto a bailar. Casi recordó su nombre… una canción de Brel, pero cuál. ¿Mathilde?&lt;br /&gt;Aquel &lt;em&gt;comment tu t´appelles&lt;/em&gt;, donde su propio francés se agotaba -seguido de un ah, sí, como la canción de Jacques Brel, &lt;em&gt;oui oui, c´ça&lt;/em&gt;- había sido el único diálogo que lograron sostener.&lt;br /&gt;A un costado y al otro de ellos mismos bailando había fluido la euforia de la noche, las copas de champán del año nuevo.&lt;br /&gt;No pudo acordarse de mucho más. Tal vez no había mucho más, al menos en esa parte de la fiesta.&lt;br /&gt;Apoyó el codo en la almohada y se sostuvo la cabeza, mirándola. Le gustó el olor, le devolvió los pliegues más tibios de la madrugada, los abrazos en la semioscuridad, el lento despestañar de los vestidos, las silenciadas risas.&lt;br /&gt;Se acercó aún más para olerla mejor. La piel despedía un aroma sospechosamente conocido, una fragancia familiar, el olor que él hubiera tenido de haber sido mujer, de haber sido francesa.&lt;br /&gt;Recorrió el cuello sin tocarlo, sobrevolándolo, a medio centímetro de la nariz y de la boca. Llegó al pelo subiendo desde la oreja. Negro y cortito.&lt;br /&gt;¡Natalí!: le cayó el nombre desde el fondo de un pozo.&lt;br /&gt;Olía a lluvia o a bosques acostumbrados a la lluvia.&lt;br /&gt;Esta chica, pensó, debe ser de por acá, de la Bretaña.&lt;br /&gt;En eso estaba, planeando al ras de su cara, olfateándola como si fuera a devorarla, cuando la mujer abrió los ojos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1365606450093128618?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1365606450093128618/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1365606450093128618&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1365606450093128618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1365606450093128618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/matroschka.html' title='MATROSCHKA'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RjH_r_nT5dI/AAAAAAAAAAk/oepS2BgX-0s/s72-c/matroschka.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-1089537812883539125</id><published>2007-04-23T11:30:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:23:14.876+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='heiko'/><title type='text'>RUDIMENTÄR</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rix9MAkXyGI/AAAAAAAAAAc/04A8ghathek/s1600-h/rudi.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5056554126894680162" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rix9MAkXyGI/AAAAAAAAAAc/04A8ghathek/s320/rudi.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;«No le des la bola, vos quedate ahí, vamos a pedir una otra, yo te invito, &lt;em&gt;keine Panik&lt;/em&gt;, lo que pasa es que los alemanes lo que tenemos es mala prensa. Un tipo de cualquiera parte del mundo bebe y canta a los gritos: ¿Qué es? Es un borracho y basta. Un alemán que hace la misma cosa es un Nazi. &lt;em&gt;Wie gesagt&lt;/em&gt;, mala prensa.&lt;br /&gt;«A estos pobres tipos no hay que tenerles miedo. No, no son Neonazis… son proletas sin rumbo, cómo dice… perros empapados, sin olfato. Tienen una violenta acumulada, qué te digo, no sé. Pidamos otra.&lt;br /&gt;«La letra es medio tarada pero a mi me gusta, ¿querés te traduzo?: “todo tiene un final, solo la salchicha tiene dos”, o algo así. Parecen tonto, y sí, están un poco idiota, no sé, ¿cómo se dice &lt;em&gt;fertig&lt;/em&gt;?, son, cómo decirlo, borrachos subsidiados.&lt;br /&gt;«No, lo que pasa es que vos tenés que estar de acá para entender esto: esta paz social, que le dicen, la &lt;em&gt;Sozialhilfe&lt;/em&gt;, los subsidios, no sirve, no sirve para nada, te lo digo: la ayuda social y toda esa mierda no sirve para mierda…&lt;br /&gt;«Qué te digo no sirve, claro que sirve, control y estadística… Sirve para castrar la autogestión, comprar la rebeldía. Es el mejor remedio contra la rebeldía.&lt;br /&gt;«Se acabó la lucha de clases, muchachos. Ahora tenés subsidio, televisión y &lt;em&gt;Bildzeitung&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;«Así la gente ya está vuelta corderito dependiente, niños boludos avejentados, intoxicados de socialdemocracia y alcohol barato.&lt;br /&gt;«Ya no le importa nada. No existe autogestión. Pusilánimes ancianos a los treinta, no luchan, no protestan. No sea que vaya perder el puto subsidio…&lt;br /&gt;«Ya no salen a la calle a llenar plazas, a boxear policías… salen, solo salen a la calle para llenar su refrigeradora de cerveza y &lt;em&gt;Würstschen&lt;/em&gt;… porque todo tiene un fin pero la &lt;em&gt;Würstschen&lt;/em&gt; tiene dos.&lt;br /&gt;«No, el socialismo del otro lado no creo era mejor.&lt;br /&gt;«No me hagas caso, yo qué se, yo sólo viví de este otro lado, y este otro lado, Kreuzberg y Schöneberg, era una fiesta, una isla de fiesta.&lt;br /&gt;«Acá la cosa siempre fue otra cosa. A veces se lo extraño. Se ganaba dinero de nada, se trabajaba poco. Un &lt;em&gt;ghetto&lt;/em&gt; muy divertido. Sobretodo Kreuzberg y Schöneberg. Media ciudad sitiada, conectada al resto de occidente solamente por aire y carretera.&lt;br /&gt;«Se estaba bien, era una jaula feliz, se estaba muy bien. Era fácil conseguir becas de estudio. Nadie quería quedar allí entonces. Ningún careta.&lt;br /&gt;«En los sesenta acá la Uni era un bonito kilombo, una vanguardia del kilombo en un país ordenadito y devoto del plan Marshall y su milagro. La FU, sobretodo, tenía un staff interesante de profesores y una banda de estudiantes rabiosos, pasotas de todo el mundo, muchos de los tipos que hicieron más tarde el sesenta y ocho francés.&lt;br /&gt;«Yo conocí al rey de todos ellos. &lt;em&gt;Genau&lt;/em&gt; en el 68.&lt;br /&gt;«Rudi era estudiante de filosofía en la FU. Un tipo muy querido, Rudi. Un muchacho desgarbado con uno de esos flequillos de lado tan de la época. Venía del este pero se había pasado en el 61, por la época que hacían el Muro.&lt;br /&gt;«No parecía un líder, un revolucionario, parecía un no sé, era un &lt;em&gt;Ossi&lt;/em&gt; que vivía del otro lado, no se bien cómo, parecía, parecía un poeta.&lt;br /&gt;«Para la época que lo conocí ya era el Líder del movimiento estudiantil de todo la Alemania Federal. Ojo, el tipo era un cabeza, fundador del Congreso Internacional de Solidaridad con Vietnam, Marxista crítico, atento lector de Benjamín, de Adorno, discípulo de Marcuse. &lt;em&gt;Also&lt;/em&gt;, un hijo &lt;em&gt;Ossi&lt;/em&gt; de la &lt;em&gt;Frankfurterschule&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;«Yo tenía diecisiete por estos días. Él acababa de volver de Praga. Se comentaba por todos lados. La primavera ya era verano.&lt;br /&gt;«Yo tenía diecisiete y trabajaba en la farmacia de la esquina, de la esquina de la casa de Rudi.&lt;br /&gt;«No servía para mucho yo, ni para muchacho de los mandados servía… Pero, no sé, el dueño de la &lt;em&gt;apoteca&lt;/em&gt;, el boticario, era amigo de mi padre y le había pedido por favor…&lt;br /&gt;«Tomátela toda así pedimos otra. El vodka acá se toma bien frío. Lo dejás en el congelador y no congela. El vasito también tiene que estar helado. ¿Qué te estaba diciendo?&lt;br /&gt;«Mi padre era uno de esos tipos que creen que el trabajo encausa, que corrige. Muy alemán, mi padre.&lt;br /&gt;«La farmacia estaba en la esquina de la casa de Rudi, also, su casa, la sede de la Liga de Estudiantes Socialistas, la casa de los Locos de la Comuna, ahí sobre la &lt;em&gt;Ku´Damm&lt;/em&gt;, esa era su casa, ahí vivía con su chica y un bebe que acababan de nacer.&lt;br /&gt;«La apoteca cerraba un par de horas a mediodía. En esos tiempos trataba de sobrevivir pisando la casa de mis padres lo más poco posible.&lt;br /&gt;«Tenía un amigo cerca donde gastar este tiempo, y mi amigo tenía una hermana mayor, mucho mayor, absolutamente mayor a todo lo que yo conocía de la belleza del mundo entonces, &lt;em&gt;jedenfalls&lt;/em&gt;, ese día no, ese día anduve solo.&lt;br /&gt;«Estaba aburrido de todo, viste cómo se está cuando se tiene diesisiete. Anduve vagando por los cercanos del Zoo. Hacía demasiado calor y volví al rato otra vez a la esquina. No había nadie, ni un alma, en la calle.&lt;br /&gt;«No quería pasar por lo de mi amigo ese día, su hermana se había dado cuenta de el estado de las cosas... Me acuerdo que el día anterior me había abierto la puerta, me sentí herido de muerte, me mira así de una manera, hola &lt;em&gt;kleine&lt;/em&gt;, o algo así, me dice, en fin, no viene al caso.&lt;br /&gt;«Me senté a esperar enfrente. Y ahí fue que lo vi, como tantas otras veces, salía de su casa en bicicleta, hacia la esquina, hacia la farmacia (son unos pocos metros). Seguro que va a comprar algo para el bebe, pensé.&lt;br /&gt;«Un bebe tenía. No, por supuesto que todos sabíamos quien era, ese flaco medio jipi es del barrio, todo el barrio sabíamos quien eran La Comuna.&lt;br /&gt;«Me recuerdo que se miró el reloj para esperar la farmacia abrir, quince minutos más, así que quedó esperando, sentado en su bicicleta, el pies apoyado en el cordón.&lt;br /&gt;«Sacó del bolso un libro, o un cuaderno. Un bolsito, no uno de esos verdes de lona, era un bolsito muy guapo, de cuero, me recuerdo.&lt;br /&gt;«Era uno de esos bolsitos que yo quería, yo soñaba con uno de esos bolsitos como el de Rudi Dutschke… &lt;em&gt;Ich meine&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Scheiße&lt;/em&gt;, yo estoy mirando cuando pasa todo…&lt;br /&gt;«No sé de dónde aparece ese idiota, ese &lt;em&gt;Arschloch&lt;/em&gt;, no sé lo que le dijo. De pronto le grita: «Comunista de mierda» y saca una pistola, saca una pistola el idiota y dispara…&lt;br /&gt;«No sé, no sé qué me pasaba, no conseguí moverme, no sé, la pistola brilló en el sol… o fue un fuego el rayo del disparo. Rudi saltó de la bici y se le fue encima lleno de sangre.&lt;br /&gt;«No sé si vi esa sangre o después, después la vi, la cara llena de la sangre, no me recuerdo bien, el tipo disparó otra vez, dos veces, tres… &lt;em&gt;Ich weiß´s nicht&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;«El tipo tiró el arma y salió a correr… escapó.&lt;br /&gt;«Rudi quedó ahí tirado en la vereda, y yo no me podía mover.&lt;br /&gt;«Después… después crucé, después, cuando vi que trataba…&lt;br /&gt;«Luego consiguió levantarse, dar unos pasos, vuelve a caer…&lt;br /&gt;«Grita: ¡Mamá! ¡Papá! ¡Soldados!&lt;br /&gt;«Me acerco a Rudi sin animarme a tocarlo, ya no se mueve.&lt;br /&gt;«Era un día de sol, mucho calor me recuerdo, me recuerdo de mi propia sombra sobre el cuerpo de Rudi mientras lo miraba, se me nubló su cuerpo, la calle…&lt;br /&gt;«Lloraba.&lt;br /&gt;«Lloraba ahí cuando escuché sirenas. Entonce corrí, &lt;em&gt;also&lt;/em&gt; corrí a la casa, a esconder ese miedo, a esconder que lloraba.&lt;br /&gt;«Fue después que me enteré, en la tele. Dijeron en la tele: Rudi no ha muerto.&lt;br /&gt;«Cuando salió del &lt;em&gt;Klinik&lt;/em&gt; juntó familia y cosas y se fue del país.&lt;br /&gt;«Pero algo se le quedó adentro, un pedazo de plomo, no sé, un pedazo de bala se le quedó apuntado, atragantado en la cabeza, clavado desde esos tiempos.&lt;br /&gt;«No hay más nada ahora, como quien dice, no hay más nadie, no hubo más nada, &lt;em&gt;ich meine&lt;/em&gt;, ninguna lucha salvo lo del Muro, después, que fue una lucha que yo casi no vi todo lo que pasó, pasó del otro lado de la pared.&lt;br /&gt;«Pero, ves, esa fuerza también se calma, se acostumbra, se adocena, se compra con seguro al desempleo, plebeyo controlado, plebeyo esclavo de un subsidio, como si el ángel de la libertad, de la lucha rebelde, nos abandonaría o se fue avergonzado…&lt;br /&gt;«O quizás aceptó él mismo un puesto en la banca de los Verdes.&lt;br /&gt;«No, Rudi murió mucho después en el exilio, en Dinamarca. La bala, ese pedacito de bala, no lo dejó nunca. Se tomó más de diez años en matarlo.»&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-1089537812883539125?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/1089537812883539125/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=1089537812883539125&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1089537812883539125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/1089537812883539125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/rudimentr.html' title='RUDIMENTÄR'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_SnbyGU3PquY/Rix9MAkXyGI/AAAAAAAAAAc/04A8ghathek/s72-c/rudi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-7080064213708709189</id><published>2007-04-20T12:28:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:22:02.128+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>ERDICHTERIN</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RiiXsgkXyFI/AAAAAAAAAAU/kn9LdzpQnzY/s1600-h/ekeko05.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5055457372635908178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 279px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px" height="230" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RiiXsgkXyFI/AAAAAAAAAAU/kn9LdzpQnzY/s320/ekeko05.jpg" width="305" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;»&lt;em&gt;Estás ahora en el teatro mágico de los héroes y los demonios. Figuras mitológicas y superhumanas; demonios, diosas, guerreros celestiales, gigantes. Ángeles, Bodisadvas, enanos, cruzados. Duendes, demonios, santos, brujos, extraterrestres. Espíritus infernales, duendecillos, caballeros y emperadores. El Dios-Loto de la danza, el gran hombre viejo, la divina criatura, el trampista, el tramoyista, el metamorfo, el adiestramonstruos, la madre de las diosas, la bruja. El dios de la luna, el errante. Toda la fantástica comedia se halla en ti&lt;/em&gt;».&lt;br /&gt;Está escrito –en alemán– con fibra roja en un pizarrón de fórmica blanca que cuelga de la puerta del baño de Bea.&lt;br /&gt;Abajo dice: del «&lt;em&gt;Bardo Thodol&lt;/em&gt;» (Libro Tibetano de los Muertos).&lt;br /&gt;Estas frases cambian cada tantos días. Supongo que así nos alecciona, nos educa, nos conduce. No lo se. A Bea le encantan estas cosas. Está enferma de oriente y esoterismo. Lee las manos y la borra de café, consulta el I Ching por lo menos una vez por día. Está estudiando los rudimentos del Tarot egipcio.&lt;br /&gt;Cada creencia es sustentada por una serie de argumentaciones entrelazadas donde, asegura: todo tiene que ver con todo. Mi pitonisa loca cree en los ángeles y en la propiedad mediúnica de las piedras.&lt;br /&gt;Viste sólo de negro o de blanco o de rojo o de verde: dice que hay que vestirse de un solo color. Dice que detesta las combinaciones.&lt;br /&gt;Bea Beata Beoda, le digo, si no somos más que un puñado de combinaciones.&lt;br /&gt;Su rostro de quinceañera arrugada emite una música dudosa. Una voz que resiste toda descripción. En general no entiendo lo que dice. Practica un alemán muy cerrado, un cocoliche de berlinés y &lt;em&gt;Plattdeutsch&lt;/em&gt; incomprensible. Salteamos nuestros mutuos malentendidos con una mezcla muy elegante de cariño, paciencia y acaso desinterés.&lt;br /&gt;La asimetría en Bea es algo accidental y a la vez innato. Como en nadie que antes haya conocido brilla en ella la unicidad de la creación, la naturaleza irrepetible de todo organismo.&lt;br /&gt;Tiene los ojos completamente diferentes el uno del otro. No es el color –ambos oscilan entre el gris y el azul pálidos– sino la forma: uno es notoriamente rasgado. El otro redondo. Uno de perro siberiano; el otro de conejo.&lt;br /&gt;Sus manos, por ejemplo: la izquierda es sencillamente una gloria del miniaturismo francés del siglo xvii, una mano parecida a la mano izquierda de Clara Schumann cuando Clara Schumann tenía, digamos, quince años. La derecha: un muñoncito que suele ocultar en los bolsillos o en las largas mangas de los pulloveres... o bien exhibe con orgullo desafiante (según el día, según la hora).&lt;br /&gt;Tenía diecinueve cuando una máquina de cortar tela le arrebató la mitad. En aquella época, por revelarse contra sus padres, resolvió no seguir estudiando y le tocó iniciarse como fabriquera en las Brigadas Femeninas de Mecklenburgo: una fábrica textil en las afueras de Rostock, su ciudad natal. Un galpón enorme en donde una treintena de proletarias núbiles estampaban las coloridas telas atemporales de la RDA. Su oficio era cortar los grandes rollos de percal crudo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Al poco tiempo, ni bien cayó el Muro, se vino a Berlín. Desde entonces no ha vuelto a Rostock. Dice que no piensa volver hasta que no muera su madre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-7080064213708709189?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/7080064213708709189/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=7080064213708709189&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/7080064213708709189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/7080064213708709189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/erdichterin.html' title='ERDICHTERIN'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RiiXsgkXyFI/AAAAAAAAAAU/kn9LdzpQnzY/s72-c/ekeko05.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-3509510727797322756</id><published>2007-04-19T10:36:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:21:38.007+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='annabi'/><title type='text'>PALIMPSEST</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RicrLgkXyEI/AAAAAAAAAAM/Dl5eH45Z5ec/s1600-h/annabi+teografÃ&amp;shy;a.jpg"&gt;&lt;em&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5055056583467714626" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="293" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RicrLgkXyEI/AAAAAAAAAAM/Dl5eH45Z5ec/s320/annabi+teograf%C3%ADa.jpg" width="245" border="0" /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;Me gustaría creer que fue un mero voto de confianza de parte de la familia Annabi el entregarme los cuadernos de notas, papeles sueltos y bocetos (con las fotos no ha sido tan fácil) que hoy forman el cuerpo central del Archivo A. Annabi, pero me temo que fue puro y simple desinterés.&lt;br /&gt;Lo cierto es que gracias a este material y a algunos otros aportes inesperados (básicamente la inestimable colaboración de Djar Djarki Tjali y sus discípulos) nos ha sido posible llegar a las siguientes conclusiones acerca de la obra conocida com »Páginas Óficas«.&lt;br /&gt;(Las citas en bastardilla han sido extraídas de sus cuadernos de notas).&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Deslumbrado por el concepto de revelación común a varias formas de la fe, Annabi creyó a pies juntillas, desde su primera infancia, que los textos sagrados de toda religión son la mera palabra de Dios y que, letra por letra, vocablo por vocablo, esos textos han sido dictados por el mismísimo Creador a ocasionales escribas más o menos merecedores de esta Gracia.&lt;br /&gt;Annabi consideraba al espíritu de la forma de toda escritura devocional como impulso demiúrgico: “&lt;em&gt;potencia y acto de Dios mismo&lt;/em&gt;”, y al sentido; la sintaxis y su semántica; la fábula y su moraleja; la enseñanza y su parábola, es decir, la mera figuración, como avatar humano, aspecto trivial y por tanto corruptible, sujeto “&lt;em&gt;a las limitaciones del hombre y sus muecas, a sus contingencias, a su corrupción y, lo más peligroso, sujeto a sus ociosas especulaciones de traductor amateur&lt;/em&gt;”.&lt;br /&gt;Para Abdeljamid Annabi el verbo divino no solo es independiente de las leyes de significación y sentido sino que es plausible develarlo, purificando cada texto, escindiéndolo de la anecdótica e irrelevante tiranía de la semántica.&lt;br /&gt;La operación o enunciado que el mismo Annabi repetía una y otra vez cuando nos hablaba de las Páginas –y que encontramos anotada y subrayada con insistencia, tanto en sus libretas de los años en Limnos como en sus cartas desde Athos– echa luz sobre los aspectos más controvertidos del concepto annabiano:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dios + Dios = Dios&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Annabi entendió, como los alquimistas, que así como el mercurio por precipitación sedimenta lo impuro y devela el oro, a través de ciertos procesos técnicos, unos cuantos pasos mecánicos más o menos azarosos, es posible desentrañar “&lt;em&gt;la palabra de Dios en estado puro&lt;/em&gt;”.&lt;br /&gt;Su método de trabajo consiste básicamente en la superposición de dos o más páginas de diferentes textos sagrados impresos fotolitográficamente en papel transparente.&lt;br /&gt;Hemos identificado algunos de los párrafos y/o elementos gráficos utilizados en la operación: versículos del Antiguo Testamento en alemán; del El Corán en árabe (en dos versiones); varios pasajes de una Torá en Hebreo; la reproducción de una página del Llyfr Gwyn Rhydderch (Libro Blanco), manuscrito galés de principios del siglo XIV; dos reproducciones de epigramas mortuorios y alabanzas a la diosa Astarté en etrusco y en púnico respectivamente (ambos textos concebidos originariamente en piedra).&lt;br /&gt;La fórmula o receta compositiva de A. Annabi podría sintetizarse de la siguiente forma:&lt;br /&gt;Una vez seleccionados los originales que han de ser “&lt;em&gt;arrojados al crisol&lt;/em&gt;”, el primer paso es la reimpresión de una página sobre otra –generalmente se trata de dos o tres originales superpuestos (cuatro en solo tres casos y cinco sólo en la Gran Página de Athos).&lt;br /&gt;El resultado parcial es modificado varias veces en nuevos revelados hasta conseguir signos de una morfología simple, tan bellos como ininteligibles, dirigidos manualmente por el criterio estético de Annabi, “&lt;em&gt;subjetivo y azaroso como los mismos Dioses&lt;/em&gt;”.&lt;br /&gt;Las imágenes que dan como resultado –“&lt;em&gt;La pura forma libre gozando de una existencia universal eterna&lt;/em&gt;”– son a primera vista una serie de bellas composiciones caligráficas, ilegibles como escritura, que se debaten entre el ideograma y el signo arábigo.&lt;br /&gt;Pero esta primera impresión se modifica lenta, gradualmente ante el ojo sensible hasta revelarse como lo que es: una asombrosa epifanía, una verdadera manifestación del verbo divino encarnado en uno de sus muchos rostros.&lt;br /&gt;El canon completo se compone de 360 páginas. Según nos explicara el mismo Annabi, una para cada jornada (el antiguo año lunar consta de 360 días).&lt;br /&gt;Por último solo nos resta agregar que el códice fue bautizado secretamente por su hacedor (Annabi rechazaba el concepto de autor, se consideraba a sí mismo como un escriba con poderes mediúnicos) con el nombre de »&lt;em&gt;Summa Teográfica&lt;/em&gt;«.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-3509510727797322756?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/3509510727797322756/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=3509510727797322756&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/3509510727797322756'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/3509510727797322756'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/palimpsest.html' title='PALIMPSEST'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RicrLgkXyEI/AAAAAAAAAAM/Dl5eH45Z5ec/s72-c/annabi+teograf%C3%ADa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-117622559223092137</id><published>2007-04-10T19:11:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:21:38.007+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='annabi'/><title type='text'>GOTTSCHRIFTART</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/1600/124478/annabi03.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 297px; CURSOR: hand; HEIGHT: 214px" height="222" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/320/860342/annabi03.jpg" width="307" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Consulté también otras fuentes, sobre todo familiares, pero la mayor parte de la información la obtuve escuchando su voz, su apenas audible, cascada, dulce voz.&lt;br /&gt;Al hablar parecía empujarse con leves pulsaciones de sus dedos, como un sístole-diástole cuya cresta temblara en la punta de sus largas uñas. Lucía un correctísimo y arcaico alemán.&lt;br /&gt;Piadoso, comprensivo con lo que él consideró siempre una exageración o un esnobismo: mi interés por su persona y obra, luego de muchas horas de lentas charlas, me fue revelando las coordenadas de su biografía:&lt;br /&gt;Abdeljamid Annabi nace en el puerto de Bizerte en 1881.&lt;br /&gt;Huérfano a los cuatro años, es criado en el orfanato Saint Bernadette, cerca de la ciudad de Túnez y educado por trapenses franceses.&lt;br /&gt;Especialmente por un misionero bearnés, Jules Armand Larregle, su tutor y maestro (más tarde su amigo).&lt;br /&gt;Con él aprende latín y griego. Gracias a la amplitud de criterios de Larregle –y al talento innato de Annabi para las lenguas– lee los Evangelios en francés, el Corán en árabe y los clásicos griegos y latinos.&lt;br /&gt;Recomendado por Larregle, a fines de 1893 se encuentra en Hissarlik, en el estrecho de los Dardanelos. Tiene sólo doce años. Ayuda en las excavaciones del “Tesoro de Príamo”. La empresa, que desentierra con sorpresa varias Troyas, está a cargo del arquitecto Wilhem Dorpfeld, mano derecha del millonario helenista H. Schliemann, recientemente fallecido.&lt;br /&gt;A partir de aquel primer empleo la vida de Annabi da un vuelco decisivo. Se convierte al cristianismo protestante (años más tarde al ortodoxo), menos seducido por su teología que por la influencia de Larregle y la paternal amistad que le dedica Dorpfeld, su nuevo maestro y mentor.&lt;br /&gt;En la biblioteca del Museo Volkswang Essen, de Essen, puede consultarse una carta enviada por el arquitecto desde Hissarlik a su amigo, el académico vienés Helmut Jüngen. Allí hace referencia a un &lt;em&gt;tunesisches Kind&lt;/em&gt;, a sus inclinaciones y talentos, a quien reconoce como su protegido:&lt;br /&gt;“Debería usted ver sus pictogramas y bocetos de campo; sus dibujos y caligrafías. Es apenas un niño (...) usted no lo creería. Es un copista de asombrosa habilidad. En una libreta que le obsequié copia toda clase de cosas, sobretodo escrituras antiguas. Nos es de gran ayuda en la taxonomía del material hallado”.&lt;br /&gt;Cuando las excavaciones finalmente se suspenden, debido a repetidas desavenencias con el gobierno turco, Annabi abandona el campamento en la colina de Estrabón y regresa a Tunez.&lt;br /&gt;En 1905 lo encontramos empleado en una ignota oficina portuaria de la isla griega de Limnos, no lejos de la boca del Helesponto.&lt;br /&gt;En estos años realiza los primeros esbozos de su futura producción gráfica.&lt;br /&gt;Durante los diez años que permanece en el puerto de Mírina, la “idea” de la Escritura de Dios madura, al menos en su aspecto conceptual. Es allí donde nacen los primeros ensayos fotográficos que habrían de ser la base estructural de las »Páginas« que comenzará a producir a partir de 1913, en su retiro del Monasterio Vatoped del Monte Athos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-117622559223092137?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/117622559223092137/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=117622559223092137&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117622559223092137'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117622559223092137'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/gottschriftart.html' title='GOTTSCHRIFTART'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-117620112754317978</id><published>2007-04-10T12:07:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:19:40.818+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='annabi'/><title type='text'>FALAFELLADEN</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/1600/626606/karthago.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 277px; CURSOR: hand; HEIGHT: 223px" height="237" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/320/605829/karthago.jpg" width="295" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Habíamos pasado varias horas en &lt;em&gt;Murr&lt;/em&gt;, la tienda de Heiko, bebiendo, charlando y fumando &lt;em&gt;entorpecientes&lt;/em&gt;. Hablábamos, una vez más, de las sutiles discrepancias entre arte y accidente, de justicia e injusticia poética, de formas no convencionales de impecabilidad creativa, de la ceguera de los especialistas y de la necesidad de reconocer y honrar las altas expresiones culturales secretas nacidas en medio de los basurales, en fin, de la antigua dificultad de separar paja de trigo.&lt;br /&gt;Berlín inaugura un museo por mes, decía él. Y yo me alegro. Pero el gran arte no está en los museos, o si querés, no sólo está en los museos.&lt;br /&gt;De esto hablábamos con Heiko esa tarde, me acuerdo. A veces paso por el Mauer Park -apunté- y miro los &lt;em&gt;graffiti&lt;/em&gt; y me digo que es allí donde está la pintura actual, las artes visuales que representan, que encarnan nuestro &lt;em&gt;sprit du temps&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;El Gordo Heiko dijo que sí, que él estaba de acuerdo, que a veces se encuentran obras de arte en los lugares menos convencionales, en cualquier pared callejera, en un puente, en un baño, en una tienda de falafel.&lt;br /&gt;Esto último me pareció un poco exagerado. No se lo dije pero de alguna manera se me vieron las cartas. El gordo me miró muy serio: no solo te voy desasnar un poco, Gato, me dice, sino que además te voy a llevar al mejor falafel de Berlín. Y de paso vas a conocer a un viejo amigo mío, creo que te vas a llevar una sorpresa. ¿Tenés ganas de caminar un poco?&lt;br /&gt;Cuando Heiko habla de falafel, amigos y sorpresas no consigue generar, en nadie que lo conozca bien, mayores expectativas.&lt;br /&gt;Y acá me parece que antes de seguir adelante tengo que hacer una aclaración: ¡El falafel!&lt;br /&gt;Casi todos los habitantes de esta ciudad somos más o menos adictos de ese invento maravilloso de medioriente, benemérito padre del vulgar y sumario sanguche (y aún del canelón y del crepe).&lt;br /&gt;Vivimos en la Meca, o mejor, en la Babilonia del falafel. Podría decirse que el falafel y el &lt;em&gt;dönner kebap&lt;/em&gt;, su primo carnívoro, son la alimentación principal del habitante de Berlín. Algunos imbiss, sobre todo turcos, ofrecen ambas variantes, y también otras. Pero ojo al piojo: la experiencia me dicta que al arte del buen falafel sólo lo cultivan los especialistas.&lt;br /&gt;Si algún fanático se tomara el trabajo de hacer un relevamiento de la oferta de falafel –solamente en los barrios de Mitte, Prezlauer Berg y Kreuzberg– el resultado echaría más o menos los siguientes guarismos: Turco 83 %; Sirio y libanés 7 %; Estilo Norafricano 6 %; Otros (Kurdo, Iraní, Irakí, Palestino) 4 %.&lt;br /&gt;Era una tarde de verano espléndida, de esas que cuando mirás el reloj no podés creer que sean las diez de la noche. La calle estaba llena de gente.&lt;br /&gt;Subimos hacia Prenzlauer Berg. Veníamos desde el &lt;em&gt;Murr&lt;/em&gt;, de Mitte. Íbamos zigzagueando, evitando las avenidas, buscando las zonas más amistosas que son siempre las más concurridas por la monada: Kollwitzplatz, Wasserturm. El &lt;em&gt;Imbiss&lt;/em&gt; que buscábamos está más allá, muy cerca de la Helmholzplatz, en la Raumerstraße. Se llama &lt;em&gt;Karthago&lt;/em&gt; y pertenece, aún hoy, a la familia Annabi.&lt;br /&gt;Herr Abdeljamid Annabi ya no está. Su nieto y sus bisnietos siguen explotando el bolichito. Pero hasta hace muy poco te lo podías encontrar sentadito en el fondo, sonriente museo de arrugas, casi siempre con un vasito de té en la mano –manos antediluvianas de largas y cuidadas uñas–, observándolo todo con la calma de los que se saben expuestos y girando inmóviles al rescoldo tibio de la eternidad.&lt;br /&gt;En las paredes del &lt;em&gt;bistró&lt;/em&gt; cuelgan todavía hoy algunos de sus “caligrafías”. Siete de una serie infinita que suma exactamente trescientos sesenta cuadros.&lt;br /&gt;¿Cuadros? Herr Annabi no me hubiera permitido llamarlos así. Le gustaba hablar de Hojas o de Páginas. Y si uno le decía SUS Páginas, entonces el viejito se quedaba largo rato negando con la cabeza para luego aclarar que no eran suyas: No son mías, muchacho... no son mías... no son mías... Hasta que la voz se le iba apagando.&lt;br /&gt;Pero aquel primer día, la clarísima noche que Heiko me lo presentó, no recuerdo haber mirado las paredes. Se me hace que esa primera vez solo tuve ojos para él. Su imponente presencia invisible. Sus ojos de Gilgamesch cansado.&lt;br /&gt;Casi no cruzamos palabra. Compartimos el té y sus aromas. Escuchamos el interminable monólogo de Heiko.&lt;br /&gt;Recuerdo que en un momento levantó una mano. Inmediatamente se acercó uno de los muchachos a quien le ordenó, con firme suavidad: “Sírveles otro té a mis amigos, pregúntales si quieren algo de comer, limpia la mesa”. Luego se incorporó, musitó un buenas noches y lentamente se fue para el fondo.&lt;br /&gt;Pasaron varios meses de periódicas visitas hasta que me fuera permitido conocer la serie completa. Recién cuando se convenció de que podía confiarse, cuando le expuse mi interés por “su” obra y me comprometí a tratar de hacer algo por divulgarla.&lt;br /&gt;Lo dicho, solíamos llamarlas páginas, caligrafías, hojas. Pero el nombre verdadero, el nombre secreto de la obra lo supe mucho después. Me lo dijo el propio Abdeljamid Annabi antes de irse.&lt;br /&gt;Dimos mil vueltas en el afán de poder darles mejor destino. Por una cosa u otra no pudo ser. El fanatismo religioso suele ser proporcional a la estupidez.&lt;br /&gt;Pero eso es otro tema del cual se hablará, quizá, más tarde. Lo que por ahora importa es ese primer acercamiento a las “páginas” de Annabi.&lt;br /&gt;Pensandolo bien, lo único que tal vez realmente importe es el hecho de que esas mudas epifanías están ahí todavía, en la Raumerstraße 21.&lt;br /&gt;Podés ir, aún hoy, y disfrutar del mejor falafel de Berlín mientras mirás alguna de esas revelaciones inmutables. Podés incluso preguntar por él. Seguro que te dicen que no está, que murió.&lt;br /&gt;Lo cual, en el fondo, es cierto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-117620112754317978?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/117620112754317978/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=117620112754317978&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117620112754317978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117620112754317978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/falafelladen.html' title='FALAFELLADEN'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-117611432185139212</id><published>2007-04-09T12:10:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:24:01.433+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tano'/><title type='text'>ZUSAMMENSTOß</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/1600/579226/nirgends.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 286px; CURSOR: hand; HEIGHT: 262px" height="273" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/320/945449/nirgends.jpg" width="298" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Esteban me llamó a la mañana y arreglamos para una hora más tarde. Me la esperaba. Los esperaba. Ya me lo había adelantado Marga por correo y estaba preparado para casi todo.&lt;br /&gt;Quiero decir, me venía preparando desde hacía semanas para reencontrar a mis amigos de la Rosario prehistórica –Marga y Esteban, el Chiche y Marisa– después de más de veinte años.&lt;br /&gt;No hay mucho que contar acerca de lo que puntualmente sucedió. Demasiado parecido a lo que me había imaginado.&lt;br /&gt;Pasearíamos por la ciudad representando al pie de la letra el rol de alegres turistas, rozándonos decenas de veces, levemente, sin lograr una puta carambola, hasta caer en la cuenta del estado calamitoso del paño para entonces recorrer ya no las calles de Berlín sino las pocas cartas que nos quedan en la mano, tahúres derrotados.&lt;br /&gt;Si me atreviera a describir aquella tarde podría indistintamente tomar de modelo lo que sucedió o lo que me imaginé que sucedería.&lt;br /&gt;Un brazo, una gamba, la bocha, otra pierna… Los miembros dispersos del judío errante se citan y se encuentran en la capital alemana para presenciar, llegada la noche, en el corazón mismo del encastre quirúrgico, para presenciar y celebrar, en la reunión de sus miembros de antiguo dispersos, su alivio de morirse.&lt;br /&gt;Los pasé a buscar por el hotel y caminamos por la Unter del Linden hasta la Puerta de Brandemburgo y de ahí, bordeando el monumento al Holocausto hasta Potsdamer Platz. En la pantalla gigante del Sony Center leí el primer adelanto de la noticia que lo explicaba todo: se anunciaba la colisión de cinco galaxias a 300 millones de años luz de la tierra.&lt;br /&gt;Después anduvimos de acá para allá, febriles y sedientos como todo turista, con ese despiste infantil que tiene algo de alegría y de imbecilidad a la vez.&lt;br /&gt;Les mostré lo que me pareció más digno de conocerse. Como siempre la ciudad nos mostró lo que ella quiso.&lt;br /&gt;Era raro estar así, todo el tiempo hablando del pasado, del pasado de allá, de la gente de allá. Las pocas veces que hablábamos del presente o del futuro se trataba del presente o del futuro de allá en relación a la suerte o desgracia de gente de allá.&lt;br /&gt;Era raro levantar la cabeza de esas charlas –emitidas a un volumen de voz varios decibeles más alto de lo que aquí se estila– y encontrarse de repente en los patios de &lt;em&gt;Hackescher Markt&lt;/em&gt; o dando un vistazo aéreo sobre la ciudad desde la &lt;em&gt;Siegeseule&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Marga, que supo ser tan linda hace añares –sobretodo una tarde en el camino de la costa– en las alturas de la &lt;em&gt;Siegeseule&lt;/em&gt; mostró un rostro ajado y mustio, becado para el geriátrico, y dijo que se mareaba (¿o fue en la Torre de la Alexanderplatz?).&lt;br /&gt;Creo que lo que nos mareaba eran los cambios de montaje temporales, los cortes que el espacio nos tiraba en la cara arrugada para dejarlos ahí pegoteados y no ver más nada. No sé si me explico. Por ejemplo, estábamos en el subte 2 en dirección a Pankow y emergí de una de esas charlas a los gritos para quedarme mirando la pantalla de la tele del subte que anunciaba la colisión de cinco galaxias en la constelación Pegaso.&lt;br /&gt;Una de ellas –las pantallitas son dobles– mostraba una foto como de fuegos artificiales en un cielo narcotizado y la otra decía: La enorme onda expansiva de la colisión es mucho más grande que la Vía Láctea.&lt;br /&gt;Confieso que yo que no sé, que nunca supe amar a una ciudad sin odiarla también intensamente, no pude evitar incubar esa tarde un sentimiento de piadosa vergüenza… Pensé que Berlín era, en ese momento, una mujer joven y hermosa desperezándose desnuda y tibia ante nuestras miradas sin ser mirada ni deseada por nadie, por ninguno de nosotros. Pobrecita.&lt;br /&gt;Y pobres nosotros ciegos, actuando una camaradería, una fraternidad y una confianza forzadas a mostrarse inmarcesibles cuando ya los años y el olvido y el desinterés le inocularon su licor de adormideras… (me acordé de esa canción que cantaba el Gato: “el agua del recuerdo es de lejía”).&lt;br /&gt;Cuando volvía solo a casa en el U5, después de dejarlos en el Hotel, me encontré con un nuevo pantallazo del caso, decía: la colisión del Quinteto de Esteban, formado por cinco galaxias, produjo una explosión increíblemente turbulenta de gases formados por moléculas de hidrógeno.&lt;br /&gt;Empecé a reírme solo. Te lo juro. Razonablemente primero y al rato ya a las carcajadas.&lt;br /&gt;¡El Quinteto de Estéban!&lt;br /&gt;Supongo que la gente me miraba, no sé: tuve que sacarme los anteojos para limpiarlos y vos sabés que sin los lentes todo es niebla.&lt;br /&gt;Cuando me los volví a poner leí, asintiendo en absoluto acuerdo: los astrónomos han quedado muy sorprendidos no sólo por la turbulencia del gas, sino también por la enorme fuerza de la emisión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-117611432185139212?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/117611432185139212/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=117611432185139212&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117611432185139212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117611432185139212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/zusammensto.html' title='ZUSAMMENSTOß'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-117594238385092422</id><published>2007-04-07T12:17:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:24:22.620+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>SCHAUFENSTERPUPPEN</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/1600/298115/maniqu??.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/320/719531/maniqu%3F%3F.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Después del viaje a Cracovia –el único viaje que hicieron los tres juntos– el Gato ya se estaba mudando de nuevo.&lt;br /&gt;El viaje fue una fiesta de reconciliaciones. Una escapada de tres días en el auto de Astrid. Festejo, brindis, besos, promesas a dos bandas.&lt;br /&gt;Algo de la brujería casera, del vudú blanco de hada buena de Bea había detrás de todo aquello. De golpe eran un matrimonio feliz, los tres, aspirando ser una familia feliz, los cuatro.&lt;br /&gt;Al volver a Berlín la ilusión se sostuvo un tiempo.&lt;br /&gt;Mal que le pesara al Gato, la Rusa estaba radiante. También en la cama la cosa mejoraba notablemente.&lt;br /&gt;A veces, cuando lograba no pensar, no mirar atrás o adelante, sólo surfear la ola del presente, disfrutaba de aquella extraña, deforme armonía: el pequeño cuerpo feliz de Bea sumergido en el deleite; la ríspida sensualidad de Astrid.&lt;br /&gt;En los intervalos le dolía. Bea gozaba mil veces más que cuando estaba con él, a solas, al menos así le parecía. Se abandonaba entonces a esos ronroneos de autocompasión que le conozco tanto.&lt;br /&gt;El orden de aquellos días se nos confunde. Pero fue nomás volver de Cracovia y mudarse a lo de Astrid.&lt;br /&gt;En los ratos de soledad que todavía le reservaban las mañanas –cuando Bea dormía, Astrid se iba a atender sus boutiques y Miko estaba en la escuela– ansiaba una soledad mayor, completa, echaba de menos la antes repudiada soltería.&lt;br /&gt;Puede que sea un poco estúpido pero es un clásico: comprobaba una vez más, como un astrónomo chapado a la antigua, que la soledad, como la luna, jamás será habitada.&lt;br /&gt;Una rosa roja en una botella amarilla es la postal que tenemos de esos primeros días. Una rosa en una rara botella de ajenjo adornando su nueva mesa de luz, regalo de Astrid: una mesa increíble, de madera de cerezo, austera y bella como un altar japonés. De un tamaño exagerado para mesa de luz, armonizaba perfectamente con el resto del cuarto, con el resto del bulo: todo allí era enorme, caro y minimalista.&lt;br /&gt;Cuando me vino con la noticia yo le dije textualmente: sos un pelotudo, cómo te vas a mudar a lo de la Valquiria. Le dije incluso si no se le había ocurrido pensar... Cagate de risa. Pensar, justo el Gato.&lt;br /&gt;Tampoco tengo muchas opciones, me dijo. Sostener el alquiler del altillo se le estaba poniendo cuesta arriba. Además era al pedo, si igual ahí no paraba nunca.&lt;br /&gt;La casa de Astrid era luminosa y confortable. Tenía la ventaja de estar a pocas cuadras de lo de Bea y a metros de la estación Rosa Luxemburgo. Una especie de box-window a todo lo ancho del depto convertía el living en una suerte de loft-jardín-de-invierno. El escenario perfecto para esa rara junta, ese triunvirato, un teatro que fluía en acciones desmesuradas, a contramano de la quietud que iba ensombreciendo a la ciudad, la quietud que proponía aquel invierno del orto, precoz en su crudeza, que venía anunciándose desde mediados de octubre e iba a extender su tiranía hasta bien entrada la primavera.&lt;br /&gt;Un guionista gagá, un demiurgo enfermo o escabiado, pero de una ternura inefable, garabateaba las escenas y ellos ensayaban sus disparatadas ocurrencias como les iba saliendo.&lt;br /&gt;La onda impecable que nació en Cracovia rigió las primeras semanas. El Gato no conseguía explicarse cómo se había producido el cambio. Incluso con Miko, con quien la cosa parecía hasta entonces no tener vuelta –apenas si se habían ido acostumbrando a soportarse por el común amor a Bea–, empezaba a fluir una corriente fraterna que en pocos días se convirtió en sólido cariño.&lt;br /&gt;Por aquellos días oí varias veces al Gato celebrar la sorpresa de ser una especie de padrastro gamba del pibe, de ver asomar y de dejar crecer una nueva forma de amor para él desconocida hasta entonces.&lt;br /&gt;»Bea, la bruja que hay en Bea, estuvo trabajando, trabajándonos, sin que nos diéramos cuenta«, me decía el iluso y yo me le cagaba de risa. Ma´que bruja ni bruja, a la Rusa lo que le pasa es que le chifla el orto, Gato...&lt;br /&gt;Si alguien se tomara el trabajo de revisar la hojarasca de esos días no encontraría precisamente muñequitos o fotos pinchadas. Daría sí con rastros más inasibles.&lt;br /&gt;Bea estaba muy loca pero tenía una polenta que echaba chispas, una fuerza pura emitida desde un punto pasivo de observación, desde una completa calma; una fuerza irrefutable que desmantelaba cualquier mecanismo “felino” de boicot, una fuerza que era como la más alta forma de la fe y cuya fuente parecía estar en su mirada doble.&lt;br /&gt;Cada vez que el Gato dudaba –y fueron muchas– y se preguntaba qué carajo hacía en medio de todo aquello, le bastaba mirase en esos ojos bálticos de lobo y de conejo para responderse que no, que no estaba en medio de nada, que nadie más que ella era el medio, el centro. Ellos eran “los otros”, cada uno de ellos, a solas, no eran más que satélites acompañando la impredecible órbita de Bea.&lt;br /&gt;Una gira con &lt;em&gt;La Diáspora&lt;/em&gt; nos llevó a Berna y en la frontera suiza al Gato lo abrocharon.&lt;br /&gt;Estaba ilegal desde hacía casi cuatro años pero tenía la suerte de poseer un pasaporte sin mácula (algún funcionario distraído había olvidado sellárselo y eso lo colocaba en un estado de perfecta coartada).&lt;br /&gt;Cuando los buchones de Basilea se lo sellaron empezó una cuenta regresiva a la que su paranoia le dio más importancia de la debida: los últimos días de sus primeros noventa de legalidad.&lt;br /&gt;Se había convencido de que si no inventaba algo pronto lo iban a deportar. Preñada de suspicacias, su paranoia salpicaba para todos lados. Todos los que lo rodeábamos estábamos, de golpe, excesivamente preocupados por el Gato y su situación.&lt;br /&gt;Un mediodía nublado de domingo en el living: desayunaban lenta, morosamente. Estaban todos, los cuatro, pegados al ventanal, como sorbiendo las mezquinas migajas de luz –el &lt;em&gt;box-window&lt;/em&gt; te daba la sensación de estar suspendido sobre la Schönhauser Alle–. Detrás del bunker de la Volksbühne asomaba la grandiosa garompa metálica de la Alexanderplatz.&lt;br /&gt;El Gato estaba de pésimo humor e hizo un comentario de lo más pelotudo:&lt;br /&gt;–Da la sensación de que somos demasiados.&lt;br /&gt;Inmediatamente se supo mal interpretado pero no le dio ganas de explicarse.&lt;br /&gt;La cosa es que, desde hacía unos cuantos días, siete maniquíes emigrados de la elegante boutique de Astrid se habían mudado también a la casa. Jugaban a cambiarlos de ubicación y de aspecto. Había lugar de sobra, no jodían para nada, pero aquel mediodía irascible tuvo la sensación de que eran demasiados y lo dijo.&lt;br /&gt;El comentario, malinterpretado gracias a la acritud de su gesto, quedó flotando, espesando el aire. Recién cuando Miko lo miró como desaprobándolo, dejó escapar una aclaración lacónica en contra de los putos maniquíes.&lt;br /&gt;Al rato discutían si llevarlos al Mercado de Pulgas y venderlos o ponerlos de patitas en la calle.&lt;br /&gt;Puras macanas. En el fondo al Gato “las chicas” le resultaban encantadoras. Miko y él se pasaban horas jugando con ellas. Además ¿cuánto podrían darles? Pero tenía uno de esos días y siguió hablando al pedo. Argumentó que un billete no le vendría mal, que había poco laburo con la orquesta. La charla se le iba de las manos y cada palabra, suya o ajena, no hacía más que aumentar el malentendido y atizar su pésimo humor y la mala honda general.&lt;br /&gt;El gran ventanal terminaba en un pequeño balcón a la calle. Salió a fumarse un caño. Le llegaban, en stereo, el leve chirrido de los autos sobre la nieve de la avenida y la conversación de las mujeres, adentro.&lt;br /&gt;La voz deportiva, casi varonil de Astrid, como la voz de un adolescente de clase alta pero con frenos, requiebres y derrapes absolutamente femeninos:&lt;br /&gt;–No necesitamos dinero.&lt;br /&gt;Y luego la cuerda élfica de Bea:&lt;br /&gt;–Gato sí... Gato sí que lo necesita.&lt;br /&gt;Asomó un poco la cabeza para verla mejor: recién se daba cuenta de que Bea lo llamaba así. Es decir, todo el mundo lo llama así, de toda la vida. Pero por un capricho o por una razón que no viene al caso, sobretodo porque la desconocemos, desde el comienzo de su relación le había pedido a Bea que lo llamara por su nombre de pila. Recién ahora caía en que Bea lo nombraba así, Gato, en su ausencia.&lt;br /&gt;Empezó a preguntarse porqué sumergida razón había preferido que su apodo zoológico de toda la vida pasara a nombrar su ausencia, porqué había dispuesto que la persona que más amaba en este planeta lo nombrara con un nombre absolutamente extraño incluso para él, el nombre que habían escrito sus padres en un papel oficial para el inmediato olvido.&lt;br /&gt;Apoyado en la baranda del balcón, seguramente cagado de frío, seguramente estimulado por el porro, se me hace que siguió rumiando, valuando y devaluando nombre y sobrenombre.&lt;br /&gt;La palabra Gato, sin el artículo –advertía en aquel momento–, sonaba de pronto especialmente extraña en alemán. Con una A demasiado larga y una O demasiado corta y seca, algo así como GAATHo. Y Gato, o GAATHo, es una palabra que no significa nada en tedesco, ni nombre ni sobrenombre. Si dijeran Kater o, Der Kater, hubiera sido, claro, otra cosa. Quizá todo el diálogo hubiera perdido sentido, o ganado uno muy otro.&lt;br /&gt;En medio del repentino silencio de la avenida escuchó:&lt;br /&gt;–Gato tiene que hacer algo con sus papeles.&lt;br /&gt;Luego la juvenil y wagneriana garganta de Astrid:&lt;br /&gt;–Hay dinero suficiente, también para él, si quiere quedarse.&lt;br /&gt;Si quiere quedarse. Ambas voces le llegaban de golpe tan nítidas que miró hacia el balcón y comprendió que acababa de cerrarlo, que estaba, otra vez, adentro. Si quiere quedarse.&lt;br /&gt;Las dos mujeres lo estaban mirando. No sabemos porqué pero sabemos que sintió vergüenza.&lt;br /&gt;Desvió la mirada hacia el fondo del salón. Se detuvo en el retrato-instalación «Las Señoritas de Monbijou» que habían montado con el pibe la noche anterior: un grupo feliz de chicas de poliéster blanco laqueado.&lt;br /&gt;Se detuvo, sobretodo, en una que le simpatizaba especialmente, la que Miko había vestido con una peluquita adamascada de pelo corto y bautizado «Urknall» (Miko vivía entonces un romance obsesivo con el tema Big Bang-Génesis). Urknall estaba vestida con una chaqueta tirolesa de terciopelo negro con ribetes rojos y verdes. Le quedaba preciosa. Sentada sobre un baulito de mimbre, la mínima pollera de seda roja le permitía ver sus piernas demasiado flacas.&lt;br /&gt;El asunto es que Urknall también lo estaba miraba fijo. En la franja de sombra que proyectaba su chaqueta abierta entrevió sus pechos artificiosamente puntiagudos. El Gato no pudo sostenerle la mirada. Estaba al palo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-117594238385092422?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/117594238385092422/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=117594238385092422&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117594238385092422'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117594238385092422'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/schaufensterpuppen.html' title='SCHAUFENSTERPUPPEN'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-117585517159717721</id><published>2007-04-06T12:02:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:24:54.531+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>UNTERSTÜTZUNG</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/1600/886987/ampel.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/320/285681/ampel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;La relación con Bea por supuesto que no prosperó. No se si te llegó la noticia del casorio. Puro cuento. Me dio así su limosna de UE a condición de que pagara el sobrepeso. No hubo ninguno. No hubo nada más. Pero firmé un pliego de condiciones. Fuera de joda.&lt;br /&gt;La paranoia de los Ossis con respecto al poder es sólo comparable a la mía. Cuestión que me hice de papeles –una calcomanía en el pasaporte que te permite permanecer y trabajar– y lo primero que hice fue presentarme en el &lt;em&gt;Arbeitsamt&lt;/em&gt; a pedir laburo creyendo –me había informado mal, dijeron luego– que como padre de familia alemán, me darían un subsidio... ¡Ah, los buenos mecenas de la socialdemocracia!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Neee. Nain. Niet. Nix.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Pero me atendieron muy bien. Las tres o cuatro veces que fui, que tuve que ir, al pedo. Ahora, no te creas, un respeto. Te tratan de Usted: Usted no puede cobrar como desempleado por la sencilla razón de que nunca estuvo empleado. Pero su mujer tiene un hijo, así que podrían tranquilamente pedir Ayuda Social.&lt;br /&gt;Tranquilamente puede uno esperar en la sala de espera del &lt;em&gt;Sozialamt&lt;/em&gt; en la sección &lt;em&gt;Sozialhilfe&lt;/em&gt; y fumarse un paquete de fasos en el recinto de fumadores. Tranquilamente puede uno presentar interminables pilas de papeles durante cuatro larguísimas esperas, preludio de muy breves entrevistas.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No. Neee. Nix.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Primero: Su mujer tiene ingresos… (–¡Le juro que son regalos que le hace una novia que tiene!) …que no corresponden con su Status de Estudiante.&lt;br /&gt;Segundo: ¿De qué ha vivido usted todos estos años?&lt;br /&gt;Tercero y Cuarto: ¿Dónde está su declaración de impuestos?&lt;br /&gt;Agotados mis trámites en el &lt;em&gt;Sozialamt&lt;/em&gt; había perdido toda esperanza de vivir de la política y sus sinecuras.&lt;br /&gt;Para colmo ya no era ya tan fácil conseguir una changa. Por ejemplo: mi viejo ganapán de mozo en el &lt;em&gt;Kabaret Voltaire&lt;/em&gt;, ahora que tenía papeles, nones… Paradójicamente, siendo legal, es todo mucho más dificil: ahora me pedían &lt;em&gt;Status&lt;/em&gt; de Estudiante (triquiñuela de los bolicheros para no pagar impuestos).&lt;br /&gt;Un moño.&lt;br /&gt;Una mañana Mitra me habló del &lt;em&gt;Freitodamt&lt;/em&gt;: una Organización No-gubernamental que se dedica a asistir y ayudar al suicida terminal.&lt;br /&gt;Mitra dixit: &lt;em&gt;“Te dan buen dinero –a tus deudos o a quien tu designes– si te matas cómo y dónde ellos te indican. Te organizan, digamos, como solo los alemanes saben hacerlo, tu acto final... Un espectáculo que mucha gente desea ver, mucha más de la que tu te imaginas. No sé cómo te guste a ti la cosa pública...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Nooo, por un suicidio en soledá no hay ná, si te rajas las venas en el cuarto de baño o te ahogas con gas solitico en la cocina o te tragas un tiro, ellos no te dan ni las gracias porque para ellos la gracia es que tu muerte esté al servicio de una ceremonia colectiva que ya te van a explicar en detalle...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Generalmente eligen torres en bonitos lugares que puedan cobijar a mucha gente: la Fehrnsehenturm en Alexanderplatz o la torre de Grünewald o la de la Funk...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Ya tu ves: si como suicida ellos ven que realmente prometes, pues te puede llegar a tocar la nueva cúpula vidriada del Reichstags, que es el summun.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Te anotas y luego ellos te llaman o te dicen que cuándo tienes que presentarte.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Eso sí: tienes tu que esperar entre uno y seis meses. A veces está duro porque hay sobreoferta –en invierno por ejemplo– y claro, tampoco les conviene que la gente se mate tanto... Cuatro mensuales es el tope, por ley.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Aprovecha ahora, aprovecha el buen tiempo. En primavera es más rápido, nadie se encajona en mayo. Eso si, el trámite, como todos aquí, ya tu sabe, es una vaina compleja...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“¿Que porqué sé yo tanto de todo eso? Te acuerdas tu del Richar, el ex de la Maike, pues el muy pendejo, que ya se había anotado, no pudo esperar, estaba tan deprimido el huevón que se tiró bajo el S-Bahn, cerca de la estación de Pankow y no cobró ni un Marco, que en esos tiempos todavía había Marcos, el pobre...”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Entonces fui y me &lt;em&gt;anmeldé&lt;/em&gt;. Me anoté en el &lt;em&gt;Freitod Programm&lt;/em&gt; no sólo por desesperación, por ponerle piso a una situación que parecía no tener techo... También porque vi una posibilidad de cristalizar el proyecto Annabi, de dejar en manos eficientes (¿qué más eficiente que la Socialdemocracia?) la «Escritura de Dios», la maravillosa obra de mi viejo y extinto amigo Abdeljamid.&lt;br /&gt;La idea era invertir el dinero que me dieran por el salto mortal en algo así como una &lt;em&gt;Stiftung&lt;/em&gt; Abdeljamid Annabi y desde allí divulgar las «Páginas» (Llevo años buscando apoyo. Lo único que consigo es, o una total incomprensión y/o desinterés, o bien la mirada desaprobatoria acompañada de un: ¿no pensó acaso en las consecuencias nefastas que esto puede acarrear? ¿no comprende que esas desatinadas imágenes lastiman la delicada epidermis de las relaciones del Islam y el mundo judeocristiano? &lt;em&gt;Neee. Nain. Niet. Nix&lt;/em&gt;).&lt;br /&gt;Después de todo no me asombró que hasta tuvieran sopesada la desesperación del suicida, con sus categorías de novato o reincidente… Ni siquiera ese esquema con los niveles de necesidad de los deudos. Pero, para decirlo como Mitra, el sistema tiene muy pocas rajas. Y a mi me jugó en contra mi propia trampa: si me dejaba caer de alguna de las estratégicas torres que figuran en las listas, la única beneficiaria sería Beate.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Scheiße&lt;/em&gt;. Tenía incluso ya elegida la pequeña torre del faro de Potsdam, no solo por sus austeras líneas habsbúrguicas y sus maravillosas inmediaciones, sino también como homenaje al caballeresco pistoletazo doble de Heinrich von Kleist que aún resuena por allí cerca.&lt;br /&gt;También esta elección fue un error. En la lista de marras no figura la torre del faro por ser demasiado baja (a lo sumo te quebrás las gambas lo cual al fin resulta oneroso para el estado y las &lt;em&gt;Krankenversicherung&lt;/em&gt; privadas, es decir, las obras sociales patrocinantes).&lt;br /&gt;Adios Proyecto Annabi, me dije.&lt;br /&gt;Cuando abandonaba las oficinas del &lt;em&gt;Freitodamt&lt;/em&gt; me chistó una cara que a poco de empezar la charla me acabó resultando conocida: Nos conocemos del KV (el Voltaire), me dice… ¿Vos no sos el mozo del KV? Si, le contesté, ¿y vos sos...?&lt;br /&gt;Y era él nomás. Karl o Karsten o Knut, ya ni me acuerdo.&lt;br /&gt;Hay alguien buscándote, me dijo. Vos cantabas Tango, &lt;em&gt;¿nicht war?&lt;/em&gt; Los del Trío Tangustia andan buscando cantor...&lt;br /&gt;A la semana siguiente empezaron los ensayos y a los quince días estábamos de gira por las milongas sureñas –Munich, Regensburg, Stuttgart, Köln– destrozando hermosas y antiguas partituras del cancionero popular de ayer, de hoy y de siempre.&lt;br /&gt;Y la &lt;em&gt;tangarcha&lt;/em&gt; duró todavía unos meses. Meses con su pan bajo el brazo y sus litros de escabio (no sé si tomábamos tanto para soportar lo mal que sonaba o si sonaba tan mal por tomar tanto).&lt;br /&gt;Al menos era una vida leve, de sólo echar centavos en la ranura.&lt;br /&gt;Seguramente hubiera seguido así si en una de esas vueltas, sin previo aviso, a quemarropa, no van y me llegan los papeles del divorcio.&lt;br /&gt;Estábamos en Hamburgo, me acuerdo, con un laburito medio rasca pero que iba a dar para pasar el invierno.Vos viste como es la paranoia del sudaca, escupe perdigones invisibles en la piel más tersa y tiene doble caño (pero como en los duelos, uno acá y el otro allá enfrente...), quiero decir, al mandarme los papeles a una dirección que yo ni siquiera sospechaba que ella tuviera, la persecuta de Bea disparó mi propia paranoia a niveles especulares. Y ya se sabe cómo es la cosa: firmás el divorcio y al toque te llega una cartita invitándote a abandonar, si o sí,&lt;em&gt; so wie so&lt;/em&gt;, el país y la dorada UE.&lt;br /&gt;Pibe: tenés seis meses para volver al culo &lt;em&gt;der Welt&lt;/em&gt; (&lt;em&gt;«Das Boot ist voll»&lt;/em&gt; -el bote está lleno- dicen los muy turros autoproclamándose Noés en un diluvio que impulsan ellos).&lt;br /&gt;Abandoné a los muchachos sin aviso (todavía me deben estar puteando...) y me espianté en la dirección contraria de Boddhidarma, hacia donde los abogados y los &lt;em&gt;BEAmten&lt;/em&gt; nunca pudieran encontrarme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-117585517159717721?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/117585517159717721/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=117585517159717721&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117585517159717721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117585517159717721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/untersttzung.html' title='UNTERSTÜTZUNG'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-117567436945184573</id><published>2007-04-04T10:08:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:25:25.999+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>SÜHNEVERSÖHNUNGSVERSUCH</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/1600/891847/sordomudo.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/7769/2130/320/561186/sordomudo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Si la defensa de la ciudadela te lo permite pispeá por la ventana.&lt;br /&gt;Aquella que viene al trote calle arriba es mi alma pedestre, mi alma muda. Y ese que trepa lento por la tarde a lomo de camello es mi cuerpo sin lastre.&lt;br /&gt;En cambio, en las antípodas de lo celeste, la bota de cordero montés que traba la puerta de tu casa para que no se cierre para siempre es el estuche de peluche de mi pie izquierdo.&lt;br /&gt;Dejame entrar Bea; Beata, Beoda, Beatrice.&lt;br /&gt;Al diablo con la canción de moda labrada en simétricas gargantas de amianto.&lt;br /&gt;En los pasillos de los departamentos nunca es temprano o tarde. Así como las incertidumbres nacen ya crecidas y armadas hasta los dientes como Atenea, las certezas son siempre un postre con retraso, flores de mayo, hijos que deberían ser nietos. Llegan casi a la hora de irse.&lt;br /&gt;A la hora de irnos pongo la mía sobre la mesa o, mejor, como taco para trabar la puerta. Esta certeza es casi todo lo que tengo, a saber: de todo lo que existe en este barrio inestable que remeda el universo, ya sea flotando, arrastrándose o sumergido, me declaro ignorante. Me asumo ignorante de todo pero quiero saber –como repite la canción de moda– si es que vas si es que vas si es que vas, si es que voy a volver.&lt;br /&gt;No cierres todavía que mi ignorancia comienza aquí, allí, en ese pie que traba la puerta y se extiende en dos direcciones aparentes: hacia fuera y hacia adentro.&lt;br /&gt;Doblo la esquina de tu casa y ya es otro país (ignoro incluso cuál de todos estos países es más extraño). A lo sumo comprendo el dialecto del semáforo. Distingo a éste de un poste cualquiera y discrimino perfectamente al poste del árbol. Pero no mucho más. No logro discernir mucho más. En una palabra, me asumo ignorante de todo pero no mucho más. Pongamos el pasillo por caso. Qué pena Bea que ocupada como estás en proteger tu fortaleza no puedas ver el pasillo, la perspectiva del pasillo, la puerta del ascensor que se distingue claramente de la puerta de la vecina y de la tuya propia asediada por unas botas monteras preciosas e inclaudicables compradas de segunda mano en la tienda de los evangelistas.&lt;br /&gt;El ascensor sin ir más lejos. Yo sé a priori que el mundo es esto y aquello, recta y plano, punto y banca, ser y nada. Pero mirando este pasillo en el que poco a poco me quedo a vivir, mirando este pasillo en perspectiva comprendo que todo me es extranjero. De hecho &lt;em&gt;el bote está lleno&lt;/em&gt; y todo es extranjero. Hasta el cielo. Ni siquiera el cielo es nacional.&lt;br /&gt;Nosotros somos cielo para alguien, se me ocurre. Sospecho que las ratas, las ratas nos endiosan. Eso es casi seguro. Casi seguro somos el olimpo de las ratas. Pero si pongo el pie en la puerta es para mantenerla alerta, para que no pueda decirse que esto ya está cerrado, que el cielo se ha escindido.&lt;br /&gt;A veces pienso que sos una hija, la hija mayor de todas las hijas de puta del olimpo. Pero entonces me acuerdo del Génesis y vuelvo a ver en vos lo que vi cuando te vi por primera vez. Sí, creo que ha llegado la hora de decir qué fue lo que te vi cuando te conocí (que fue cuando me supe solo). En el comienzo fue el verbo. En los estertores previos al comienzo, en la era de la baba, cuando sentí las ganas imperiosas de sembrar los dientes de la serpiente por toda la patria, cuando quise comerme crudos los frutos de tu vientre para no ser destronado luego.&lt;br /&gt;No quiero irme de tema. Ahora que ya fui destronado ha llegado la hora de decir qué fue lo que te vi cuando empecé a estar solo. ¿Qué fue lo que te vi?&lt;br /&gt;Nada especial. Nada fuera de lo común. Lo de siempre. El deseo de seguir encarnando o embarrando el karma.&lt;br /&gt;Me fascinó, eso sí, tu modo bestia de decir las cosas, la forma desastrosa, devastadora de empuñar axiomas comiéndose los puntos, garchándose las comas, tu desesperada voz al pronunciar trompadas a repetición ya sea para criticar una canción como ésta o para descuartizar hasta la más modesta opinión de alguien inexistente, de alguien con el alma y el cuerpo emigrados después de la escisión, después del divorcio, alguien inexistente y leve, alguien hecho de luces pixeladas como un presentador de noticiero.&lt;br /&gt;Con la misma atardecida voluntad de certezas pongo este pie entre el marco y la puerta y lo ofrezco como prenda, como oblación, como rehén, como cordero.&lt;br /&gt;Me ofrezco como los gladiadores: sin miedo ni esperanza.&lt;br /&gt;¡Atentti a este secuestro! Ni hace falta siquiera que pagues el rescate.&lt;br /&gt;Ahora, eso sí, no escuches la canción pegadiza que te silva al oído el &lt;em&gt;Wurm&lt;/em&gt;, el gusano, la babosa. A vos lo que te chifla es otra cosa.&lt;br /&gt;Cuando pierdas el contacto con la nave nodriza, cuando tu puta puerta acabe con mis botas de siete leguas y se venza mi visa, veremos.&lt;br /&gt;Toda tribu está condenada a la disgregación, a la diáspora.&lt;br /&gt;Ahora abrime y hablemos. Aunque no haya diálogo posible (si hasta Platón no hizo más que bajar línea). Todo intento de intercambio desata el solipsismo. Y así ha de ser hasta que el monoteísmo sucumba ante mis deidades rata.&lt;br /&gt;Da igual. Hablemos si querés por el resquicio de la puerta, aunque sea en tu idioma, tu dialecto, tu &lt;em&gt;Plattdeutsch&lt;/em&gt; predilecto. Prometo no quitar el pie hasta la repatriación de mis restos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-117567436945184573?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/117567436945184573/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=117567436945184573&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117567436945184573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/117567436945184573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2007/04/shnevershnungsversuch.html' title='SÜHNEVERSÖHNUNGSVERSUCH'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116471390611926825</id><published>2006-11-28T12:32:00.000+01:00</published><updated>2007-05-04T20:25:54.387+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>SPEER</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/esquina03.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/esquina03.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Resumiendo, mi último acto prusiano fue pagar deudas. Y desde que Mitra se tomó el buque a Cuba al único que me parecía deberle algo eran al Tano Ferrari. Y bueno, un poco también a los pibes (a ninguno en particular sino al grupo) de La Diáspora. Asi que acepté el pedido de Floh de hablar con el Tano e intentar devolverlo a la orquesta. Tal vez vos hubieras sido la persona indicada para el encargo, pero Floh y Jörg lo dijeron bien claro: “Nosotros con Heiko no queremos saber nada de nada”, lo cual vino a confirmar algo que yo ya te dije más de una vez Gordo: sacando a Silke, al Tano y a mí, a vos no te quiere nadie.&lt;br /&gt;En fin, sigo: hacía casi un año que el Tano había colgado los botines –es decir, abandonando La Diáspora, el fueye, la música, la vida social, en fin, la vida– cuando nos encontramos por última vez.&lt;br /&gt;Como al otro día volaba a Palestina y al Líbano y no sabía cuando iba a volver –barajaba la posibilidad de no hacerlo nunca– pasé por su casa a saludarlo y a despedirme y hasta logré sacarlo a pasear (según Amparo, su bendita mujer, hacía meses que no salía del cuarto).&lt;br /&gt;Caminamos lento y en silencio mil cuadras, cruzamos el parque de Friedrichshain y terminamos en el »Wohnzimmer«, un bar de Helmholzplatz, en Prenzl´Berg, un boliche muy &lt;em&gt;cool&lt;/em&gt; en una esquina, ambientado con sofás, sillones y divanes viejos.&lt;br /&gt;No sé como será ahora, si es que todavía existe, pero en el Wohnzimmer de entonces tenía que atenderse uno mismo –&lt;em&gt;selbsbedienung&lt;/em&gt;– y mientras se esperaba el pedido, sobre la barra, desparramadas en una especie de costurero viejo de lata, había una parva de fotos viejas para elegir y regalarse, a manera de souvenir.&lt;br /&gt;Llevábamos horas compartiendo la tarde y todavía no había logrado sacarle una palabra. La primera media hora en el bar la dedicó a despachar el contenido de las botellas que le fui arrimando. En algún momento me puse a chamuyar a la bartola, le referí mi proyecto de viaje-permanente, le hablé de Françoise, la francesa que me esperaba en Jerusalén y del fracaso estrepitoso de las Páginas Oficas de Abdeljamid Annabi...&lt;br /&gt;No abrió la boca. Me lo quedé mirando: con los años la piel se le había ido como granulando y agrisando como la de un elefante de utilería... Sí –pienso en el tajo casi inmóvil de la boca–, el Tano se parecía cada vez más a un muñeco de goma espuma, a un Muppet, más precisamente al saxofonista de los Muppets (¿te acordás?): bajo la poca luz del boliche, detrás de los culo-de-botella de sus lentes, no se llegaba a ver adónde apuntaban sus ojos, adónde estaban, si es que estaban en alguna parte.&lt;br /&gt;En algún momento se metió la mano en el bolsillo de la camisa y me alargó una foto color sepia, una foto muy vieja que había manoteado al azar del costurero de la barra.&lt;br /&gt;Puso la foto sobre la mesa y con el gesto de un detective de telenovela empezó a disparar, acompañándose rítmicamente con el índice, golpeteando la foto:&lt;br /&gt;Que si nunca me pregunté, yo, a qué pudo haber venido, él, hace ya tantos años, a Berlín.&lt;br /&gt;Que no me preocupara, que él también se lo preguntó durante años y que recién ahora lo sabía.&lt;br /&gt;Que vino a Berlín buscando información sobre su tío.&lt;br /&gt;Que su tío además de su tío era su padre.&lt;br /&gt;Que su padre/tío se llamaba Lucio Morán y lo mentaban el Chino.&lt;br /&gt;Que nunca se animó a usar ese apellido, que podría haberlo hecho, que podría hacerlo, después de todo era el apellido de su madre, pero que no, que le quedó el Ferrari, que el Ferrari se lo dio un buen hombre, un viajante de comercio que se llevó a su madre de un pueblito bonaerense a Rosario, un buen hombre que la sedujo con promesas que después hasta cumplió, que la casó y embarazó, todo a le vez y rápido.&lt;br /&gt;Que la madre, su madre, se llamaba Laura.&lt;br /&gt;Que el gran amor de Laura fue su hermano, el Chino Morán, su tío/padre.&lt;br /&gt;Que no importa que las cronologías lo nieguen, que la paternidad no es una cuestión de esperma.&lt;br /&gt;Que a la historia él la fue entendiendo en estos últimos años, una vez que pudo reconstruir las vueltas de su padre/tío en Berlín.&lt;br /&gt;Que un día encontró una foto (esa foto, la foto que acababa de arrebatarle al costurero y que expuesta bajo mis narices sometía a un golpeteo constante mientras desplegaba su ronco discurso).&lt;br /&gt;Que la foto, esa misma foto, lo llevó a una mujer muy vieja llamada Jenny que es clave en todo el embrollo pero que la tal Jenny no le dijo mucho (o tal vez sí, el Tano no entiende más que dos frases en alemán).&lt;br /&gt;Que igual lo que la tal Frau Jenny le dijo le terminó de armar el rompecabezas o al menos le cerró dos o tres partes importantes del mismo.&lt;br /&gt;Que todavía no sabe si a su «padre» lo mataron los nazis a principios de los 30 o si murió más tarde en la guerra.&lt;br /&gt;Que más que seguro está enterrado bajo otro nombre.&lt;br /&gt;Que todo suele estar enterrado bajo otro nombre.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116471390611926825?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116471390611926825/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116471390611926825&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116471390611926825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116471390611926825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/11/speer.html' title='SPEER'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116242469007338520</id><published>2006-11-02T00:39:00.000+01:00</published><updated>2007-05-04T20:27:52.057+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tano'/><title type='text'>OSTUFER</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/ostufer.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 243px; CURSOR: hand; HEIGHT: 392px" height="350" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/ostufer.jpg" width="193" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;A). Pienso en mis órganos como en parientes viejos, tíos fané, primas cachuzas. Guardo para ellos la misma aversión, la misma temerosa ternura, el mismo culposo rechazo que guardo para los llamados seres queridos.&lt;br /&gt;Pienso en mis órganos y me da pena.&lt;br /&gt;Suelo interpretar mis dolores como un pathos ajeno a la carne. No digo que la carne sea inocente sino más bien inocua, casi ornamental. La manija está en otra parte.&lt;br /&gt;A veces me inclino por los huesos. En el fondo, los huesos, con su candor proverbial, su vocación de columna en medio de las ruinas, su reputación de viga maestra, son culpables de todo.&lt;br /&gt;Los huesos son la luz mala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;B). Observo que, desde hace ya mucho tiempo, el dolor se ha vuelto un personaje. Una entidad autárquica. Su presencia insomne modifica la percepción, tiñe la mirada de una tristeza metafísica.&lt;br /&gt;Un dolor tácito general, intranquilo, en órbita, que hoy golpea acá, mañana allá.&lt;br /&gt;Puede localizarse en la ingle durante semanas. En ese caso voy percibiendo, prediciendo, con una desesperante y pasiva certeza, el desarrollo de un tumor.&lt;br /&gt;Un buen día desaparecerá. El alivio me dará un par de días de liviandad y gracia hasta que reaparezca, por ejemplo, en una puntada en el riñón, o en el vaso.&lt;br /&gt;Un nuevo dolor que después de clavarse se instala, con una intensidad menor a la del temible primer pinchazo, pero tenaz como todo emigrante, por otras dos o tres semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C). Los días son interminables despedidas que van tironeando, que te van arrastrando de la resignación a la rebeldía, de la autocompasión a la bronca, de acá para allá, de una cosa a la otra, a mil. Sólo que ahora el asunto es más grave. Por primera vez desde que estamos juntos –ya van más de diez años– la Vasca ha conseguido llevarme a un médico.&lt;br /&gt;El dolor golpeó el pecho y se quedó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CH). Entro a un buscador. Escribo la palabra corazón. Aprieto Enter.&lt;br /&gt;La lista es interminable. Lleva unas horas pasar revista.&lt;br /&gt;Resumen: alrededor del setenta por ciento de las páginas pertenecen al campo de la cultura popular –coplas, canciones, baladas– el resto se refiere al músculo que no duerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;D). ¿Qué carajo es el corazón además de un órgano complejísimo, una máquina de válvulas, reloj a sangre, inflador de carne? ¿Por qué se le adjudica, como a una suerte de Dios-Héroe advenedizo, la soberanía sobre el reino de las emociones? ¿Está el corazón más capacitado que el intestino para producir, detectar, recibir, administrar sentimientos? ¿Son los pulmones el depósito de las existencias de amor y odio con que el corazón opera? ¿Es un símbolo solar? ¿Es el astro satélite que alienta a los gusanos a roer entre los huesos? ¿Es un bobo binario?&lt;br /&gt;Si el corazón representa al Cielo ¿es el intestino quien hace de Infierno?&lt;br /&gt;En una máquina cuyo setenta por ciento es agua el corazón tiene fama de fuente, de manantial, de dador de esencias. Cuando el Médico me dice, le dice a Amparo –y la Vasca traduce– que tengo serios problemas en el corazón, yo le pregunto al Medico, a través de la Vasca: ¿En qué sentido me lo dice?&lt;br /&gt;La Vasca está un poco asustada, no interviene, solo traduce. El médico tampoco se lo toma a broma. Was meinen Sie? El médico tampoco entiende.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E). Van a pasar días y meses y no sabré explicarle a Amparo porqué me siento un setenta por ciento muerto. Bajando las escaleras de la Charité me sorprende la agilidad de mis movimientos.&lt;br /&gt;Son los huesos, me digo, los huesos insisten, golpean el tambor de cuero del pecho con la ciega, estúpida arrogancia de la juventud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;F). En estas últimas radiografías que me hicieron está casi todo lo que se puede saber de un músculo dormido.&lt;br /&gt;Sobretodo está clarito el mapa, las líneas de los cauces de los ríos y más abajo el estuario que se confunde con el mar. Sobre llovido mojado: ese otro río que va a dar a su vez a un charco más grande que el azul del cielo.&lt;br /&gt;Trazos claros sobre la tierra a oscuras. Venitas, arterias, alvéolos y arroyos: todo es afluente de otra cosa.&lt;br /&gt;Pero hay dos puntos evidentes. Uno al borde del primer gran río, ¿me seguís?, el de la izquierda. El otro está más hacia el sur y a la derecha o al oriente del gran estuario. Y como no se trata de una foto satelital sino exactamente de todo lo contrario, Buenos Aires, mal que te pese, no sale, no figura en el mapa del zurdo, del bobo, del cuore.&lt;br /&gt;No es nada personal. Se ve que durante años Buenos Aires no fue para mí más que un puerto de pasada, un muelle de adoquines sobre un río extraño, un río que para un rosarino es pura exageración, canchereada. Apenas el color, o casi, casi el mismo color que el otro, que el nuestro (y a veces hasta el olor es parecido), casi un Paraná pero sin la otra orilla.&lt;br /&gt;Se ve que durante todos esos años que echan sombra en el pecho Buenos Aires no fue para mí más que una estación de trenes y un puerto donde tomar el vapor a Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;G). El Estrella del Norte llegaba a Retiro a la nochecita y de ahí un taxi nos arrimaba hasta el muelle. Había que esperar un par de horas interminables. Comíamos algo en la sala de embarque, algo que mi vieja traía envuelto en papel manteca y pulcros repasadores. Generalmente me quedaba dormido apoyado en los bolsos. Siempre igual, el inicio de cada verano.&lt;br /&gt;Montevideo, más precisamente Shangrilá –unos pocos kilómetros más al este– fue una segunda patria o un primer exilio, según se vea. Pasaba unos tres meses por año (mamá iba y venía).&lt;br /&gt;Tío Tilo, el único hermano de mi vieja, se había casado con una uruguaya y se había ido a vivir a Montevideo dos o tres años antes de que yo naciera, a principios del ´40, y como nunca tuvieron hijos, medio que me había adoptado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;H). Atilio “Tilo” Quiñones tenía cara de Paturuzú con bigotes, pero con pelo corto y engominado, peinado sin raya, para atrás.&lt;br /&gt;Un tipo completamente diferente a todos los tipos que yo había conocido hasta entonces. No sé en qué radicaba la diferencia. Tal vez en que era el primer hombre que podía ver de cerca, mi Adam Kadmon… En cualquier caso fue la única figura masculina que tuve como referencia (a mi viejo apenas si lo conocí; mi viejo era una sombra).&lt;br /&gt;Me pregunto si esa diferencia, una diferencia que se extendía a todo el decorado, la luz dibujando de manera apenas distinta los objetos, no era más bien ese otro lado del estuario, Montevideo, Shangrilá: la extraña sensación de estar en el extranjero y a la vez en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I). Yo no sé si las cosas más importantes, las que marcan hitos, pasan todas juntas o es que uno las recuerda después así, en fila, amontonadas, sólo porque las otras, las menos trascendentes ya se han desvanecido.&lt;br /&gt;Tilo murió a finales de marzo, cuando acabábamos de volver a Rosario porque empezaban las clases. No quise volver a Uruguay después de aquello. Pasaron muchos años y cuando lo hice Montevideo era otra, Shangrilá no existía, yo mismo era un fraude. El último verano que pasé allí, creo que fue el del 62, es todo lo que recuerdo de mi adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J). A las chicas Ferreira yo ya las conocía. Mal, como conoce a todo el mundo un pibe que pasa por ahí sólo de vacaciones. Además las Ferreira eran para mí no solo mucho más grandes sino completamente misteriosas, pertenecían a una elite vedada a la gilada, así lo veía entonces antes de conocerlas y lo confirmé de alguna manera al intimar con ellas, salvo que lo que me había parecido una diferencia de orden socioeconómico era de muy otra naturaleza, de un orden que, de no encontrar una palabra mejor, llamaría «espiritual».&lt;br /&gt;De chico había visitado un par de veces la casona. El Yiyo Ferreira, el menor de los hijos y único varón, tenía mi edad y a los cinco o seis años habíamos hecho buenas migas en una especie de guardería estival.&lt;br /&gt;Un par de años después el Yiyo se mató con el padre en un accidente automovilístico del cual apenas si tuve noticias (sucedió un invierno).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;K). Las dimensiones de la tragedia que se llevó juntos al padre y al hijo, a los hombres de la familia Ferreira, es difícilmente imaginable. Pero para cuando yo cumplía los dieciséis el asunto estaba –o parecía– más o menos archivado, no se hablaba de eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;L). Las tres hermanas eran de una belleza perturbadora, algo que se advertía a la legua porque simplemente brillaban de lo lindas que eran… Pero de eso tampoco se hablaba. No en mi círculo de amigos. Mara, la menor, me llevaba cuatro años, lo cual a esa edad y en esos tiempos, era toda una generación.&lt;br /&gt;Fijate que no recuerdo siquiera haber deseado a ninguna de ellas. Las veía ocasionalmente en algún bar o tienda o pasar en bicicleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;M). Acaso porque siempre busqué la fácil, ese verano me aboqué a trabajarme a una piba que ya conocía, una pibita que siempre supe disponible pero que hasta entonces me había parecido demasiado tierna. Fue ella la que me hizo cambiar de playa, la que me llevó a aventurarme hasta Carrasco donde resultó que, paradójicamente, paraba la crema de Shangrilá, es decir, las Ferreira y su barra.&lt;br /&gt;Eran un grupo de diez o quince, todos entre veinte y veinticinco años, se encontraban cada día y montaban un tinglado muy colorido de sombrillas y grandes lonas a rayas y se quedaban, a veces, hasta muy entrada la noche, derivando en interminables tertulias político-literarias acompañadas de mate y provistas de un tocadiscos portátil que tocaba una melange de Nat King Cole, Chalchaleros, Elvis y Gilberto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;N). A los pocos días ya oscilaba, tímidamente, entre mi corro de púberes del Liceo amigas de mi noviecita y la barra de las Ferreira: estudiantes universitarios casi todos; héroes bronceados que habitaban ese olimpo incomprensible al que yo aspiraba, no digo pertenecer, al menos, atestiguar.&lt;br /&gt;Una de esas tardes, cuando mi chica me pidió que la acompañara a casa, como era de costumbre, me despaché con una felonía: sin mirarla siquiera y haciéndome el langa, excusé cualquier pavada para poder quedarme en la playa.&lt;br /&gt;Esa noche se armó una fogata con guitarreada y todo y el botija de Rosario estaba por fin entre sus dioses, compartiendo el círculo sagrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ñ). Aquella primera velada no fue nada especial salvo porque fue la primera y porque tuve enfrente, del otro lado de la fogata, durante las horas que duró la peña, el pálido rostro de Mara Ferreira acariciado por las llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O). Lo dicho, al parecer las cosas suceden todas juntas y rápido. A la semana había dejado a mi noviecita y estaba hasta las manos, sufriendo por una mujer enorme, inalcanzable, escuchándola discurrir y discutir sobre temas de los cuales jamás había oído hablar y de otros de los que apenas si había leído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P). Mara tenía un novio, un tipo macanudo que a mí me caía especialmente bien, entre otras cosas, porque había sido el de la iniciativa de invitarme, aquella primera vez, a acercarme al grupo. A los pocos días se pelearon, algo que visto desde mi ángulo era imposible que sucediera: eran perfectos, hermosos, inteligentes, buenos y se amaban, no había más que verlos, encastraban como dos piezas de relojería en el reloj áureo de la eternidad. Pero se habían peleado y el tipo desapareció de la playa durante semanas.&lt;br /&gt;Ciertos agrios comentarios de sus hermanas me dieron a entender que era Mara la culpable de la ruptura... Fue casualmente esa grieta fugaz en la inseparable trinidad de las Ferreira la que hizo que Mara buscara mi compañía o mi oreja para iniciar su desahogo, un desahogo al estilo Mara Ferreira, un descargo metafísico-dialéctico: complicados análisis de la relación malograda que incluían reflexiones de Fromm, citas de Sartre, Marx, Gramsci.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Q). Acá está la marca, este otro punto blancuzco a la derecha de la radiografía:&lt;br /&gt;es la noche de la fiesta de Tania, la mayor de las Ferreira, una fiesta increíble en la mansión de la familia, un viejo caserón francés en medio de un bosquecito de pinos y eucaliptos sobre la avenida Calcagno.&lt;br /&gt;Hacia los fondos había una casita de madera –que le decían la casa de las muñecas– y al lado un quincho entrerriano al borde del cual habían montado tremenda parrillada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;R). Por una tontería propia de la época yo me ocultaba para fumar. Me había ido detrás de la cabaña a quemarme un Oxi Bithué y fue desde allí que escuché el diálogo: eran Mara y el Polo, su ex. Por la manera en que hablaban no parecían muy peleados. No sé si eran los celos pero me pareció escuchar que se besaban. Después oí que ella lo retaba, le recriminaba no entender nada acerca de la esencia de la libertad y todo ese discurso de Mara que ya a esa altura yo conocía muy bien, un argumento que abusaba de citas y sentencias, un dogma plagado de silogismos inconexos o cohesionados a fuerza de vehemencia, salido de sus lecturas caóticas, empapado de los libros que vivía rumiando.&lt;br /&gt;Me sentí un pendejo estúpido, más pendejo y mucho más estúpido de lo que realmente era: manotié una botella de vino y me escondí para vaciármela en un rincón de la cabañita y en medio del quilombo que se oía afuera, pegándole unos besos desesperados a mi verde mamadera, me fui quedando dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;S). Cuando me desperté era de madrugada. Salí al quincho y vi a Tania, Selene y Mara Ferreira sentadas junto al fuego –un fuego vacilante al que de vez en cuando le arribaban un leño–, compartiendo a sorbos resplandecientes una botella de caña quemada.&lt;br /&gt;Me senté junto a ellas y las dejé que se rieran a mi costa.&lt;br /&gt;Al rato me sentía feliz, mimado por una atención, un cariño que de golpe me pareció excesivo, inmerecido.&lt;br /&gt;Más tarde Selene y Tania se fueron a dormir y yo me levanté para despedirme. Mara me pidió que me quedara otro rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ß). Nuestra repentina soledad me paralizó. Los minutos pasaban y yo no sabía cómo hacer para despegar los labios. La miraba de reojo mirar el fuego, inclinar la botella dorada contra su boca… frente a esa luz me pareció aún más irreal e inalcanzable, un ser de otra especie, de otro escalafón que el mío. Jamás me iba a atrever a decirle nada. No sólo por timidez o miedo sino también porque a nadie le gusta hacer el ridículo o ser lastimado al pedo.&lt;br /&gt;Comencé a recitarme a mi mismo un poema de Neruda que por entonces admiraba, un poema que solía consolarme con su nihilismo autocomplaciente a la vez que me ponía soberanamente triste: »Farewell«.&lt;br /&gt;Lo fui paladeando como un mantra, muy lentamente y cuando lo terminé lo empecé de nuevo. Supongo que la melancolía que me provocaba me envestía de una dignidad prestada muy conveniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;T). Pasaron los minutos. En algún momento ella tocó mi brazo y con rostro y voz muy tiernos me preguntó qué me pasaba, que porqué esa cara, le respondí que no sabía, pero que estaba todo bien. Me acuerdo que dijo: “Debe de ser el fuego”.&lt;br /&gt;No se si fue el equívoco, la emoción, la caña o el presentimiento de estar viviendo una oportunidad que no se repetiría en mil años lo que me dio ánimos para abrir la boca y dejar oír el poema que desde hacía rato sonaba dentro mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo fui desgranando despacio, tratando de que la voz me raspara la garganta y sonara más varonil. Cuando llegué al “yo me voy, estoy triste, pero siempre estoy triste” me interrumpió para decirme:&lt;br /&gt;–Creo que tienes que irte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;U). ¿Estaba llorando? Abrumado por el peso de una felicidad para la que no me sentía preparado y empujado por la excitación de esa misma felicidad, oscilando entre la duda y la certeza de haberla por fin conmovido, seguí adelante: “Desde tu corazón me dice adiós un niño…”&lt;br /&gt;Allí Mara completó el final con un susurro, acercándose, “y yo le digo adiós”… Repetía y repetía, o me pareció que repetía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V). Me besó, suavemente primero, luego más intensa, más húmeda, más profundamente. De golpe se incorporó. Su cara me resultó desconocida. Estaba sacada. El gesto, la mirada y la boca trasfigurados en una mueca, o más bien en el reflejo de una mueca, invertida.&lt;br /&gt;Me tomó de la mano con violencia y me llevó al chalecito. Nos tiramos al piso y me abrazó. Nadando en la excesiva oscuridad sus cabellos sentí que se calmaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;W). Pero tampoco era lo que yo quería (se estaba calmando demasiado, ya se daba la vuelta y se encastraba a mi pecho, como para dormirse). Traté de tomar la delantera y por un momento se entregó a mis brazos, mi torpeza debutante logró hacerla vibrar bajo mi peso, comencé a desprenderle a ciegas el vestido: eran millones de botones, como el portero eléctrico de un rascacielos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;X). Cuando tuve su torso desnudo me abrí la camisa y puse mi pecho a galopar contra el suyo. Sentí que sus piernas se habrían como un estuario mientras empezaba a apoyarla. Fue exactamente cuando acusó el volumen encallado sobre su bombacha que reaccionó.&lt;br /&gt;En un segundo la tenía sobre mí y me pegaba, me llenó de cachetazos, de puñetazos en el pecho. Cuando me quise acordar me estaba violando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y). Todo fue muy rápido (sin embargo, después de más de cuarenta años, ya lo ves, sigue sucediendo). Sólo cuando acabó dejó de golpearme. Me miró con una mirada que no se me olvida, una mirada indefinible donde había una disculpa ahogándose en un torrente de desprecio.&lt;br /&gt;Se levantó y salió corriendo. Se detuvo de golpe, jadeante, en el vano de la puerta, y me gritó:&lt;br /&gt;“Yiyo, oíme, oíme bien lo que te digo Yiyo, pero oíme bien ¿me oís?”&lt;br /&gt;Y se quedó mirándome con ojos desorbitados hasta que murmuré un sí o asentí con la cabeza, o las dos cosas.&lt;br /&gt;“Andate de una vez, Yiyo, andate de una puta vez. No quiero volver a verte…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Z). A pesar de que las seguí visitando y tratando a las tres todo el resto del verano a Mara Ferreira no volví a verla nunca. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116242469007338520?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116242469007338520/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116242469007338520&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116242469007338520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116242469007338520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/11/ostufer.html' title='OSTUFER'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116231005461696164</id><published>2006-10-31T16:50:00.000+01:00</published><updated>2007-10-29T20:34:25.805+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliseo'/><title type='text'>ELISEO (I)</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyY1MKx_SXI/AAAAAAAAAjw/cObUke_0Qvs/s1600-h/eliseo+feria+de+las+pulgas+detalle.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyY1MKx_SXI/AAAAAAAAAjw/cObUke_0Qvs/s320/eliseo+feria+de+las+pulgas+detalle.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5126843708976613746" /&gt;&lt;/a&gt;Maroma es una ciudad tremendamente calurosa y amarilla, una ciudad de barro levantada al borde de un río tremendo color barro, más ancho que un océano. Aquella soleada mañana también era, como hoy, domingo. Y ojo que no me lo contaron, yo mismo estaba allí, en el Mercado de Pulgas, en el puesto de Don Catriel, decidido a comprarle una vitrola tremenda que el viejo tenía y que yo ya había visto en un viaje anterior. Era, como decirte para que me entiendas bien, era… realmente tremenda. La bocina parecía un lirio verde gigante, con filetes dorados y rojos en los bordes de los pétalos. Le pregunté si funcionaba.&lt;br /&gt;–No se sabe hasta que se averigua– me contestó la voz ronca del indio.&lt;br /&gt;Catriel lucía siempre unos pequeños anteojos negros pegados a los ojos. De hecho, jamás se le veían los ojos, como si en vez de tener ojos, tuviera sólo esos anteojitos negros. Hablaba muy raro, me acuerdo. Estaba siempre inmóvil, sentado en un banquito de lona. Fumaba un chala, que es un cigarrillo hecho de hojas de maíz. Parecía mirar algo invisible en dirección al río. Tan quieto como su vitrola. Cada tanto pitaba el chala apagado.&lt;br /&gt;No sé si era Catriel que no me daba pelota o qué, el asunto es que estaba tan impaciente que me puse a probar yo mismo la máquina. Tomé un disco cualquiera de los que había sobre la mesa, hice girar la manivela y cuando el disco comenzó a dar vueltas, apoyé la púa… y nada. Volví a intentarlo con otro disco. Y otro. Nada.&lt;br /&gt;–Mi viejo Catriel –le dije–, tu hermoso aparato no funciona. Creo que tiene rota la bocina.&lt;br /&gt;–¡Ñunque! –me contestó (siempre decía esa palabra, ñunque, una palabra tremenda, una palabra comodín que podía significar tanto sí como no, mucho gusto, hasta mañana, no tengo cambio, saludos a tu familia y así).&lt;br /&gt;–La Vitrolita es nuevita- me aclaró- Tenga por seguro que son los discos. Me los vendió un Dotor que es coleccionista de silencio –me explicó, aún sin moverse.&lt;br /&gt;Y yo, que en aquel entonces era todavía más tonto de lo que soy ahora, le dije que no, como un tonto, que para qué quería silencio, que en casa tengo ya suficiente silencio… Eso le dije, mirá si seré tonto, y me retiré con una sonrisa socarrona, que era también un vago saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue pasando, lento y caluroso, el día de feria. Recién hacia el atardecer, cuando el sol iba cayendo como una naranja extraterrestre en el rojo horizonte del río, el viejo indio comenzó a moverse lentamente. Claro, el día de mercado llegaba a su fin y había que guardar las cosas. Como era ciego, se puso a ordenar al tanteo y cuando rozó la bocina de la vitrola se acordó… se dijo: No estaría mal escuchar uno de esos discos de silencio. Y apoyó la púa, olvidando girar la manivela… Y claro, no pasó nada.&lt;br /&gt;Qué raro –murmuró– esta mañana sonaba tan bonito. Le dio unos golpes a la bocina y oyó un quejido. Volvió a golpear más fuerte y entonces lo que escuchó fue un llanto.&lt;br /&gt;¡Mirá vos che que disco más macanudo! Igualito al llanto de un bebé –reconoció y se sentó en su banquito a escuchar.&lt;br /&gt;La vitrola lloraba cada vez más fuerte y el viejo no podía oír las quejas de sus vecinos. La voz tremenda de Doña Trinidad, la mujer del puesto de al lado, le llegó recién cuando ésta le gritó en el oído:&lt;br /&gt;–¡¡¡Cálle usted a ese niño Don Catriel!!!&lt;br /&gt;Pero cuando el viejo levantó la púa el llanto no se detuvo, incluso pareció sonar más fuerte.&lt;br /&gt;–¡Ñunque! Esta vitrola lo que tiene es hambre –sentenció, y metiendo la mano en la bocina, extrajo un bebé muy pero muy pequeño, que al solo contacto de su mano se calmó, sin dejar de mover bracitos y piernas tan delgados como los de un pajarito.&lt;br /&gt;−¿Qués lo qués eso Don Catriel? –preguntó Trinidad con la boca abierta&lt;br /&gt;−Usté que tiene buenos los ojos me lo dirá, Doña Trini, pero yo, al tanteo, le diría que es un pichón de hombre nacido en el corazón de una vitrola.&lt;br /&gt;−¡Santa Maroma! ¿Pues que va a hacer usté, a su edad, con un niño?&lt;br /&gt;−¡Ñunque! Lo primero es lo primero –afirmó Catriel con el niño entre los brazos– Lo que le anda haciendo falta a esta pulga es un nombre. Pensemos…&lt;br /&gt;El niño jugaba con los largos cabellos blancos del viejo. La mujer, como iluminada por una idea, exclamó:&lt;br /&gt;−¿Qué le parece Idelfonso, como el santo? Hoy es San Idelfonso… Le cae justito!&lt;br /&gt;−¡Ay, doña Trini, pobrecito! Si hasta a usté se le traba la luenga al pronunciarlo. Hagamos las cosas bien. Todo tiene su fuente –Catriel pensó un momento mientras zarandeaba al niño– Usté que tiene buenos los ojos, digamé qué dice el disco…&lt;br /&gt;−El disco…, ¿Qué disco?&lt;br /&gt;−El disco que está puesto en la vitrola. Léa usté la etiqueta… Algo tendrá esa música que pone a nacer las cosas.&lt;br /&gt;La mujer se acercó a la vitrola y leyó: «Eliseo Luna y sus Satélites»&lt;br /&gt;−¡Ñunque! Doña Trini… ¿No le digo? Todo tiene su fuente –dijo acercando su cara al niño–: esta pulga es cantado que se llama Eliseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Ilustración: En el Mercado de Pulgas, detalle, Sergio Gobi 2002)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116231005461696164?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116231005461696164/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116231005461696164&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116231005461696164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116231005461696164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/eliseo.html' title='ELISEO (I)'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyY1MKx_SXI/AAAAAAAAAjw/cObUke_0Qvs/s72-c/eliseo+feria+de+las+pulgas+detalle.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116229128737280077</id><published>2006-10-31T11:28:00.001+01:00</published><updated>2010-11-09T15:03:53.648+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliseo'/><title type='text'>ELISEO (II)</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXMlKx_SSI/AAAAAAAAAjI/JARmZXJxHa8/s1600-h/eliseo+en+casa.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXMlKx_SSI/AAAAAAAAAjI/JARmZXJxHa8/s320/eliseo+en+casa.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5126728689752426786" /&gt;&lt;/a&gt;Se crió en la plaza de Maroma, entre puesteros y clientes. Un Mercado de Pulgas que se había consustanciado con la plaza y que, al igual que todas las plazas, no cerraba nunca. Allí convivían Fenix el librero; Genaro, traficante de pájaros; Grakus el cazador, que comerciaba cueros; Don Tilo, especialista en monedas y sellos; Madame Olga, la Rusa, vendedora de ropa y sombreros...&lt;br /&gt;Su escuela fue esa gente rodeada de sus chucherías y a la vez tan desapegada, acostumbrada al tránsito contaste de las cosas. Así se formó Eliseo, al amparo vigilante de los tenderos y de los objetos sabios e inútiles del cambalache, educado por ellos.&lt;br /&gt;Fue creciendo entre las desatinadas parábolas de Catriel, los enigmáticos relatos de Grakus y los cuidados de Trini, repasando con un dedo los mapas de los atlas, mirando libros de animales, leyendo cuentos e historias de viajes, oyendo uno tras otro cada disco que pasaba por sus manos.&lt;br /&gt;Un domingo, mientras escuchaba la perezosa melodía de un piano en la vitrola, se puso a cantar. Cerró los ojos y cantó y cantó… y mientras cantaba se sintió deslizar sobre un paisaje siempre cambiante de llanuras y sierras, ciudades y ríos, montañas y mares. Tenía una voz muy suave que penetraba como un aroma. Y al igual que un perfume despertaba recuerdos en la memoria dormida.&lt;br /&gt;Al terminarse el disco su voz se fue abandonando lentamente al silencio. Abrió los ojos: se había formado un abanico de gente a su alrededor: mujeres y hombres, jóvenes y viejos que lo miraban emocionados, aunque sin verlo realmente, como si, borrachos de recuerdos, miraran más allá; los rostros iluminados por la sorpresa de haber recuperado algo perdido hace tanto tiempo.&lt;br /&gt;No hubo aplausos. La gente se quedó allí parada unos instantes, quieta, rumiado silencio, hasta que por fin, antes de confundirse entre los demás paseantes de la feria, pasando uno tras otro ante Eliseo e inclinándose sobre la tacita donde acababa de tomar su mate cocido, fueron dejando tintinear unas monedas.&lt;br /&gt;Esa noche no pudo dormir. Al día siguiente no se lo vio entre los puestos. Estuvo todo el día sentado en un rincón, a la sombra del paraíso, repasando mapas, anotando cosas en un cuaderno.&lt;br /&gt;El martes trabajó desde el alba. Con la ayuda de un viejo aparato de bronce para medir estrellas y un par de discos de vinilo, se fabricó un tremendo ciclo-sextante. La nave, a decir verdad, era bastante parecida a una bicicleta.&lt;br /&gt;Esa noche, después de la cena, Eliseo habló con Catriel.&lt;br /&gt;–Me voy, Tata Catriel– dijo muy serio –Quiero recorrer el mundo. Quiero cruzar el Marrón y ver que hay en la otra orilla, y mas allá, en el Delta Grande. Quiero conocer la montaña y el mar, al tigre blanco y al centauro... Ya tengo todo listo,hasta construí una nave para recorrer la tierra: se llama «Argolabio».&lt;br /&gt;–Ñunque –dijo el viejo, apenas en un susurro. La cabeza gacha y un gran cigarro amarillo saliendo de las sombras –Pero antes de andar un hombre ha de saber cómo matar el hambre.&lt;br /&gt;–A la gente le gusta mi voz, Tata. La música me va a dar de comer– contestó Eliseo y se quedó mirando el humo subir y desaparecer. Hubo un largo silencio. Durante ese silencio él único que se movió fue el humo. Así pasaron horas. Catriel en su banquito de lona; Eliseo a su lado, de pie; el humo acortando distancias.&lt;br /&gt;–No se sabe hasta que se averigua –terció al amanecer el indio– Llevate a tu madre (se refería, claro, a la vitrola), te va a hacer falta. &lt;br /&gt;Se dieron un largo abrazo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ilustración: Eliseo en casa, fragmento, sergio Gobi, 2002)&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116229128737280077?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116229128737280077/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116229128737280077&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116229128737280077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116229128737280077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/eliseo-2-parte.html' title='ELISEO (II)'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_SnbyGU3PquY/RyXMlKx_SSI/AAAAAAAAAjI/JARmZXJxHa8/s72-c/eliseo+en+casa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116143972261201072</id><published>2006-10-21T15:48:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:32:02.683+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>KALIDOSKOP</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/kali2.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/kali2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;UNO. Ya ni me acuerdo cómo empezó el juego de las fotos. Tiene que haber sido para la época en que el sexteto se convirtió en orquesta, la combi nos quedó chica y hubo que empezar a moverse en tren. Porque lo que sí es seguro, el juego nació en el tren, en los vagones de la DB, para matar el aburrimiento y acortar los trayectos.&lt;br /&gt;Siempre, aún en las épocas más populosas («La Diáspora» llegó a tener once músicos + cantor), las disposiciones en los compartimentos fueron desde un principio más o menos las mismas: estábamos divididos en tres grupos que con el tiempo fueron sectas irreconciliables, apenas unidas, o más bien abrochadas, por el clip fugaz de milongas y conciertos.&lt;br /&gt;Al principio fui miembro parejo de dos de estos grupos, pero este donjuanismo me fue granjeando una injustificada fama de correveidile y tuve que elegir.&lt;br /&gt;Calculo que lo de la fotos empezó para cuando había definido mi posición sudaca-separatista. En nuestro compartimiento llegamos a ser cuatro: el Tano, Ciro, Mauricio y yo. Es decir, los únicos sudamericanos de la banda.&lt;br /&gt;El Tano –Dardo Ferrari– era por aquel entonces un rosarino cincuentón tan miope como melanco, versado como pocos en el sinuoso arte de la conversación, un talento que no derrochaba como músico (a decir verdad –él era el primero en reconocerlo– era de una mediocridad palmaria como bandoneonista).&lt;br /&gt;Ciro fue la última incorporación de La Diáspora y también el músico que duró menos. A mi gusto, uno de los mejores bandoneones que oí en vivo, un sonido deforme y mugriento, con el más cabrero de todos los “cerrandos”. Recuerdo sobretodo su voz afónica y a la vez potente a contrapelo de su cara de laucha. Recuerdo que, a pesar de que no ganaba mal, vivía miserablemente, juntando cada moneda para poder viajar cada año a Montevideo, visitar a su prole innumerable, acercarles un mango. El Tano lo llamaba Mondiola y se notaba a la legua que el apodo no le gustaba en lo más mínimo. Sin embargo jamás dijo nada: se querían mucho y eso también era evidente.&lt;br /&gt;Mauricio es un carioca alemanado con el cual todavía nos vemos de vez en cuando. Un excelente guitarrista pero, sobretodo, uno de esos músicos que tocan bien cualquier instrumento con la misma facilidad con que hablan varios idiomas... Por entonces vapuleaba bastante bien el contrabajo. No la rompía, pero tenía solidez. Y esa fe, esa convicción que hace falta para cargarse la banda sobre los hombros, tirar para adelante... y hacer bailar a la monada.&lt;br /&gt;Lo de las fotos fue idea de Ciro. Pero fue el Tano el que le dio, casi sin que nos diéramos cuenta, cuerpo y reglas, algo así como su forma última. Quiero decir que el juego, tal como lo recuerdo, llevaba el sello conceptual del Tano.&lt;br /&gt;La cosa consistía en mostrarnos fotos, fotos orales, charladas, descripciones de algo o de alguien, lo más despojadas y breves posible, que se iban como barajando en ronda hasta que alguna despertara el interés de los otros.&lt;br /&gt;Había que ser rápido. La lentitud estaba impelida menos por la impaciencia que por la consabida prohibición de exhibir una foto demasiado pensada, demasiado retocada...&lt;br /&gt;La reacción debía ser colectiva –si bien todos sabíamos que, en el fondo, el verdadero poder de aprobación o desaprobación era del Tano–. La señal era consensuada silenciosamente, intercambiando miradas que acababan –o no– en una cabeceada general.&lt;br /&gt;Por ejemplo, uno agarraba y decía:&lt;br /&gt;–Una mujer bastante vieja, aunque tal vez menos de lo que aparenta, blanco teta, bastante gorda. Está en la playa. Tiene una maya negra de tela gruesa como de los sesentas, de esas que tardan siglos en secar. Tiene una toalla mojada sobre la cabeza: no se le ve más que un gajo de la cara y la nariz.&lt;br /&gt;Si la foto no despertaba interés, entonces le tocaba al siguiente.&lt;br /&gt;–Un adolescente de rasgos algo femeninos. Pelo muy largo y lacio. Está en la mesa de la vereda de un bar leyendo el diario.&lt;br /&gt;Supongamos que había una primera instancia de aprobación. En ese caso el portador de la foto tenía que acercar un par de detalles más:&lt;br /&gt;–Está atardeciendo. Hace calor. El flaco se descalzó las hojotas y el gato del boliche juega con una de ellas bajo la mesa. Si los detalles atizaban el interés –o la avaricia, como decía el Tano– se le pedía al portador otra ronda. Estas podían formar todo un cuadro de situación o, en el mejor y menos usual de los casos, conducir a toda una historia.&lt;br /&gt;Con el tiempo el juego se fue cargando de reglas no escritas. De algo así como una ética de la estética intrínseca del juego. Así, estaba mal visto, por ejemplo, incorporar a la descripción de la foto elementos evidentemente provocativos o demasiado seductores, es decir, trucos que condujeran a despertar la “avaricia”, el interés inmediato.&lt;br /&gt;–¡Puro glutamato!, sentenciaba el Tano.&lt;br /&gt;Había que tratar de presentar las imágenes de la manera más lacónica, más frugal posible. Con la intención, o mejor, con la ilusión, de que el Ser de aquello “fotografiado” despertara per se el anhelo, el deseo o la nostalgia de conocerle un rasgo más.&lt;br /&gt;Pocas veces las fotos nos dieron verdaderas historias. Recuerdo bastante bien algunas de ellas. Algunas suenan a cierto. Otras parecen delatar su artesanía circunstancial o los fraseos improvisados sobre la base rítmica del traqueteo simétrico del tren.&lt;br /&gt;La que viene a cuento es una que presentó Mauricio. Mauricio es un multiinstrumentista políglota que se mimetiza perfectamente en todo bosque de sonidos. Así es que hay que imaginársela relatada en varias cuerdas: a veces en un porteño casi perfecto, otras en un español neutro, aunque siempre con un toque nasal, abrasilerado levemente en la tonada, adornado de vez en cuando de germanismos. Y habría que imaginarse también, ya que estamos, su parsimoniosa cara de pocker, su cara de judío errante acostumbrado a los cambios de milenios.&lt;br /&gt;–Un tipo de mediana edad toca el celo en un cuarto abarrotado de objetos. Algo así como un anticuario. La única ventana es enorme: es una vidriera que da a la calle. La mayoría de los objetos son instrumentos musicales.&lt;br /&gt;Como la primera foto pasa a segunda vuelta, Mauricio prosigue:&lt;br /&gt;–Además de instrumentos abundan las imágenes religiosas: un buda enorme de bronce; un bajorrelieve de Shiva y Parvati; una escultura de la diosa Kali; posters con mandalas...&lt;br /&gt;Un rápido cabeceo general pide otra vuelta.&lt;br /&gt;–En la tienda suena el teléfono. El tipo sigue tocando. Una adolescente de ojos color ambar, rapada, aparece al descorrerse la cortina de caña. Cicatriz mínima en el pómulo, paralela a los ojos. Atiende...&lt;br /&gt;Aquí la descripción es interrumpida por el Tano que murmura con su voz de faso: “Glutamato”. Critica el hecho demasiado sobresaliente de que una adolescente de ojos color ambar además aparezca rapada. Mauricio se defiende, dice que es un detalle que no puede obviarse... Cuando el Tano le pregunta porqué (“casi todo puede obviarse”), Mauri explica que ya son muchos los detalles que “rapó” para mostrar su foto despojada, que la verdad es que hay una larga serie de detalles en la joven –como su perturbadora belleza mestiza, sus piercings, en fin, su vestimenta- que provocarían la inmediata desaprobación general.&lt;br /&gt;Pedimos otra ronda.&lt;br /&gt;–El hombre ya pasó los cuarenta. Se llama Konrad. Tiene una tienda de instrumentos usados, algunos de excelente calidad. La ciudad es Basilea. La chica lleva pelada no solo la cabeza sino también las cejas, adornadas estas por dos o tres aros y clavos de metal quirúrgico, de metal blanco...&lt;br /&gt;–Una especie de Caperucita Punk, digamos –bromea Ciro. Nadie festeja. Nos quedamos mirando expectantes, entregados, ya sin decir nada. Mauri sigue. Despacio se sumerge en la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOS. Konrad conoce en la India a una brasileña residente en Suiza que lo vuelve loco, llamémosla María. María tiene una hija de nueve, increíblemente despierta y bella que llamaremos Nina. Se han encontrado en el Hasram de Sai Baba y pocos días después viajan juntos a Maharashtra, a Euroville, a Madras y de allí un lento viaje en tren hasta Benares adonde, arrobados por la ciudad sagrada, deciden quedarse un tiempo.&lt;br /&gt;Llevan más de un mes en Benares cuando Konrad, a quien ya se le está acabando el dinero, participa a su amiga de su necesidad de volver a Berlín –ha intentado sin suerte que su madre le gire a su cuenta. María, de quien a esta altura Konrad cree estar completamente enamorado, lo invita a quedarse un tiempo más con ellas.&lt;br /&gt;“Despreocupate, en Benares es blasfemo pensar en dinero.”&lt;br /&gt;Dos meses después lo invitan a regresar con ellas a zurcí y mi amigo, antes de aceptar, decide sincerarse, aclarar las cosas. Hasta aquí la relación de los tres es perfectamente armoniosa. Con la madre, una excelente comunicación minada de coincidencias, un trato cariñoso de profunda espiritualidad no exento de maternales cuidados...&lt;br /&gt;–Por lo visto de coger, ni hablar –completa Ciro.&lt;br /&gt;–Usted lo ha dicho. Ni hablar.&lt;br /&gt;–No me lo interrumpa al señor, Mondiola.&lt;br /&gt;Sigo: con la hija hay un entendimiento casi telepático, lleno de juegos de palabras y sentidos, algunos de un nivel de erudición increíble... La chica tiene algo verdaderamente genial, es una especie de niña prodigio. Y además, practica hacia mi amigo una suerte de amor impecable que él corresponde y sobrelleva con responsabilidad y orgullo.&lt;br /&gt;Podría decirse que todo transcurre maravillosamente. La única sombra es el deseo, el deseo de Konrad. Es por eso que mi amigo, antes de aceptar el convite, procura saber si tiene alguna posibilidad de entablar otro tipo de vínculo con María. Quiere ser su amante, e incluso ya empieza a fantasear, a imaginarse como feliz esposo y padre en Zurich.&lt;br /&gt;Así es que Konrad expone sin tapujos su pasión a orillas del Ganges. A escasos metros está la niña, sentada en perfecto loto bajo una sombrilla de palma, con la mirada dorada perdida en el padre de todos los ríos.&lt;br /&gt;La madre lo escucha con calma y una suave sonrisa pareciera instarlo a desalojar su corazón de toda sombra. Todas estas señales, piensa, le prometen coronar su deseo con las mejores esperanzas. Incluso la calidad del silencio que sigue a sus palabras lo inclinan más y más a pensar en ese sentido. Está tranquilo, casi feliz. Lo ha dicho todo.&lt;br /&gt;Se prolongan en la sombra de los templos el silencio y la tarde. Más bien discurren, como el Gran Río, bajo un aspecto de lentísima y profunda inquietud.&lt;br /&gt;Un rato después siente la mano de María apretar largamente la suya, señal que Konrad, una vez más, interpreta como otro condimento del menú de su dicha.&lt;br /&gt;La respuesta le llega varios minutos más tarde, prologada por suspiros que no sabríamos decir si denotan ternura o cansancio. La niña no se ha movido. La madre, en voz baja, le explica que ella lo quiere mucho pero que las cosas no son así, que lamenta que él no haya visto, que no haya entendido que el motivo por el cual la relación se inició y extendió, estrechándose a tal grado, no es ella sino Nina.&lt;br /&gt;–Mi hija te ha elegido –dispara María a quemarropa. Y al ver la cara de mi amigo, se apura a proseguir –Espera, no te asustes. Te habrás dado cuenta que Nina no es una niña cualquiera. A diferencia de todos nosotros, ella tiene con su propia alma –un alma tan luminosa, tan vieja, tan evolucionada como no puedes imaginarte– un contacto mucho más estrecho que el que tu tienes con tu propia mente. Nina recuerda al detalle su último avatar... y algunos pasajes de dos o tres reencarnaciones anteriores. Yo misma no lo sé muy bien...&lt;br /&gt;Algunos metros más allá la niña se puso de pié. Bajó ágilmente dos, tres, cuatro grandes escalones en dirección al río.&lt;br /&gt;–Aunque no lo creas, no es mucho lo que yo misma sé de ella. Soy sólo su madre biológica, como tantas veces Nina misma se encarga de hacerme recordar. Hay tantas cosas que no sé, que ella no me dice. Dice que si me las dice luego tendrá que explicarlas y que ella es demasiado pequeña todavía para eso.&lt;br /&gt;Al hablar miraba hacia los lados, no como si temiese ser oída, mas bien como buscando las palabras entre las cosas, la arena, el río, los árboles, la gente.&lt;br /&gt;–En este caso, lo poco que sé es que ella te buscó. Te vio en el Hasram y me dijo: Madre, mira, fíjate bien: ese es mi esposo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TRES. Se había ido a la India con la peregrina idea de aprender a tocar el sitar. Konrad tiene una sólida formación musical, sobretodo como pianista: niñez y adolescencia sin Beatles ni Stones ni Regae ni Punkrock. A puro Beetohven, Schubert, Schumann, Brahms. Las vueltas de la vida, sobretodo la caída del Muro y la muerte de su padre, lo lanzaron tan repentinamente al mundo que mi amigo, berlinés del este a quien todavía le faltaba probablemente un golpe de horno, agarró para el lado del hinduismo. Anduvo liado un tiempo con los Krischnas para más tarde recalar en el Hasram de Baba. Y ahí estaba, sin sitar, sin un marco, viviendo a costas de una brasilera y su hija prodigio.&lt;br /&gt;Después de darle muchas vueltas a la propuesta de María, y sin terminar de entender de qué iba la cosa, al final aceptó seguirlas a Zurich, tal vez solamente embriagado en su vanidad por lo que le parecía algo así como un alto destino, quien sabe, quizá le resultaba prácticamente imposible imaginarse lejos de María, sumado al hecho innegable de que no tenía un carajo que hacer.&lt;br /&gt;Fue en Zurich donde empezó a estudiar el chelo, instado por Nina (aunque por aquellos días él creyera que era la madre la que lo sugería). Con el tiempo dejó de insistir en sus reclamos amorosos, desoyó las voces de la carne para abandonarse a la tranquila rutina de la profunda y sólida amistad de María.&lt;br /&gt;Al poco tiempo de estar instalado en el señorial departamento de la Robert Walserstraße, Nina –a través de su madre– le regaló un soberbio violonchelo.&lt;br /&gt;Konrad aceptó todas y cada una de las novedades con la misma melancólica alegría con que antes había aceptado las lecciones de piano y violín, la teoría de la revolución permanente, la Stasi o la caída del Muro.&lt;br /&gt;Al principio era María la que comunicaba las decisiones. A Nina le llevó un buen tiempo hablar con Konrad con otros códigos que los ya practicados –esas metáforas disfrazadas de fantasía infantil de sus sofisticados juegos, sutilezas que él sólo comprendía a medias.&lt;br /&gt;Konrad siguió habitando el amplio y luminoso cuarto de música hasta que una noche, después de cenar, mientras prolongaban con café el rito de la sobremesa, Nina, a quien hacían dormida en su cuarto, apareció en la cocina con los ojos febriles apenas abiertos y, sin decir palabra, se acomodó entre los brazos de mi amigo. Mientras se acurrucaba le susurró:&lt;br /&gt;–Cómo pudiste olvidarlo todo...–Y se quedó dormida.&lt;br /&gt;–Pobrecita, está soñando –dijo Konrad sonriendo.&lt;br /&gt;–A veces me pregunto si eres tan estúpido o solo juegas a hacérnoslo creer –le contestó María.&lt;br /&gt;Cuando más tarde él la llevó a su cama y la acostó, Nina abrió los ojos y mirándole fijo le dijo:&lt;br /&gt;–Quédate, ya no es necesario que volvamos a separarnos.&lt;br /&gt;Desde esa noche durmieron juntos.&lt;br /&gt;La niña dispuso algunas modificaciones en la habitación. Mandó instalar la antigua cama de los ancestros suizos de su padre, que hasta entonces permanecía en el cuarto de huéspedes. La recámara de la pareja nunca dejó de ser del todo el cuarto de una niña, poblado de juguetes y muñecas.&lt;br /&gt;Konrad se entregó a la adoración del cuerpo de la niña al ritmo que ella administraba. Nina lo iba educando lentamente, como una pequeña Mefista le fue dosificando maravillas; dejándole entrever lo invisible; iniciándolo en el acecho de los pliegues secretos del sueño por donde el cuerpo, liviano como el aire, accede a otras leyes del tiempo y del espacio; mostrándole los puentes entre las sustancia y las sombras...&lt;br /&gt;En fin, le mostró mucho más de lo que Konrad podía asimilar y comprender, escuchó la larga y dolorosa historia de sus almas “unidas hace ya tanto tiempo por un hilo de fuego”.&lt;br /&gt;En esas interminables noches de revelaciones, de enigmas develados disfrazados de juego, algo fundamental había cambiado: ahora Konrad era el niño. Y ella leía para él, cada noche, un capítulo, un suceso, un misterio, en el libro cerrado del mundo.&lt;br /&gt;Demoraron casi un año en poseerse. Aquella primera noche, en el auge de las sangres, en el paroxismo de los suspiros, al percibir que su cuerpo y el de Nina flotaban a varios centímetros del lecho, una mezcla de miedo y emoción contenidos le partió el pecho en llanto.&lt;br /&gt;Lloró en los brazos de Nina hasta quedarse dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CUATRO. El tren entraba en la estación central de Munich y la historia quedó trunca. Esa noche, después de tocar, cuando volvimos al hotel –se trataba más bien de uno de esos tristísimos albergues para jóvenes, de interminables corredores como de hospital– medio enfiestados y provistos de unas cuantas cervezas nos encerramos en el cuarto que compartían Mauricio y Ciro.&lt;br /&gt;El Tano comentó que la foto del Mauri venía bastante bien y que quería saber cómo seguía. Todos estuvimos de acuerdo. Ciro dijo que se le había ocurrido un buen título para la historia: «La Gurí Gurú». Las carcajadas resonaron tanto en el pequeño cuarto que los vecinos de al lado golpearon la pared pidiendo silencio. Tuvimos que seguir a media voz. Mauri, en un murmullo, retomó:&lt;br /&gt;–Mi amigo Konrad, coitado. El contrabajo y la guitarra barroca que tengo se los compré a él. Si un día tocamos en Basel vamos a verlo. Es un personaje muy interesante y además suele tener unas cosas increíbles...&lt;br /&gt;–Empezando por la pendeja– sonrió Ciro socarronamente.&lt;br /&gt;–No sea guarango Mondiola– lo retó en joda el Tano.&lt;br /&gt;La mirada del Mauri –cuando arquea las cejas parece que los ojos le quedaran grandes – despertó la sospecha de Ciro.&lt;br /&gt;–¿Qué pasa, che? ¿Sigue o no sigue con la Gurí?&lt;br /&gt;–Tranquilo, no me apuren –se palpó los bolsillos- ¿A alguien le queda un pucho?&lt;br /&gt;Vamos por partes. Estabamos en Zürich, todavía.&lt;br /&gt;Vivieron los tres juntos un par de años. María ganaba buena guita, tenía un buen laburo, uno de esos yeites de la Unión Europea. Además el viejo de Nina les pasaba una grana.&lt;br /&gt;Las cosas en la casa de la Walserstraße fueron cambiando rápidamente. Konrad no vivía más que para Nina, muerto, absolutamente entregado… Iconoclasta de pura cepa como es, al poco tiempo ya le molestaba la presencia de la madre, quería estar solo con la minina. Parece cuento pero es así. Antes se volvía loco por aquella mujer y ahora no la quería ni ver.&lt;br /&gt;Alucinaba que María se entrometía en sus asuntos, se sentía espiado, celado, controlado. Empezó a tejer un paciente plan para llevarse a Nina a otra parte, a cualquier parte, a Berlín o a la India. Estaba obsesionado con preservar lo que él consideraba “la salud de la relación”. Ella le había hablado de “un estúpido error” que alguna vez, en algún pliegue de los tiempos, los había separado y Konrad, a su manera febril y desesperada, quería evitar todo error, veía la sombra del error en cada sombra, se sentía como un San Jorge degollando sus propios dragones de error, torpeza, mezquindad, miseria.&lt;br /&gt;Mientras tanto la niña dominaba cada centímetro de su voluntad. Sus deseos –o lo que fuera que fueren– eran difíciles no ya de acatar o de cumplir sino de comprender: Nina hablaba como en parábolas o en complejas metáforas, o en jerigonzas incomprensibles para él. O bien callaba durante días y ahí estaba mi amigo, creyendo interpretar sus deseos sin gestos, cifrados en miradas, envueltos en silencio.&lt;br /&gt;Meses después consiguió llevársela a Berlín, después de que María, luego de una gambeta laberíntica, aceptara firmarle la tenencia.&lt;br /&gt;En Berlin, por sugerencia de Nina, Kornrad inició estudios de viola da gamba, cembalo y mas tarde –paralelamente– de clarinete. Tengo que aclarar que conozco la historia por boca de él y mil veces me pregunté qué había de cierto en esto de la sugerencias o deseos de Nina. Una vez más, habría que ver qué es lo que ella decía y qué lo que el pobre Konrad entendía o creía entender...&lt;br /&gt;–¿Y la nena qué hacía? –preguntó el Tano–, ¿iba a la escuela?&lt;br /&gt;No, me temo que no.&lt;br /&gt;–Bueno, pero hay leyes me parece –propuso Ciro– la escolaridad obligatoria y esas cosas...&lt;br /&gt;¿Qué iba a hacer en una escuela? Nina no precisaba escuela.&lt;br /&gt;–Tal vez un templo donde ser adorada –propuse, sin encontrar quórum.&lt;br /&gt;No sé. Se me hace que Nina empezaba a aburrirse de todo... Repito. Difícil discernir entre lo que cuenta Konrad y lo que de verdad fue aconteciendo.&lt;br /&gt;Pongamosle que proporcionalmente al tedio que iba provocando en ella el día a día, las cosas comunes, la rutina, las miradas feroces de la suegra, la tenaces chicanas burocráticas –presiones de la Jugendsamt y esas boludeces– comenzaba a fraguar en ella algo más enorme e irremediable. En la medida que iba creciendo, todo ese no-sé-qué se iba tornando más voraz, veloz y desentrañable para nuestro mundo.&lt;br /&gt;–No delire Mauri, al grano.&lt;br /&gt;Porra, te digo que no sé. Tal vez el hecho de ir creciendo la iba haciendo encarnar a la fuerza en una realidad, en una humanidad desconocida para su áurea... Perdón, ahí es que me pierdo...&lt;br /&gt;Entiendo sí que Konrad empezaba a pirar, a patinar. Iniciaba decenas de actividades paralelas imposibles no solo de congeniar sino de sostener. Todas y cada una de ellas impulsadas, aparentemente, por la voluntad de la menina...&lt;br /&gt;–Para colmo, imaginate, con la certeza de tener la posta... Si te entrás a manijear con que cada cosa que hacés está señalada y aprobada desde arriba, ¡mamita!...&lt;br /&gt;Lo de Berlín no duró mucho. La madre de Konrad, una de esas viejas seudointelectuales de la RDA, malucas de conciencia del deber, empezó a cansarse de poner y poner, de bancar a su hijo y a esa extraña nenita.&lt;br /&gt;La cosa es que volvieron a instalarse en Zürich por un tiempo. Hasta que María, gracias a sus relaciones y al parecer, también a instancias de Nina, consiguió para él un puesto de profesor de música en un Gymnasium de Basel.&lt;br /&gt;Aquellos primeros tiempos como docente fueron luz para mi amigo, aire puro. Por fin conseguía montar una historia sin depender de nadie y al gusto de la delicada e imprevisible potencia de su Diosa Personal.&lt;br /&gt;No duró mucho. Para cuando Nina cumplió trece mi amigo empezaba a perder todo control sobre sí mismo. Sentía que cada día Nina le pedía, le exigía un desafío distinto, un rompecabezas a resolver: tareas u objetivos que ni siquiera estaba seguro de haber comprendido. Cómo pedir explicaciones a alguien que un día te habla exclusivamente en sánscrito o en arameo para al otro día enmudecer completamente y quedarse días que ni montaña, en absoluta quietud… Para después terminar llorando desconsolada, encerrada en su cuarto. Y él, con toda esa confusión en la cuca, obsesionado por la impecabilidad de cada acto.&lt;br /&gt;Un día Konrad, a quien ya en la ciudad comenzaban a observar con desconfianza, no tuvo mejor idea que traer a casa un colega, un profesor de teología o de religiones comparadas. Lo invitó a cenar. Supongo que quería que el tipo observara a la nena, charlara con ella, necesitaba ver cómo reaccionaba ante Nina un doctor de la fe, que opinión le merecía la gurí-gurú, quién sabe...&lt;br /&gt;Fue un desastre. No sé cómo la habrá presentado, si como una hija o una sobrina o qué... El caso es que Nina no abrió la boca en toda la velada. A veces sonreía burlonamente ante un comentario del tipo. O resoplaba como impaciente en medio de la charla. Cuando el profesor, un poco mosqueado e incómodo por la tensión del ambiente se la acercó para despedirse, Nina le dio las gracias por “entretener a su marido”. Ante el rostro de mármol del profesor la piba comentó que en cambio ella hacía siglos que no se aburría tanto.&lt;br /&gt;Las versiones que aquel tipo habrá hecho circular no están muy claras. Lo cierto es que Konrad tenía un cargo interino que debía ser confirmado y, claro, lo dejaron afuera. No solo perdió su puesto en el colegio. Incluso fue poco después llamado a aclarar su situación con respecto a la tutoría de la nena.&lt;br /&gt;Los papeles estaban en regla, pero la actitud de mi amigo frente a las autoridades –su rostro desolado, sus manos temblorosas, el estado general de sus nervios– despertó todo tipo de recelos y especulaciones.&lt;br /&gt;La madre de Konrad falleció por aquellos días. La herencia recibida no fue gran cosa pero les permitió abrir la tienda e ir surtiéndola de a poco. Fue por entonces que empezó a reparar instrumentos antiguos –aparentemente instado por un nuevo capricho de Nina– y se vio sorprendido por su propia pericia y por el placer que el nuevo oficio le deparaba.&lt;br /&gt;Tuvo suerte. De paso por Berlín –había ido a arreglar asuntos de su madre– compró por monedas en un Flohmarkt un viejo violín y resultó ser del siglo XVII, una pieza rarísima, de museo.&lt;br /&gt;–Ché, dale que ya son las cinco de la mañana– susurró el Tano&lt;br /&gt;La seguimos mañana...&lt;br /&gt;–No boludo, dejalo que siga.&lt;br /&gt;La hago corta. En un lugar como Basel, uno de los principales centros europeos de música antigua, éste y otros detalles –como la posesión de una antiquísima viola de gamba del XVI, regalo de María– le fueron granjeando un cierto prestigio. Lo más absurdo es que toda esa historia alrededor de Nina que antes le trajera tantos problemas, de pronto, en su nuevo metier, jugaba como un exótico ingrediente a su favor.&lt;br /&gt;El negocio se empezó a asentar y a dar frutos mientras Nina entraba en la pubertad. Yo los conocí en esos días. Hay que decir que para entonces al quía se le empezaban a quemar muy mal los faroles. Ojo, un tipo excelente, buen músico, comerciante honesto hasta la exageración... pero quemado, totalmente fané...&lt;br /&gt;–Bueno... ¿Y?&lt;br /&gt;Nina, obviamente, empezó a hacer vida de adolescente. Konrad no lo podía creer. No entendía. Me decía que cómo podía ser que Nina, su Nina, la Nina que le hablaba durante horas de los avatares de Dios o de “nuestro origen ígneo devenido en mar-madre de todas las cosas”, ahora se pasara horas en la esquina con esa manga de vagos bebiendo cerveza y fumando porros... Claro que mi amigo nunca había tenido control sobre esa piba que era su mujer. Más bien todo lo contrario. Pero de golpe no se sentía ya ni su hombre ni su amante ni su tutor o encargado, ni su sacerdote ni su eunuco.&lt;br /&gt;Nos veíamos seguido. Yo tenía a una namorada en Basel pero casa y trabajo en Friburgo. Así que iba y venía. Por esos días le compré el contrabajo. Nos hicimos buenos amigos. Todo lo amigo que uno puede ser de un cara como él, un hombre bueno adonde parecían haber volcado, al tun tun, como en una palangana agujereada, mucho de la más preciosa memoria de este mundo sin otro provecho, al parecer, que el de quemarle la terraza.&lt;br /&gt;Habrá que imaginarse cómo habrá sido realmente todo. Yo lo sé mal y retaceado. Konrad dice que Nina estaba cada vez menos en casa, que empezó a barruntar que la piba se curtía a la garotada toda de la esquina... Pura manija. Tengo entendido que nunca pudo comprobar nada, ni un desliz. Pero una vez despertada la bestia de los celos...&lt;br /&gt;Llegó un punto en que el tipo no aguantó más. No dormía ni comía. Meta café y cigarro. Un mal día se sacó del todo, estalló por primera vez en toda su puta vida. Se le fue encima a grito pelado, inquisidor rabioso, súbdito rebelado, acosándola a preguntas...&lt;br /&gt;Nina tranqui, nada. Hundida la cabeza entre los hombros, murmuró, como rezando, ida, una suerte de mantra, los ojos a media asta. De esta manera, aunque parezca mentira, logró calmarlo un poco. Pasado un rato empezó a explicarle, al menos lo intentó... Pero para entonces a Konrad ya todo le olía a grupo, el mismo tono dulce e infantil y acaso la misma conjunción de palabras que ayer le deparaban éxtasis, consuelo y norte, ahora le resultaban una sarta de argumentos baratos tendientes a engañarlo todavía más, de por vida, como al más gil de los otarios.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando sonó el teléfono. Debe de ser de esta escena que alcé la primera foto: Mi amigo sumergido en el celo y ella atendiendo el teléfono.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Así quedó la cosa por el momento, como en la foto, en calma... o más bien en una tensa pausa. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Nina habló un buen rato y después se fue a su cuarto. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Más tarde la vio preparar sus cosas: Y que adónde vas, que si, que no, que pin, que pan... Que no hagas tanto drama, que sólo me voy un par de días a Zürich a visitar a mamá, dar un tiempo...&lt;br /&gt;Pero claro, el quía tampoco le cree, el quía se desespera, se saca de una y ahí se va todo al carajo... La toma de los brazos, la sacude, la increpa, la putea... Que porqué lo engañó, que porqué le contó el cuento del amor eterno como el Fénix, que porqué tanta sanata sobre almas reencarnadas y unidas por un hilo de fuego si al fin no da ni para ser amigos...&lt;br /&gt;Cuando la piba levantó la cabeza mi amigo vio una sonrisa que no se le borra todavía. Que hasta hoy no sabe si era una sonrisa de piadosa beatitud o de absoluta abyección; si esa sonrisa era la imagen de la misericordiosa comprensión del corazón humano o simplemente un tajo vil de voluptuosa malevolencia. En fin, lo cierto es que en aquel momento, esa insondable sonrisa, terminó de encender la mecha.&lt;br /&gt;Y el chabón se perdió. De pronto le estaba pegando feo. Me imagino una lluvia de golpes feroces y descontrolados que duran unos segundos, un par de minutos a lo sumo, hasta que por fin reacciona. Porque Konrad reaccionó y al reaccionar le agarró no sólo vergüenza y culpa sino pánico. Un miedo primordial, cósmico…&lt;br /&gt;–…De ser irremediablemente malo, condenado para toda la eternidad...&lt;br /&gt;Y, algo así.&lt;br /&gt;–…De estar atentando contra la creación, contra los dioses, de estar violando un pacto eterno...&lt;br /&gt;Qué se yo, puede ser... Pero supongo que sobre todos los miedos se impuso el peor, el más fuerte, el que venía incubando desde hacía más tiempo: el miedo de pederla.&lt;br /&gt;Fue un segundo. Estaban en la sala grande de la tienda, que funcionaba a la vez como taller de luthier. Konrad manoteó una cuerda de contrabajo que estaba sobre la mesa. No quería lastimarla, no quería pegarle más… quería atarla. Atarla para después poder pensar.&lt;br /&gt;En ese momento recibió un golpe muy fuerte en la cabeza y cayó inconsciente.&lt;br /&gt;Cuando volvió en sí todo estaba en silencio. Al tratar de incorporarse escuchó pasos. Levantó la cabeza y la vio junto a la puerta. Se había lavado y cambiado. Tenía marcas y moretones en la cara. Llevaba un bolso en bandolera y una gorrita cubriéndole la cabeza rapada. Lo miró a los ojos con un rencor y una furia desconocidos en ella y le gritó:&lt;br /&gt;–&lt;em&gt;Du hast es schon wieder versaut... Du Arschloch!!!&lt;/em&gt; (algo así como: otra vez la cagaste... hijo de puta!).&lt;br /&gt;Y pegó el portazo.&lt;br /&gt;La escultura de bronce de la Diosa Kali, a medio metro de los pies de mi amigo, todavía oscilaba en el piso, como acunándose incansable sobre su marco circular. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116143972261201072?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116143972261201072/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116143972261201072&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116143972261201072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116143972261201072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/kalidoskop.html' title='KALIDOSKOP'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116099310094910374</id><published>2006-10-16T12:02:00.000+02:00</published><updated>2006-10-16T13:13:32.460+02:00</updated><title type='text'>KINDHEIT</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/carteles08.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 268px; CURSOR: hand; HEIGHT: 290px" height="299" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/carteles08.jpg" width="290" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Al otro día del Golpe nuestros padres huyeron hacia Oriente, via Carmelo.&lt;br /&gt;Las embajadas, puestas al socaire de las balas, se daban empellones unas a otras, sirenas desesperadas y flotantes, como arrancadas de cuajo por el zonda.&lt;br /&gt;Si no hubiera sido por la caída del régimen nos hubieran convertido a su fe. Pero se fueron. De un día para el otro. Sólo quedó el clamor de los porteros, el torto virola del quiosco de la esquina traficando mediahoras y las moscas espiando cada rincón de nuestras intimidades, moscas invisibles en grupos de tarea.&lt;br /&gt;Max sabía contar en detalle hasta tres: papá y mamá subiendo al Kaiser Carabela. Yo ni siquiera vi cuando se fueron.&lt;br /&gt;Unos meses antes les había nacido una niña: Dolores, Lola. Lola tenía los ojos verdeúva. Puertos ojivales en un océano de cuento. Fue lo último que vi: varios ojos marinos nadando en el estuche de un rosado renacuajo llorón.&lt;br /&gt;Algo me nubló la vista. El mundo se diluyó de golpe en manchas imprecisas (sólo cerrando los ojos mi imaginación lograba componerlo todo). Dijeron que debía verme un médico. Supuse que era un ataque directo a mis superpoderes.&lt;br /&gt;Supuse bien. De pronto estábamos ahí. Olía a sudor artificial, a emanaciones de piel sintética. Me echaron un líquido inmundo en los ojos. Fue la primera vez que lloré y, lo recuerdo con todos los sentidos, eran lágrimas ajenas no sé si donadas por el médico o su madre.&lt;br /&gt;Luego me taparon el izquierdo con un parche blanco. Quién sabe durante cuántos días. Al tiempo el parche pasó al derecho. Cuando todo terminó comprendí perfectamente: habían cambiado mis ojos por un par de cristales blindados.&lt;br /&gt;Corría el año mil novecientos sesenta y pico en dirección al Riachuelo. No acabábamos de quedarnos huérfanos cuando Lola, Max y yo nos mudamos de Villa Crespo a La Boca, al tambo de la calle Suárez.&lt;br /&gt;Por entonces soñaba con ser pastor de muebles. Había una placita, enfrente de casa, con un lago artificial regado por quichicientos sifones. En los días feriados llegaban los inmigrantes rusos e intercambiaban pulgas, manifiestos libertarios, plumas de gallareta.&lt;br /&gt;A la vuelta de casa, al lado de la fábrica de cohetes, vivía una parte mía, una parte desconocida de mi mismo que muchos años mas tarde reconocí en una foto de la enciclopedia mecánica.&lt;br /&gt;Para las vacaciones nos mandaban al sótano. Ahí aprendíamos a movernos en las tinieblas y a esculpir en el aire las cosas indispensables para nuestro sustento.&lt;br /&gt;Tía Lidia era nuestra adalid y anfitriona. Gracias a ella las tardes de lluvia se convertían en conciertos de palanganas enlozadas repletas de pasta lista para vaciar espejos.&lt;br /&gt;Lidia había nacido muerta y todo lo que conocía del mundo era ese sótano.&lt;br /&gt;Recuerdo que llegado el momento del traslado, a la ida o a la vuelta, para nosotros era el mismo suplicio. Sufríamos de disgusto cuando, acabada la recolección de cartuchos, llegaban los meses de siega: la hora de bajar a lo de Lidia. Y el mismo dolor, el mismo exilio, tres meses después, a la hora de regresar al tambo. A veces pienso que esa melancolía con que hoy vestimos nuestros mejores prototipos es producto directo de aquel desgarramiento (en el instante mismo de partir un pollo –¡karate al pecho!, gritaba Lidia, ¡pata o pechuga!– nos seguimos preguntando qué nitidez o que veladura nos va a deparar la próxima siesta. Pero no hay tal. Es ésta. Da igual, no hay caso, sabemos que no tiene respuesta ni asidero y sin embargo llueven a cántaros las ganas de entender algo).&lt;br /&gt;El piso de la casa de Tía Lidia era abovedado. Cóncavo o convexo según los cuartos. Max extrañaba el parquet rojo de la plaza y su lago de soda. Yo no. Yo aprendí a leer patinando a ciegas en esa especie de viscoso paladar invertido que Lidia se empeñaba en llamar living-room.&lt;br /&gt;Gracias a aquellas lecturas en la asquerosa penumbra repleta de musculosas partículas, minúsculas e inestables criaturas, puedo hoy catar una saliva X e inmediatamente predecir cada detalle de nuestra infancia.&lt;br /&gt;A Max le fascinaba el cablerío venenoso de la letrina. Jugaba incansablemente en esos dos o tres centímetros cuadrados de serpentario y regresaba, medio borracho e intoxicado, eyaculando profecías partenogenéticas: –¡Soy semiciego, soy casquivano, soy de cualquier manera!– achinando la voz con acento polaco.&lt;br /&gt;Antes que se lo llevaran los Dragoñantes, en sus últimos días junto a nosotros, Max inventó una lira avihuelada igualita a él. La construyó con esos desperdicios invisibles que le colgaban de las orejas como trenzas de sauce y un traje de buzo.&lt;br /&gt;Fue todo lo que nos quedó de Max. Pero era suficiente: cada arpegio sonaba como un malón de batarazas cautivas, con un melancólico y cansino cacareo. Supongo que por asociarlo a Max, a su recuerdo, a Lola y a mí el solo tacto del instrumento nos daba un asco pánico. Tía Lidia, que ya no podía volver a morirse, era la única que se atrevía a cantar acompañada por la lira. Era enloquecedor no verlo. Yo creo que Lola se masturbaba al compás. A lo lejos se oían los cantitos de la cancha de Boca.&lt;br /&gt;Al principio fue todo pura fiesta. Pero pasada la sorpresa, aburridos ya de esas litúrgicas, sacramentales orgías, intentamos abrir sucursales más superfluas.&lt;br /&gt;En el fondo pugnábamos por encarnar la nueva ola, con sus piyamas estampados y sus mechones a lo Bill Halley. Pero el poder acumulado por la lira era tal que, día tras día, sin que nos diéramos cuenta, aparecía alguien –siempre un completo desconocido– suplantando los objetos cotidianos más queridos.&lt;br /&gt;Hubo tímidas reacciones. Lidia pensó que eran otra vez los Dragoñantes, los mismos que nos habían arrebatado a Maxi (en la flor de la edad, tal vez en su estación más creativa, cómo saberlo).&lt;br /&gt;Al principio yo también lo creí. Lola intentó excitarnos a la rebelión. Su influencia sobre mí era absoluta y yo empezaba a armarme mentalmente para una guerra santa. Pero no hicimos nada. ¡Estaba todo tan oscuro!&lt;br /&gt;A los pocos días no había nadie con quien hablar. Ya se oían los arpegios en el cielo: habían copado también el tambo.&lt;br /&gt;Muy a nuestro pesar tuvimos que entregarnos.&lt;br /&gt;A Lidia le tocó Marina.&lt;br /&gt;A Lola y a mí nos destinaron a Geriátrico.&lt;br /&gt;Eran los tiempos de la Primera Guerra Púnica y los abuelos de toda el área fueron movilizados a Puno y Arequipa. Hoy sé que aquellos días, cada gota de las horas de aquellos días junto a Lola, son las capas de delicia que, una a una, forman el carozo de mi idea de Dios, de mi anhelo de Gracia.&lt;br /&gt;Lola se sumergía en mis bolsillos y juntos cambiábamos las chatas de las momias. El olor de la inmundicia nos excitaba tanto que terminábamos acabando sobre los porta-hélices de vanlon del confesionario.&lt;br /&gt;Era una sensación rara. No se sabía si eran dioses o aviones. En medio de los bombardeos se prendían y apagaban las velas según complicadas manipulaciones astrológicas. Cada cosa conducía hacia algo, pero con una voluntad suicida: entre las cosas y sus causas y efectos se sospechaba una conspiración angélica y geométrica, perfecta y fluorescente.&lt;br /&gt;No era fácil. A Lola le encantaba la alta costura. Era coqueta. Cambiaba sus pañales siete veces por día (los hacía yo mismo, primorosamente, con retazos de mortajas egipcias y pétalos de cardo).&lt;br /&gt;Pero aquel amor eterno que nos jurábamos dormidos traspasó las fronteras de Juntas, Triunviratos y Juramentos. Un mal día Lola volvió de esa maravillosa ausencia que la mantenía ensartada en mí hasta el caracú –brochet de lirios, platito girando sobre el tallo, flor de naranjo al palo, tálamo mundis–. Ese día la perdí sin remedio.&lt;br /&gt;Su manera de no estar se hizo carne. Incluso cuando por fin volvió, ya era otra. Un marco. Mi aguadora había desaparecido llevándose la luna del espejo. El patetismo de sus manos enarcadas en jarra no sostenían ya el universo sino aire: una suma de alientos avejentados, rancios.&lt;br /&gt;Fueron dos o tres pestañeos que intentó con los labios. Luego la jadeante espuma virginal bajó hasta el pecho para elevarse, al fin y para siempre, como copa del mundo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116099310094910374?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116099310094910374/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116099310094910374&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116099310094910374'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116099310094910374'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/kindheit.html' title='KINDHEIT'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116091788371764394</id><published>2006-10-15T15:02:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:33:21.842+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tano'/><title type='text'>BEROLINEANAS</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/nadadores02.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="252" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/nadadores02.jpg" width="287" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Berlín, lunes 23 de noviembre de 1995. Querido diario. Bruscos atardeceres a las tres de la tarde. Tres mañanas seguidas de sol. Puentes que cruzan cursos y canales. Ciudad surcada por un estuario de tiempo.&lt;br /&gt;Viejos Lobos del tiempo del compás y el martillo. Sobredosis de souvenirs de la RDA. &lt;em&gt;Solo Sunny&lt;/em&gt; de Konrad Wolf. Discos de Wolf Biermann. Y la sombra de Christa. La sombra de un país que ya no existe. Hace apenas seis años que cayó el muro y calló todo. Parece prehistoria. La Piel de lobo abriga ahora los cuellos perfumados de las chicas de la coalición.&lt;br /&gt;Petra -mi casera-, como puede, traduce: El sueño socialista no era malo, dice Karsten, su novio. La idea era buena, dice, pero el hombre es abyecto, afirma (buscamos la palabra–&lt;em&gt;niederträchtig&lt;/em&gt;- en el diccionario). Lo repite dos o tres veces con una sonrisa que le ilumina la cara. El hombre es &lt;em&gt;niederträchtig&lt;/em&gt;... ¿Sentencia bernhardiana?&lt;br /&gt;A la mañana voy a la escuela (no se para qué, creo que el alemán no es para mí, no me entra). A la tarde trato de tocar un rato el fueye. A la noche me cruzo al Tilsiter. Beo y lebo. Cuando no puedo más me subo a la holandesa y pedaleo hasta el naufragio.&lt;br /&gt;Berlín, 24 de noviembre de 1995. Querido Martes. Una vieja canción portuguesa reza: “esta calle se llama soledad”… La calle donde vivo se llama Richard Sorge. &lt;em&gt;Sorge&lt;/em&gt;, me dice el diccionario, quiere decir preocupación, alarma, aflicción, pena.&lt;br /&gt;Berlín, miércoles 25. Todas las viejas casas del viejo Este tienen un viejo sistema de calefacción. Enormes estufas, salamandras de material alimentadas a carbón. Miden unos dos metros de altura y están revestidas de una especie de mayólica. La verdad es que son bonitos los armatostes. Cada departamento tiene, en el sótano comunal de la casa, su cuartito para el carbón. Hoy Petra me enseñó por tercera vez a encender mi estufa (que acá le baten &lt;em&gt;Ofen&lt;/em&gt;). Creo que Petra me tiene miedo. Y yo a la estufa. Hace una semana lo intenté por primera vez y vinieron los bomberos. No lo hice tan mal. Parece ser que el tiraje estaba tapado un par de pisos más arriba. Los pasillos empezaron a llenarse de humo. Yo ni me enteré. Alguien llamó a estos hombres. Tres autobombas y un patrullero. Hacían tanto ruido y montaron tal operativo en la cuadra que abrí la ventana. Los bestias habían cortado la calle. Salí al balconcito y me puse a campaniar. La gilada miraba para arriba. Qué habrá pasado, me pregunté, algún vecino tratando de apresurar su infierno. Era yo. Entraron tres bomberos enormes a casa, con trajes fluo y cascos de la Guerra de las galaxias. Revisaron mi estufa. Me acribillaron a preguntas incomprensibles con notable malahonda. Me los quedé mirando y les expliqué, por supuesto que en español, la posta. Uno de ellos intentó algo en inglés. Hice un gesto elocuente... Pobres, ¡inglés a mí...! Se miraban entre ellos, hacían comentarios de desaliento. Tuve la sensación de que a sus rostros nórdicos los agravaba una especie de impotencia babélica. Se fueron de golpe, saludando animosamente, como aliviados. Antes de despedirse me apuntaron con sus dedos, supongo que amonestándome, como a un abuelo estúpido.&lt;br /&gt;Berlín, viernes 27. Querido noviembre: ¿Porqué los años se cumplen? Porqué no se reciben, o se tienen, o se son, o se encarnan (qué-loen-car-nes-fe-liz… suena para la mierda). En fin, cumplo cincuenta. Cumplir es un verbo fascista. Un día como cualquier otro, me dije todo el tiempo, todo el día y todavía no me creo.&lt;br /&gt;Toqué el fueye un par de horas. Después me fuí al Tilsiter y me vi «La Leyenda de Paul y Paula». Lloré como un otario.&lt;br /&gt;Berlín, noviembre/95. Querido Domingo. Un zumbido en la oreja. Y el rostro que no para de contorsionarse. Pierdo color, o gano el tono berlinés de bandera de rendición. Las marcas se me antojan cada vez más profundas. Podría presenciar este proceso ineluctable con solo permanecer unas cuantas horas frente al espejo. Vería la lenta transformación, los poros como granos de arena expuestos al viento del tiempo que labra con ellos, a su capricho, surcos y landas de gravedad irrevocable. No tengo el coraje. Soy un testigo involuntario e intermitente. Recién, por ejemplo. En el espejo que hay detrás de la barra del Tilsiter acabo de verlo. Me vi durante unos pocos segundos. Después bajé la vista. Mezcla de vergüenza, desagrado y bronca y pena. Esa accidentada superficie blanquecina, rosadita. Y este zumbido que me sigue como perro e´sulky... ¿Será producto del esfuerzo que hago por entender lo que oigo? ¿O el esfuerzo de sacarle notas limpias al fueye con los chorizos desobedientes y torpes de quien empieza demasiado tarde?&lt;br /&gt;Seguramente no. Seguramente no es nada de eso.&lt;br /&gt;No sé. Algo me dice que es el ruido del rostro que decrece.&lt;br /&gt;Lunes. Querida Berlín: Anoche soñé que una serpiente me lamía la oreja. Una sensación agradable. Había como una dedicación maternal en su lamer, como si tratara de revivirme (la serpiente olía a lavandina, como las manos de mi madre). Yo dormía en el sueño, dormía con los ojos abiertos. Llevaba los ojos abiertos y pensaba: tengo puestos los ojos abiertos de mi viejo. Me desperté empapado. Pensé, estoy curado.&lt;br /&gt;Pero el zumbido seguía, sigue ahí.&lt;br /&gt;Después el día extremadamente frío, gris y corto. Todo velado. Las voces, los rostros, las tazas de café. No fui a la escuela. No se si voy a volver a esa escuela. Mis compañeros son tan amables y tan jóvenes... Me pasan de parado. Mi fracaso con el alemán clama a los Dioses.&lt;br /&gt;Berlín, diciembre 95. Me temo que no estoy en ninguna parte. Como si una película invisible se interpusiera entre los otros y yo. El zumbido continúa. Ahora, en el silencio de mi cuarto, pareciera que un grillo robótico cantara letanías, lejos, o dentro de un frasco.&lt;br /&gt;Sábado. Querido diciembre: Anteayer a la mañana, en el parque de Friederichshain, un hombre llamaba a una mujer con aquel nombre, el innombrable, el nombre prescrito. Creí que iba a suceder algo dentro de mí. Ahora que fue pronunciado y la viga maestra sigue en pie, reparo que el templo es sólo míseras paredes decoradas con varias figuras de la misma divinidad olvidada cuyo nombre el dolor enterró bajo siete llaves. Hubiera querido decir: lo reconstruiré en tres días. Pero está intacto. Hubiera querido escribir: «yo, que te había visto entre las cosas primordiales, me enfurecí al oír tu nombre en sitios tan vulgares». Hubiera querido escribir, en japonés, palabras disolutas que se comportaran como gallos de riña.&lt;br /&gt;Berlín, 18 de diciembre de 1995. Querido cuaderno: Me voy acostumbrando a naufragar en bicicleta, soportando el diluvio, con los anteojos anegados, yendo y viniendo de memoria, cargando con la memoria de cada pareja de bestias hasta avistar una paloma. ¿Cómo será la nieve? No puede tardar en llegar.&lt;br /&gt;Miércoles. Queridas notas, aguante la monada, un poco de amor no estaría mal. Por ahora las mujeres se espantan ante mi frente demasiado azotada por las tempestades y mi pringoso desalineo. Todo sucede en alemán. A veces en inglés, lo cual es peor. No me quejo. No extraño Rosario. Prefiero este bar bar bar incomprensible que surco a bordo de dos enormes ruedas holandesas. Además en Rosario no se puede envejecer como es debido. Aquí no tengo camuflaje. Tengo cincuenta años y se notan. Mi lucha con los espejos responde a eso. Poco a poco se irán acomodando los relojes. Son las cuatro de la tarde y es noche cerrada.&lt;br /&gt;Lunes. A medida que se acorta la luz de los días veo más claro. Cumplo: seis meses en Berlín.&lt;br /&gt;Berlín, diciembre del 95. El optimismo es estúpido y ocioso, pero muy sano. Me siento tan bien que no tengo ganas de escribir.&lt;br /&gt;Jueves. Querido diario: Ahora sí: Los hechos: el viejo edificio de la calle Ricardo Aflicción tiene dos puertas. La número 69 –la mía– y la 69 A. Por lo demás, son prácticamente iguales. Las separan unos cinco metros de pared. Si se traspone cualquiera de las dos puertas, la disposición es muy parecida: corredor que da al patio común y escalera a la derecha. Incluso la puerta de Petra, mi puerta, en el primer piso del número 69, es igualita a cualquier otra del mismo edificio, ya sea del 69 o del 69 A. Si uno regresa tarde, luego de una larga sesión de escabio en el Tilsiter, es especialmente notable el parecido clónico entre mi puerta, la de Petra, y la correspondiente del primer piso del 69 A.&lt;br /&gt;Querido diario: te juro que no noté nada raro. En principio, no abría. Pero las dificultades de abrir una puerta en estos caso es conocida: hay una parva de chistes al respecto y más de una escena famosa del cine mudo. Cuando acaso estaba a punto de romper la cerradura una mujer enorme, no muy alta sino gorda, pelirroja, en ropa de cama, bastante enojada, abrió desde adentro puteando… ¡en español! Así es como conozco a Amparo.&lt;br /&gt;Lunes, Berlín, diciembre de 1995. Amparo es de Bilbao. Traductora. Traduce cualquier cosa. Desde un libro de cocina hasta un catálogo sobre bobinas hidráulicas. Me dice que está conforme con su vida. Su casa encantadora. Sus ensayos en un coro de música ficta. Su rutina. Me dice que es feliz. Le creo. Aunque tengo la sensación de que algo la apena, presiento una recóndita tristeza, como si, pasados los cuarenta, se hubiera enamorado como una adolescente del hombre equivocado. Hablamos de esto y de aquello. Bilbao. Rosario. Berlín. La yerma soledad sin hijos. Le pregunto si nunca tuvo el deseo de formar una pareja, de tener hijos. Pues claro, Dardo, dice, pero no me tocó. Y cuando me tocó, pasados los cuarenta, me enamoré como una adolescente del hombre equivocado. Estuve muy enferma. Viví mi amor como una enfermedad. En los últimos diez inviernos apenas si me había resfriado, pero el año pasado casi me muero. Era mi primera vez.&lt;br /&gt;Hay una suerte de telepatía entre nosotros. A ella la asusta un poco. A mi no. A mi me exime, me salva. Nunca me gustó hablar.&lt;br /&gt;Berlín, finales de 1995. Querido diario, hoy es martes. Estamos en un “Imbis” griego de Kreuzberg. La miro. Amparo come como un Pantagruel de gestos lentos, delicados. Me pregunto si todavía tendrá ese tipo metido en el corazón. Tengo una suerte de interés de accionista en eso. Nos quedamos en silencio, mirándonos. Otra vez me lee: Ya no hay nada, hace tiempo, pero todavía está ahí –y hace un gesto con toda la mano, los cuatro dedos juntos apuntando a la grieta profunda que separa sus enormes tetas– no consigo olvidarlo.&lt;br /&gt;Berlín. Querida Navidad: Desde la noche que me equivoqué de puerta estamos mucho tiempo juntos. Son casi dos semanas. No tengo nada que anotar.&lt;br /&gt;O mejor sí, que tiene una extraña consistencia todo esto, el tiempo y el espacio nuestro, juntos. Tal vez es la noche que empieza a la siesta. El frío. La sensación de consumir el triple de vida hogareña. El día es su trabajo –labura en casa– y mis paseos en la holandesa (no volví a la escuela). Luego la noche inmensa, que es nuestra.&lt;br /&gt;Viernes. Contradiciendo la simetría que figura en los planos, por dentro, la casa de Amparo y la mía no se parecen en nada. La pared que en la casa de Petra separan su cuarto del mío acá no existe. Dos estufas calientan el gran ambiente desde los rincones del muro que da a la calle Aflicción. Me explico: De izquierda a derecha: estufa roja, ventana, puerta al balconcito, ventana, otra ventana, puerta al otro balcón, estufa amarilla.Querido y próximo año nuevo: Anoto: veo por primera vez la nieve. Es una noche helada y blanca. Dos fuentes de calor a toda máquina. Estoy desnudo y cruzado de piernas, sentado en un sofá de terciopelo rojo de los tiempos del Ñaupa, escribiendo a la luz de las velas. Anoto: mi Venus de Willendorf duerme despatarrada a medio metro, sobre un lecho improvisado con pieles de cordero. Anoto su paisaje: acción y reacción de curvas. Vastos volúmenes de piel sin labrar. Volúmenes rematados por pliegues pétreos, calcáreos, que al ritmo de la respiración precipitan sobre el vientre lentas catástrofes inocuas. Dos o tres curvas breves y cerradas generan otra mayor y más amplia. Volúmenes marmóreos que dan a cavidades primordiales de desmesurada y oscura vegetación. Sorprende encontrar hombros tan pequeños cuando se han atravesado con asombro tantas convexidades. La Diosa Blanca vasca se da vuelta entre sueños y su fabuloso culo, su magnífico culo prehistórico, parte los pirineos y proyecta una sombra bienhechora sobre los cueros muertos de las bestias inocentes. Rubens: un curvo surco riega la planicie lunar de su espalda ciclópea. Más lejos, en una zona en sombras, como un sol moribundo en las costas de Islandia, su roja cabellera clairol espera el amanecer para arder como el resto de las cosas de este mundo de paja. ¡Oh! Un animalito inmóvil asoma entre los mechones: una mano infantil, pequeña y rosada, como de otro cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116091788371764394?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116091788371764394/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116091788371764394&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116091788371764394'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116091788371764394'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/berolineanas.html' title='BEROLINEANAS'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116083103388566540</id><published>2006-10-14T14:58:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:47:25.336+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tano'/><title type='text'>CHARGENDARSTELLER</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/FST18.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="217" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/FST18.jpg" width="291" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;»Este es un buen lugar para que se te abra el mate. Acá cada dos por tres cae una bomba. Porque las cosas que suceden una vez suceden siempre, para siempre. Por eso las bombas aquí caen eternamente.&lt;br /&gt;«Berlin-Ostbahnhof. Cualquiera que ande queriendo encontrar o perder algo acaba en una estación de trenes. Hangares frígidos donde esas robóticas lombrices solitarias del vientre del mundo descansan un poco, abren las branquias, bufan, relinchan, se impacientan, bostezan, mientras los dioses cargan y descargan esa carne carísima.&lt;br /&gt;«Luego de observar durante horas estas plataformas como pésimas metáforas de la vida misma, el ojo se asquea, se arrepiente de todo y pega la vuelta en dirección contraria. En el preciso momento en que entiende que no hay dirección contraria posible cae la bomba –eterno retorno- y el ojo perdigón se desperdiga, se expande, y cada esquirla del mirar da con el caldo de cultivo, el espacio donde habitan las imágenes, las figuritas que queremos, los entes imprecisos que nos empeñamos en llamar personajes.&lt;br /&gt;«Y –ajustando las tuercas de la relación figura y fondo– quien te dice que ese todo ululante, ese escenario y sus aliados invisibles, las callecitas del Nikolaiviertel, la Torre de la Televisión, los ejércitos pardos bajo los tilos, el Neptuno de la Alexanderplatz, el monumento doble de Marx y Engels, los vidrios rotos, la Isla de los Museos, los hermanos von Humboldt, el bandoneonista al borde del Spree, todas las postales nuevas y viejas; resumiendo, repito: quién te dice que ese todo –redescubierto en un momento de explosiva, de centrípeta sorpresa– no sea sino ella, el mismísimo personaje central: la ezquizo, la puta de las tropas de dos continentes, la judeo-hugonota, la exterminada para siempre, la maquillada capital del Cuarto Reino.&lt;br /&gt;«Solemos buscar el origen de las cosas porque nos parece que así comprenderemos algo. Más tarde comprendemos que jamás comprenderemos del todo nada.&lt;br /&gt;«Que alguien lo diga de una vez: uno se remonta al comienzo de algo sólo para poder controlarlo.»&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116083103388566540?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116083103388566540/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116083103388566540&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116083103388566540'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116083103388566540'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/chargendarsteller.html' title='CHARGENDARSTELLER'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116068215398895503</id><published>2006-10-12T21:37:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:47:58.982+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>BELIN</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/1929%20briefmark.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="286" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/1929%20briefmark.jpg" width="240" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Mientras boludeábamos entre cardos y cortaderas nos perdimos su llegada oficial a Hamburgo y su posterior viajecito en tren. Qué va´cer. No se puede estar en todo.&lt;br /&gt;La postal que al principio esgrimimos cancheros como de La Gare d'Orsay se despeja por fin entre nuestras manos, ahora menos ansiosas, menos ebrias de génesis. Acaso más sabias. Es Berlín Zoologischer Garten Hauptbahnhof.&lt;br /&gt;Sería interesante saber en que año estamos. Un reloj enorme en cada uno de los andenes señala las cuatro menos diez, pero no el año. Podríamos pispear en la parte superior del diario que lee aquel pelado de lentes sentado junto a la vieja de tapado marrón… Pero ¿para qué? Una buena historia no pide esfuerzos inútiles, una buena historia es generosa, gratuita como la luz o el aire.&lt;br /&gt;Por otra parte, quién no se da cuenta que estamos más o menos en entreguerras (que por otra parte era lo que queríamos) si es sólo mirarle las pilchas a esta gente.&lt;br /&gt;El que no aparece aún es nuestro héroe. La impaciencia en este caso justifica una cierta intranquilidad, sobretodo después del amague que nos comimos en París.&lt;br /&gt;Una vez más, una sensación de artificialidad nos hace esbozar un gesto socarrón, un tris de sonrisa desconfiada. Es que no estamos habituados a los paneos tan poco sucesivos de la época.&lt;br /&gt;Es raro. Pareciera que la narración a cargo de las imágenes se valiera de diapositivas, como si trataran de contarnos algo por efecto de la acumulación simultánea.&lt;br /&gt;Tendremos que acostumbrarnos también a esa luz que pareciera inyectar en el tiempo una sustancia más densa y resinosa, como de ámbar líquido.&lt;br /&gt;Ni hablar de la trampa que nos juegan los hábitos. La falta de costumbre de ver tanto sombrero, por ejemplo.&lt;br /&gt;Es notable cómo el sombrero escamotea el rostro e iguala, a la vez que protege del peligroso contacto del cielo. Los hombres parecen extras de una opereta retro. En cambio en las mujeres el sombrero pareciera enmarcar y exaltar.&lt;br /&gt;Eso. Mientras esperamos la llegada de Morán junemos minas.&lt;br /&gt;Hay algo inmaterial en casi todas. Serán los peinados de esta orilla del tiempo, o los rostros pálidos de índole nórdica los que dan esta impresión de salud física y desarreglo espiritual.&lt;br /&gt;Por ejemplo ese par de muchachas que parecen hermanas, debajo del cartel de salidas y llegadas, rubias &lt;em&gt;echt &lt;/em&gt;de ojos grises, como desteñidos: la una de delicado sombrerito verde y velo negro levantado sobre la frente, la otra con un gracioso &lt;em&gt;chambonier&lt;/em&gt; marrón oscuro rematado con una pequeña pluma, como de gayareta.&lt;br /&gt;O aquella morocha que por influjo de esos ojos negros de basalto resulta casi transparente. Su gran gorra azulada la sostiene, como dándole la gravedad necesaria para que siga en contacto con el magma y no nos deje. Su cara no se puede enunciar en palabras. Ojo, no es pereza. Es que… es una de las pocas cosas de este universo apócrifo que encarnó de posta y que, ya florecida –clara carne de rasgos semitas– empalidece como un narciso y espera no se sabe qué.&lt;br /&gt;Es curioso: en su mano sostiene un cartelito de cartón de torpe hechura donde está escrito algo que, desde esta distancia (y sin anteojos), mal puede leerse.&lt;br /&gt;Oscurece. El sentimiento de pérdida –pérdida de iluisiones y de tiempo– que despierta la espera y la ausencia de luz da todavía más frío. Lo peor es que empezamos a aburrirnos.&lt;br /&gt;Embroquemos en dirección contraria: ese hombre a punto de ahorcarse en una bufanda como de alpahaca, con cara de quien-estoy-donde-soy y sin sombrero: lleva una gorra vieja de ferroviario que da pena.&lt;br /&gt;No, ese tarambana petizón que se acerca a paso de tungo maltrecho no puede ser él… Hay ciertos cambios definitivos en su aspecto que contradicen y despistan: es más petiso, más delgado y, acaso por contraste entre los carapálidas, más oscuro que cuando despidió a sus amigos en Buenos Aires.&lt;br /&gt;Sin embargo –lo sabemos como se saben las cosas en los sueños– es él.&lt;br /&gt;Y para colmo camina, arrastrando su desteñida sonrisa pampa, hacia la piba del cartelito... Claro, visto desde sus buenos ojos criollos es más fácil de leer, el cartón manda: MORAN.&lt;br /&gt;Por fin. Todo se va aclarando.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116068215398895503?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116068215398895503/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116068215398895503&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116068215398895503'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116068215398895503'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/belin.html' title='BELIN'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116050775516394058</id><published>2006-10-10T21:11:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:51:11.480+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><title type='text'>BEATE</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/al%20pie%2012.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 257px; CURSOR: hand; HEIGHT: 197px" height="202" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/al%20pie%2012.jpg" width="265" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Acá al verano le cuesta decidirse. Un prólogo de meses, amagues &lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/al%20pie%2013.jpg"&gt;&lt;/a&gt;de dudosa primavera hasta que al fin consigue, por acumulación de tibiezas, izar su estandarte de estío y durante una o dos semanas arañar los treinta grados.&lt;br /&gt;Me acuerdo que fue para esos días casi calientes de finales de julio que me cambió la suerte. La malaria piantó de golpe con el mal tiempo cuando los de «La Diáspora del Tango» me incorporaron como cantor fijo. Las giras no eran lo que se dice un world-tour ni tampoco te pagaban mucho por tocar pero era como cobrar por divertirse. De regreso a Berlín pasaba unos cuantos días en lo del ruso Mitra para luego volver a la ruta, en la combi roja de La Diáspora.&lt;br /&gt;En uno de esos breves volver a casa, Matilde, la pereirana, ya no estaba. Me esperaba una carta de una inocencia incestuosa. Me hizo gracia, primero. Parecía la carta de una nena a los Reyes. Sonaba igualita a su voz. Después me dejó medio temblando. Querido Gato: ¡hay que pena contigo! Se había ido a Zürich detrás de un holandés. Promesas irreprochables de amor y fortuna. Dejó una herencia muy útil, reciclable. Un soberbio futón (una especie de colchón japonés) de dos plazas y su querido disco de Joe Arroyo: «El mundo da vueltas... y no parará…».&lt;br /&gt;Su partida entristeció tanto la casa que decidí buscar techo propio, ahora que había un billete más o menos seguro. Mitra, acosado por sus eternos problemas legales y financieros, no insistió para que me quedara.&lt;br /&gt;Contaba con dos semanas libres y las dediqué a buscar cuarto. Mirando los anuncios y sopesando finanzas, me dije: Basta de vivir en un WG (suerte de conventillo burgués), y terminé dejándome tentar por la primera oferta que pintó. Un altillo en la Linien, casi Ackerstraße, de un amigo de Mitra. Buen precio y sin mucho papelerío.&lt;br /&gt;Me cayó bien de entrada el desaliño, la traza medio fuera de escuadra. La nueva casa parecía el resto de un proyecto malogrado… Un ambiente grande, irregular, con forma de trapecio. Dos ventanas chicas y cuadradas hacia un patio tan irregular como el ambiente, más una puerta ventana que daba a un balconcito de metal (agregado recientemente) con vista al mentado patio y a la torre de la Alexanderplatz.&lt;br /&gt;La mudanza la hicimos con Mitra, a pie y a mano. Puse el futón en el rincón obtuso del trapecio, sobre el piso de enormes tablas de haya.&lt;br /&gt;Desde la primera noche la casa se me entregó mansita. Mitra trató de montar una de sus fiestas. Pero había decidido pasarla solo para celebrar la promesa, la página en blanco, echar las primeras meadas de apropiación del espacio. Me tomé una botellita de tinto y me guardé temprano.&lt;br /&gt;Ni bien me levanté salí al balcón con el termo y el mate. Después de varias semanas grises se presentaba un día radiante. Me acuerdo que era el día en que el emperador visitaba Berlín y que cada cinco minutos sobrevolaba un helicóptero. Enfrente, en el bloque trasero del edificio, del lado de la sombra, una sábana de factura casera, escrita con grandes letras negras, rezaba: BOMBING FOR PEACE IS LIKE FUCKING FOR VIRGINITY.&lt;br /&gt;Entre helicóptero y helicóptero oí voces a mi derecha. Tuve otra vez esa sensación de pereza irascible, de misantropía, agravada por una repentina luz de alarma que parecía anunciar una posible sobredosis de personajes y sucesos. Tal vez exagero otra vez, me dije, sólo se trata de una de las mil formas de mi malhumor. Aunque si bien es cierto que siempre me despierto así en este caso me pareció que sucedían ya infinidad de cosas, en todo caso suficientes y que los balcones en ese edificio o en este país estaban demasiado cerca. Igual me puse a espiar, pero con pesimismo, con mala onda. De reojo: era un pibe muy rubio, como de diez años. No quise mirar de frente porque los dos balcones no solo estaban demasiado cerca sino que, debido al extraño ángulo que formaban las paredes, casi enfrentados. Traté de observar sin ser advertido. Pensé en pájaros transparentes, en mosquitos de titanio de la Nasa, en la posibilidad de participar como observador neutral e invisible sin interrumpir un microcosmos. De reojo: la baranda del balcón vecino estaba repleta de plantas de manera que sólo podía ver la cabeza del pibe, hasta el borde de los hombros. Remerita a rayas rojas y blancas, o tal vez azules y blancas, no me acuerdo bien, o al contrario, tal vez me acuerdo mal: pensándolo bien no estoy seguro, no estoy seguro que el chico vistiera una remera así, la típica remerita que yo mismo vestí durante toda mi infancia.&lt;br /&gt;Había dos voces en la conversación. Una impostada, como de niño haciendo de hombre. La otra, finita, muy suave y en sordina, como de niño haciendo de duende. La voz de un Elfo hablando desde la oquedad de un tronco.&lt;br /&gt;Suceden demasiadas cosas a la vez, me dije. De reojo: el pibe tenía un títere en la mano izquierda –la única visible por el momento–: entendí que se trataba del personaje de voz gruesa. La sincronización con los movimientos de cabeza y manos era perfecta. La boca apenas se movía. No podía ver el otro personaje pero su timbre susurrante daba ganas de imaginarlo.&lt;br /&gt;Lo que decían esas voces apenas si tenía sentido. Es decir, lo que decían no era más que una trivialidad de superficie que ocultaba otra cosa, una clave secreta, un sobrentendido para iniciados o algo así. Se sospechaba un código, una lógica implícita, y a la vez se comprendía su naturaleza inaccesible, impenetrable por lo frondoso, como la baranda del balcón.&lt;br /&gt;La acción de aquel acto era sencilla: un Ogro afónico retaba a un pequeño héroe inmaterial, a un Gaspar de la Noche capturado en un tronco, con amenazas delirantes pero inapelables y de alcance eterno.&lt;br /&gt;Pensé en mis propios monólogos de la infancia. Acaso verifiqué, una vez más, que ese soliloquio polifónico, ese solitario colectivo, pasados los siglos, sobrevive, jamás se va del todo. En esto me distraje y fui descubierto.&lt;br /&gt;Mirando para otro lado me puse a jugar con el mate como si tratara de revivirlo, operación que consiste en mover la bombilla en una y otra dirección hasta comprobar que ese “joystick” no opera sobre la realidad, sólo mueve la yerba, es decir, me hice el boludo, me hice el boludo hasta la exageración, demostré un interés de ornitólogo por el paso de los helicópteros.&lt;br /&gt;Un par de minutos después volví a espiar, impacientado por tanto silencio. La imagen del balcón vecino sucedía a otro ritmo, como en cámara lenta: el pibe iba soltando el títere del Ogro con voluptuosa lentitud, desde el borde de la baranda, dejándolo deslizar por su muñeca, como si estuviera por arrojarlo a un gran abismo. Por fin lo dejó caer, acompañando el homicidio con un gritito leve (en fade-aut) terminado en un ¡ay! Luego, con voz de chico normal, dijo: “Hay gente en la casa vacía” y se fue para adentro. Otra voz, bastante parecida a la del Elfo, le pidió que se vistiera, que el padre vendría a buscarlo en cualquier momento.&lt;br /&gt;De reojo la vi aparecer entre las plantas e incorporarse desde el abismo de su solarium: una mujer menuda, una adolescente apenas envejecida, atándose en la nuca las tiras de un corpiñito rojo, un Gaspar de senos pequeños en un teatro de Guiñol verde. No era mucho más alta que el niño. Se le parecía: los mismos ojos grises, acaso un poco más rasgados. En el grueso rodete se intuía una lánguida masa de cabello negro, amenazante e interminable, prometiendo las profundidades del mar o la noche. Demasiadas cosas a la vez, dije (se me escapó) en castellano.&lt;br /&gt;¿Wie, Bitte? Reaccioné en alemán. Vino un Perdón y luego el Hola, el Qué tal, lo típico, lindo día, por fin, ya era hora un poco de sol... esas cosas. Bienvenido al Dach! Tal parece que somos vecinos. Mi nombre es Bea.&lt;br /&gt;¿Wie, Bitte? B-E-A, viene de Beate, un nombre horrible.&lt;br /&gt;Ahora esa voz aniñada o aduendeada hablaba muy rápido, en ese Berlinés que suena siempre medio Plat, medio proletario.&lt;br /&gt;Pasó más de una hora entre un balcón y otro. Más tarde desayunamos juntos en el verde frondoso de Bea. El cadáver del Ogro yacía todavía en el piso. En el cielo cantaban infatigables helicópteros.&lt;br /&gt;Mientras tanto, no muy lejos de allí, la policía desmantelaba la combi roja de «La Diáspora del Tango». La habían dejado cerca del Check Point Charlie, enfrente de la casa de la novia de Félix, donde gran parte de la orquesta pasaba la noche en vísperas de la nueva gira. Nunca se supo bien cómo fué la cosa: la yuta de la Krimminalpolizei tampoco pareció entender mucho. Al parecer, un grupo especial, algo así como una Swat-Anti-Atentados, buscaba por la zona, cercana a los lugares que visitaba el emperador, un presunto coche bomba y los bultos de los equipos y el contrabajo despertaron sospechas. No pasó nada. Estúpidas demoras y una paranoia digna del Imperio nos hicieron llegar bastante tarde a la prueba de sonido en Frankfurt.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116050775516394058?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116050775516394058/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116050775516394058&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116050775516394058'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116050775516394058'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/beate.html' title='BEATE'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116039233203921985</id><published>2006-10-09T13:05:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:47:58.983+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>ARGENTUM</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/argentum.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="259" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/argentum.0.jpg" width="262" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Los que dicen que los pueblos bonaerenses son todos iguales no han vivido en uno jamás. Los habrán sufrido sólo de paso o imaginado desde el suplemento Rural o la revista Chacra.&lt;br /&gt;Ni esta ni otra reflexión parecida se le cruza a Morán por la cabeza a lo largo de la tarde. Hay una gran fiesta en el pueblo y él, encargado ocasional del puesto de encurtidos y especias de su familia, parece agobiado, como fuera de foco. El pegajoso humo del puesto de fritangas de al lado lo rodea y enmarca como un aura. Desde la plaza llegan los acordes de un tango. El tiempo pareciera detenerse en esta visión. Podríamos quedarnos contemplando el mercado y la fiesta y a Morán en su nimbo de aceite sucio. O dar un rodeo y desnudar el magro perfil de la tramoya.&lt;br /&gt;Morán no parece enterarse de nada (ni mucho menos sentirse observado o leído). ¿Deberían llamarle la atención ciertas anomalías? El decorado por ejemplo: la imprecisión demasiado bien lograda de algunos detalles o el negligente perfeccionismo en el descuido de otros –el cielo medio verde, el cartón mal pintado de los plátanos–, las imperfecciones varias del ambiente, la temperatura inadecuada, el aire inverso, la iluminación claroscurista, como de opereta, o como de recuerdo ajeno.&lt;br /&gt;No. Morán no registra. En cambio, el conjunto de cosas que se agrupan ordenadamente en su retina, sofocado por el humo grasiento de las empanadas de la vecina, le recuerda algo muy arraigado en su mal iluminado mundo emocional.&lt;br /&gt;Pero por ahora ignoremos éste y otros misterios.&lt;br /&gt;La perspectiva de la calle, exageradamente costumbrista, que hacia el norte muere en el arroyo, que hacia el sur se pierde en el monte luego de pavonearse por la plaza, colecciona una serie de frívolos detalles incongruentes en los que sería delicioso demorarse pero que lamentablemente no vienen al caso.&lt;br /&gt;Dos niños recién salidos de la nada se le acercan. Podemos sugerir que lo han venido observando desde la baranda de la casa de enfrente o desde bambalinas. Ajados a pesar de su ternez, son el vivo reflejo de sí mismos, como dos monedas de cinco guitas. Si tuvieran veinte o treinta años más servirían de modelo para describir, físicamente al menos, al protagonista.&lt;br /&gt;Morán no parece interesarse en nada. Sentimos esa congoja culposa de saber que sabemos más que él, pero ¿sabemos más? A ver: mañana se va, pasado se toma el “Comte Rosso” (eso lo sabe él antes que nosotros). »Piensa en su madre«, decimos. No, para nada. Pero no, te digo que no. Sólo piensa en su hermana.&lt;br /&gt;Han estado conviviendo los últimos seis días en ese rancho de un solo cuarto los tres: Morán, la madre ciega, su hermanita de quince. Nunca se había sentido tan perturbado por una mujer. Pero… pará la mano: ¿Entonces, Laurita, es una mujer? »Pedazo de chambón, es tu hermana«, perece que le dijera en coro la feria toda. Por ejemplo esa vieja de anteojos y voz estruendosa que arrastra del brazo un anciano hemipléjico. No. Otra meada fuera del tarro. Le está preguntando que a cuánto el perejil deshidratado.&lt;br /&gt;Morán conoce a toda esa gente: un poco menos demacrada, esa gente, como acaso también ese duplicado de sí mismo niño, son moléculas de su infancia. A él, que no guarda detalles del pasado, de alguna parte del oscuro desván le caen dos nombres: Cholita… y Don Alfredo. En medio del vapor de aceite rancio pesa cien gramos de perejil seco.&lt;br /&gt;Ay querido, me olvidaba: dame también un ramo de Laurel. Sean eternos, bando el rocío en la flor del laurel, en la flor de Laura, el brotecito de Laurita.&lt;br /&gt;Envuelve. Cobra.&lt;br /&gt;¿Qué? ¿Cómo dice? Hay demasiado ruido, refrito, pachanga. Algarabía bonaerense.&lt;br /&gt;¿¡¡Que cómo está tu madre!!?&lt;br /&gt;Vuelve a hundirse en su nube.&lt;br /&gt;Hay rincones entrevistos de su cuerpo –tiranteces en la sisa de esos vestiditos infantiles que ya le vienen quedando chicos– que le minan el sueño y le intoxican la vigilia.&lt;br /&gt;Una calentura vergonzante lo abrasa si la pendeja se le acerca. Vergonzante, cree él, porque supone que su hermana lo nota, lo supone porque no puede creer que no se le note algo tan evidente como su ralo bigotito manubrio.&lt;br /&gt;Y supone bien. La única que parece no enterarse de nada es la madre que, además de la vista, parece haber perdido todo olfato. Hasta el cuzquito percibe el grito ahogado de las ansias, lo que incuban esas respiraciones apuradas. En cualquier pliegue del aire, hasta dos o tres metros alrededor del rancho, el aroma a primicias al dente va y viene, flota en los gestos quietos, se cose en los cuencos de la piel, los poros anhelantes; y ese ajetreo de coleóptero de los párpados tratando de velar en los ojos una lubricidad tortuosa que para qué te cuento. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116039233203921985?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116039233203921985/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116039233203921985&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116039233203921985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116039233203921985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/argentum.html' title='ARGENTUM'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116031541245305056</id><published>2006-10-08T15:42:00.000+02:00</published><updated>2007-05-04T20:47:58.983+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><title type='text'>ABFAHRT</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/orsay.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" height="218" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/orsay.0.jpg" width="280" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Cuando el telón se abre no hay, por el momento, nada. Al menos nada claro. Lo primero que se comprueba es que, a contramano de lo que nos dijeron siempre, empezar es lo difícil. Es un invento sin precedentes. Algo que, en todo caso, está por verse.&lt;br /&gt;Parado acá, no se ve nada tampoco para atrás, y da vértigo. Desde la noche absoluta amanecen formas por el momento poco reconocibles. Otras que al ser reconocidas se autoinmolan.&lt;br /&gt;Sería maravilloso que una historia fuera un tren que pasa, que viene de alguna parte y al que nos subimos en determinada estación. Si así fuese, solo nos quedaría saber, o elegir –saber elegir–, en que estación empezar a espiar. Después es solo subirse y rodar.&lt;br /&gt;Lo más probable es que el vientre de la historia, seducido por antiguos berretines criollos, elija un rincón y una época acorde a sus caprichos para dar a luz. El lugar y la hora más fotogénicos. La estación más elegante y mejor concurrida del imaginario popular a finales de los ´20.&lt;br /&gt;Amanece. A vuelo de cigüeña todo parecería indicar que es París. No es muy original pero es porteñamente verosímil. De alguna manera todo empieza en Paris.&lt;br /&gt;Sería una excelente apertura de telón.&lt;br /&gt;Pero antes de idealizar la perspectiva sopesemos los pro y los contra. Nuestro completo desconocimiento del francés complica las cosas, afea el paisaje, convirtiendo ese desconocido amasijo de techumbres mohosas oscuro-rojizas en algo bastante fulero.&lt;br /&gt;¿Es esto «La Luz»? Cómo saberlo. Quienquiera que sea esta ciudad, nos abruma con su populosa deformidad a lo Fritz Lang.&lt;br /&gt;No hay a la vista rostros conocidos. Suena una orquesta: una suerte de Típica Tibetana. La torpeza coreográfica de los innumerables paseantes torna imposible el fluir neutral de los acontecimientos.&lt;br /&gt;Sin prólogo, sin anestesia, sin comerla ni beberla, pareciera arreciar la obertura. El efecto del crecendo de las voces hace pensar en el acercamiento paulatino de una horda intergaláctica o al menos tártara... &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;»...avant tout fut cette mer&lt;br /&gt;et dans cette mer&lt;br /&gt;l’avant était déjà mélodie:&lt;br /&gt;solo de feu à se refroidir&lt;br /&gt;au milieu de la brume&lt;br /&gt;était un murmure&lt;br /&gt;qui déjà désirait un corps comme le tien&lt;br /&gt;et à ne pas te trouver dans la mousse&lt;br /&gt;se transforma en poésie«&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(«...antes que nada fue ese mar / y en ese mar / el antes ya era melodía: / solo de fuego que al enfriarse / en medio de la bruma / era un murmullo / que ya anhelaba un cuerpo como el tuyo / y al no encontrarte entre la espuma / se convirtió en poesía»)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De dónde salen esas voces...? Voces como de eunucos, de monstruosos bebotes gordinflones.&lt;br /&gt;Aparte de las malolientes sospechas semánticas que despierta toda rima, acá hay algo que no cuaja: ¿Saint Lazare, Gard du Nord?&lt;br /&gt;Voila, para variar estamos en orsai. La Estación de Orsay llena de mandarines chinos y maniquíes rubios de una época que no es –que en todo caso no es la nuestra, la deseada–, girando como sufis en trance mientras un coro de contratenores –recién ahora se aprecian sus rostros lampiños enmarcados por las ventanillas de los trenes apostados en la estación– insiste con su rimosa bulla... Canta, taladra, ladra, espanta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;»...avant tout fut une voix&lt;br /&gt;ou plusieurs -Dieu le sait-&lt;br /&gt;comme un Big-Bang sifflé&lt;br /&gt;par des bouches unicellulaires&lt;br /&gt;soupirant ton essence&lt;br /&gt;encore sans nom&lt;br /&gt;car la chanson est antérieure à l’homme&lt;br /&gt;mais ton absence soudaine&lt;br /&gt;était déjà dans le crée« &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(«...antes que nada fue una voz / o varias –sabe Dios– / como un Big-Bang silbado / por bocas unicelulares / suspirando tu esencia / aún sin nombre / pues la canción es anterior al hombre&lt;br /&gt;pero tu repentina ausencia / ya estaba en lo creado» )&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Con los últimos acordes el decorado gira y se aleja rápidamente hasta dejar al desnudo aquella perspectiva aérea de techos que nos mostró al comienzo.&lt;br /&gt;¡Hasta las lascivas formas de las nubes se extiende el jolgorio!&lt;br /&gt;Qué descaro. Qué abiertas madrugadas. Pura pornografía celeste. En fin, una vergüenza.&lt;br /&gt;Mal comienzo. Nuestra mirada plúmbea sobre el paisaje devora y olvida. Inútil observar, preguntarse. Tarde o temprano nos vamos a hartar de esperar ver aparecer al protagonista. Tal parece que en el querido, ignorado e inexistente París nuestro héroe no existe. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116031541245305056?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116031541245305056/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116031541245305056&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116031541245305056'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116031541245305056'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/abfahrt.html' title='ABFAHRT'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-116031411106419909</id><published>2006-10-08T14:53:00.000+02:00</published><updated>2007-10-30T21:08:44.614+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Morán'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='heiko'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='gato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tano'/><title type='text'>AB</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/nadadora.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/1600/nadador.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 282px; CURSOR: hand; HEIGHT: 204px" height="209" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/7769/2130/320/nadador.0.jpg" width="298" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Se me ocurre que podría juntar algunas notas de este cuaderno y escribirte aunque mas no sea un monstruo, una carta de miembros de desguace, un Frankestein disperso y rengo pero, al fin, epistolar.&lt;br /&gt;La de veces que me senté, que ya ni siquiera me siento, a no escribirte porque no sale nada. No, no te atajes, si no es con vos. Lo mismo me pasa con todo, con el Todo. Se me queda atorado. ¿Cometí quizás el error de releerlo? ¡Señor, ya he sido perdonado, fue hace tantos años! ¿Me subí al colectivo equivocado? ¿La línea Coelho-Bacay para emigrantes no emergentes? No lo sé. Y así como vengo corro el riesgo de no saberlo nunca.&lt;br /&gt;Ando como maleta e´loco, sin saber cómo voy de una canción a su letra, de la parrilla de una ópera anotada en una servilleta a una partitura de museo, del temblor de una mano al temblor de la otra.&lt;br /&gt;La ciudad se lo traga todo. La familia, los cactus, el bonsái, las hormigas. ¿Ha llegado la hora de admitir: Tachame la Doble? ¿Esa otra ciudad, en la orilla barrosa del estuario, no existe? La página eléctrica de Clarín que visito cada día es la más ambiciosa obra de ficción, ¡un blog impulsado por un grupo genial de unibombers a sueldo de los muertos queridos!&lt;br /&gt;¿Se puede seguir así? Puedo seguir así hasta el borde del jonca. También puedo sentarme con las piernas abiertas –una en las menos díez la otra y cuarto– la pava en el medio –en punto– y contar cualquier cosa, pero desde el principio. Generalmente no se pasa del Génesis. Los detalles son demasiados. Uno se pierde en ellos. No sólo porque son inevitables (difícil discernir cual sí cual no), es que no hay ni queda otra que contar detalles.&lt;br /&gt;Oigo la voz de Clara desde la Alex, desde una tarima improvisada sobre un remolque. Durante todo este tiempo, ponele estos últimos siglos (ella diría milenios), nos hemos preparado, mal que mal, para cargar con el peso del mundo. A eso voy: creo que ha llegado el momento de hacerlo coordinadamente, todos a la vez, todo el peso del mundo a la vez –incluidas las baldosas de esta plaza, incluidas las lápidas, incluidas las ruinas del cielo– hasta conseguir liberar las almas. Hasta permitirle a las almas remontar vuelo.&lt;br /&gt;Estábamos cambiándonos para salir a tocar. El bardo de siempre, los violines afinando, Floh criticando el programa, Karsten limpiándose los timbos, el Pelado repasando alguna variación en el fueye. Yo estaba ahí pero tenía mis dudas. Me acuerdo que pasaba los dedos por la botonera de la jaula infinitamente mientras el Gato se acicalaba. Ojo, no como siempre, sino como si hiciera un pésimo remedo de sí mismo. Terminó de calzarse el saco, me miró como si yo fuera el espejo, como acomodándole los rulos a la estatua, haciendo pinta, ni que estuviera solo, comentando como para sí, qué talco la pintusa, convirtiendo ese temblor que le da siempre antes de salir a ladrar en algo completamente exagerado, verborrágico, mezclando ejercicios vocales y erutos continuados en Om, con frases más o menos acordes a las boludeces que se dicen antes encarar el escenario, qué te digo, bastante más alterado que ese personaje moderadamente insoportable al que nos tiene acostumbrados. Para mí que se la veía venir. Los Gatos son así. En fin, estábamos en esa, como te digo, y no va el Chino Morán y entra por la puerta.&lt;br /&gt;Yo ya venía con ese problemita de corazón que me tenía a mal traer. Un asunto sin importancia, según el tordo, pero viste como es, te vas acercando a los sesenta y cualquier garúa es diluvio. La cosa es que el bobo se me paró ahí nomás, en seco, como si nadie le hubiera dado más cuerda, no se si me explico, se me frenó en el pecho, de golpe y sin dolor, como si nunca más le fueran a dar la puta cuerda.&lt;br /&gt;Afuera se armó un quilombo padre, fue amontonándose el escándalo, eso sí, a la alemana, lentamente. La mitad de los muchachos gritaba y el resto callaba –las cabezas clavadas sobre el pecho, la mirada a media asta– como si gritaran para adentro. Me dio no se qué, oírlos más que verlos, me dolía sobretodo cuando me hablaban a dos centímetros, a los gritos, ese aliento medio agrio que da el miedo, y yo como muerto, sin poder mover, qué te digo, ni un átomo.&lt;br /&gt;Estuvieron a punto de suspender. El Chino observaba muy serio desde un rincón. Parecía asustado o con culpa. Una hora más tarde salieron sin mí. Esa noche, mientras los muchachos trataban de salvar la milonga, mientras charlábamos con el Chino de bueyes perdidos, me di cuenta de que algo no cerraba, que algo no podía ser. El Chino Morán está muerto desde hace, no sé, como mínimo, cincuenta años.&lt;br /&gt;Me acuerdo que me temblaban las manos. Eso lo sé del escolaso. Antes y después de arrojar la suerte siempre tiemblan las manos. Sólo que al agitar los dados no se nota. El temblor general, la agitación de todo el cuerpo, vale decir, del universo todo, hace imperceptible hasta el parkinson. Igual sabemos que las manos tiemblan por debajo del temblor general de todo. Al menos en ese temblor, el de las manos, no hay misterio ni motivo de alarma: es el rastro de los hectolitros de alcohol y las toneladas de tabaco sostenidos entre los dedos como quien sostiene una molienda infinita de sonidos y silencios. Somos cortos de tiempo y por eso la quemazón, la fragua de cigarros y el consumo incesante de subproductos del Leteo. Como en la frase proverbial del borracho: «bebo para olvidar», podría decirse que se olvida para contar. El olvido es el único que cuenta, el único provisto de la sanata necesaria, de la labia precisa para chusmear los avatares del transcurso entre estar y morirse. Así que si mi Sainete refiere, por caso, detalles de aquella manifestación anarquista de 1931 de la Alexanderplatz donde el Chino Morán vivó las palabras de Clara Schulz, no es una manipulación de las cuerdas de la historia sino un arpegio (desde donde miro no se ve la plaza pero sí la torre-cohete que la mantiene clavada, entre el cielo y la tierra, al lugar que le han asignado); si mi Sainete afirma que estuvo en la plaza el día que mataron a Morán, atenti, no son macanas. Y si son, es gracias al borbotón que impulsa a ese chamuyo que se abre la boca. No importa si estábamos lejos o no habíamos nacido todavía. Sólo tamizado por la ausencia puede comunicarse un hecho con pelos y señales.&lt;br /&gt;Somos el coro de una nave ya destrozada en tempestades. No se sabe si es mar o es roca o continente lo que golpea, pero lo hace al mismo tiempo en la memoria del futuro y en el secreto muerto, en la prehistoria. Por eso tiemblan las manos al terminar una canción –aún cantada a solas- o al empezar un parlamento –aún pronunciado en la penumbra de un sueño.&lt;br /&gt;No puedo ayudarte con tu pedido. El único retrato de Clara que vi estaba en el billete de cien marcos. La relación es incomparable por especular. Incluso el repliegue niña prodigio de su boca y hasta el olor a nardo del vestido le queda bien a la mía, a nuestra Clara. Tendrías que verla como yo la vi, parada en el hall central de la estación Zoo, con las ancas inquietas de quien no ha sido hecha para esperar.&lt;br /&gt;Heiko no tiene nada que ver con la orquesta. Es un amigo. Es el único amigo alemán que tengo. Habla bastante bien español. Una mezcla de porteño con giros castizos contraídos en algún curso de verano de Salamanca. Es un gran tipo. Una suerte de gigante entrado en carnes. Hago girar despacio el cilindro -mejora el encuadre (hay que cambiar la lamparita, ya sé, por ahora lo que cambia es la diapo)- detrás de las manchas y los lamparones, al resto hay que imaginarlo. Fijate, da la impresión de estar compuesto de dos mitades el armatoste. Más o menos a la altura de la busarda está el encastre. Para colmo, como tiene el vicio de usar tiradores, esa impresión se refuerza, los tiradores parecen ser los cables del puente responsables de sostener unidos los dos hemisferios.&lt;br /&gt;Te equivocás. El hecho de que el anticuario se llame Murr no lo hace a Heiko un hijo de Hoffmann. El nombre lo heredó de su antiguo dueño. Acá se lo ve mejor, bajo la sombra inútil de un toldo –cada día es gris por etimología– sorbiendo lentamente su vinito blanco, sentado a la puerta del Murr con un libro en una mano y un lapicito de punta recién afilada en la otra. Podrías apostar a que lee. Si le preguntás seguro que te dice que no, que escribe. Sólo en estado permanente de escritura, suele decir, sucede... Y la verdad es que, al menos de vez en cuando, es cierto, escribe. Traza con velocísima grafía en los márgenes del libro de turno, aplicando el ramillete de dedos gruesos sobre el lapicito de cinco centímetros, un garabato ininteligible y mínimo. Miope como es, nadie le cree que sea cierto, que ese electroencefalograma de ameba no sea más que eso, un tester del ocio. Pero si le pedís, con una voz que parece más bien salir del libro y no de su boca, te lee. Agarre el libro que agarre –gordo traficante de anticuarios–, no te gastés pidiéndole otra cosa, con ese acento de contrabandista, lo que te va a leer es siempre lo mismo. No protestes, te ladra, la voz siempre viniendo de otra parte, en sincro exacta con su propia boca, un eructo al ras de las piedras de la vereda, su voz de bajo te llega ahora desde algún bulto a la izquierda, cerca de las cajas de saldos (el Gordo locuta desde donde se le da la gana, es un ventrílocuo de novela): A cada lector le es dado escribir mientras lee, te lee. Sí. Esto también creo ya habértelo contado. No te quejes. Es igual. Igual me atajo para la próxima: preferiría que no me corrigieras los errores de sintaxis y ortografía. Lo que tratás de enseñarme yo ya no lo aprendí. Por lo demás, no comparto en general tu visión de la cosa. Es cierto lo que decís de los espectros, no somos sino espectros, pero el mío le huye a toda interpretación y sobretodo a las interpretaciones bienintencionadas de los amigos.&lt;br /&gt;No te alarmes. Estoy bien así. El problema es, como siempre, afuera.&lt;br /&gt;Amparo está mucho mejor. Igual no creo que sea una buena idea que vengas para navidad. El único contacto que soporto es la bombilla del mate. Además no sé si vamos a estar. La Vasca intenta por centésima vez llevarme a Bilbao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-116031411106419909?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/116031411106419909/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=116031411106419909&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116031411106419909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/116031411106419909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/10/ab.html' title='AB'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21091897.post-113749858509206045</id><published>2006-01-17T12:43:00.000+01:00</published><updated>2006-10-16T10:59:09.786+02:00</updated><title type='text'>A</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:100%;"&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;»Escribir antes o después que sucedan las cosas es lo mismo: inventar es más fácil que recordar« &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Silvina Ocampo&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;         &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;               &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;«Nosotros hacemos algo así como el turismo de la duda» &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Leopoldo Marechal&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21091897-113749858509206045?l=sainetetedesco.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/feeds/113749858509206045/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21091897&amp;postID=113749858509206045&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/113749858509206045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21091897/posts/default/113749858509206045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sainetetedesco.blogspot.com/2006/01/blog-post.html' title='A'/><author><name>Sergio Gobi</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
